Un total de 56 de las 518 internas del Establecimiento Penitenciario Integral de Mujeres, ubicado en el municipio de Tipitapa, han visto cómo las limitaciones de estar privadas de libertad también les han abierto nuevas oportunidades.

Con edades comprendidas entre los 24 a 60 años de edad, estas internas que por diversas razones cometieron delitos, ahora han aprendido varios oficios en el penal, gracias al proceso reeducativo que lleva a cabo el Sistema Penitenciario.

Las internas laboran en tres bloques, unas con sus manos confeccionan todo tipo de bisuterías, bolsos, muñecas, pequeños recipientes para guardar joyas, adornos, entre otros.

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En el sector de producción se encuentran las internas que elaboran artesanalmente piñatas de todo tamaño que son vendidas a cualquier persona que llegue buscarlas al centro penal.

Además, todos los productos que confeccionan también los consumen sus familiares cuando las visitan. Una piñata de un tamaño mediano tiene un costo de 40 córdobas.

El proceso de venta lo llevan a cabo compañeras oficiales del Sistema Penitenciario, las que extienden la debida factura del producto adquirido.

Al fondo del salón están ubicadas las internas que han aprendido costura. Durante una visita a ese centro penal –que está por cumplir 3 años de construido- encontramos a seis internas de edades diversas que estaban confeccionando los uniformes para todos los internos del Sistema Penitenciario.

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Estas elaboran con máquinas industriales 8 mil uniformes color azul oscuro (pantalón y camisa) para todos los internos del Sistema Penitenciario Nacional. Están divididas en equipos de trabajo, unas van cortando las piezas de telas y otras van armando cada prenda.

La jefa de producción de la institución penal, Primer Alguacil Nery Raudez, explicó detalles de los programas reeducativos que impulsa el penal entre ellos que las internas aprendan el oficio de la panadería, bisutería, manualidad, costura.

Dijo que lo aprendido en las instalaciones penales le ayudará mucho a las internas cuando cumplan sus penas y salgan nuevamente reintegradas a la sociedad civil, pues ya van preparadas en varios oficios.

Asi ellas podrán poner sus propios negocios, siendo mujeres independientes y sin cometer los errores que las llevaron a guardar prisión.

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Dijo que muchas mujeres se han superado educativamente y hay casos de internas que han cursados estudios universitarios con apoyo de algunos centros de educación superior que han llevado el aprendizaje al establecimiento penitenciario.

Dijo que la incorporación de las internas a esas labores productivas están en dependencia del tipo de condenas que les han aplicado los judiciales.

Maritza López Sequeira, de Matagalpa quien lleva siete años en prisión debido a un delito por droga y que labora en la sección de panadería, dijo que cuando llegó a ese lugar no sabía ni leer ni escribir.

En el año que acaba de finalizar se llevó a cabo la promoción donde salió del V año de bachillerato y afirmó que continuará estudiando en la universidad.

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Dijo que todo eso fue por ayuda del Señor, así como del Presidente Comandante Daniel Ortega y las autoridades del Sistema Penitenciario “para que nosotros salgamos como unas mujeres de bien para ayudarle a nuestros hijos”.

“Me siento muy agradecida con el Presidente y la Primera Dama que nos han ayudado mucho”, reiteró doña Maritza.

Es mi mayor deseo salir de aquí para ayudarles a mis hijos para que salgan adelante. A veces cometemos errores son golpes de la vida, pero nunca es tarde para arrepentirse y sacar a la familia adelante”, señaló la interna.

Maritza en lo que lleva en el establecimiento penitenciario han aprendido a confeccionar piñatas, mochilas, lácteos, corte y confección, panadería y repostería.

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A medio año de salir de prisión

Mildred Velásquez, de Managua, quien se encontraba elaborando piñatas y con seis meses para concluir su sentencia, dijo: “Me siento bien porque he aprendido panadería, elaborar piñatas y bisuterías. Hay diversos cursos que nos garantiza el gobierno para aprender un oficio y tratar de reinsertarnos a la sociedad”.

Aseguró que ella y sus compañeras han aprendido diversos oficios.  “Nos sirve como una terapia, porque trabajamos todos los días y en la tarde regresamos a los dormitorios prácticamente solo a ver novelas en la televisión y después a dormir”.

Precisó que todo lo que ha aprendido en tres años se lo va a enseñar a sus hijos una vez que termine su condena.

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