El subteniente Jaime y el sargento Napoleón llegaron a la estación de Las Colinas con un ligero aire de tristeza. La misión que cumplieron una tarde, fue la de realizar las gestiones para repatriar el cuerpo de un compañero que falleció en el extranjero.

El carro de bomberos color amarillo en el que completaron la diligencia, estaba adornado con una manta negra al frente, y al bajar de el, mostraron la corona de flores que compraron en el mercado Roberto Huembes para demostrar respetos a su colega y los familiares del compañero fallecido.

Quizá por ese motivo recordaron con mayor cariño cómo fue, y por qué decidieron vestir el uniforme azul con el que podrían a disposición su tiempo y sus vidas, para atender las emergencias de las familias nicaragüenses.

Jaime ha dedicado casi 13 de sus 28 años vida al servicio. Fue una profesión que aprendió de su padre y desde muy joven estuvo en contacto con el sonido de las sirenas y el ajetreo de las emergencias.

Era como vivir el sueño de otros niños que se veían atraídos por la caravana de vehículos heroicos que circulaban por la ciudad, cuando en la radio se daba la voz de alerta de un incendio.

Se me dio la oportunidad de poder salir a emergencias con la gente de las estaciones de bomberos, la Estación Central de los bomberos y ahí fue donde comenzó toda mi historia en la parte bomberil. Y realmente eso fue lo que me gustó y lo que me llamó la atención”, recuerda con la mirada perdida en el cielo y con la mente ocupada en encontrar las experiencias de su niñez.

Una gran familia de héroes

Jaime afirma que su pasión la quiso compartir durante este camino de 13 años, buscando siempre la manera de reclutar más miembros para su segunda familia, la Asociación Civil Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Nicaragua.

Hoy ya es un hombre casado y con hijos, pero que siempre siente muy de cerca el calor fraternal de la asociación, lo que junto a la unificación de los cuerpos de bomberos del país, les ha permitido también fortalecer la respuesta y crecer en número.

Ahora realmente nos vemos más en la calle porque ahora hay una articulación mayor de trabajo, incluso en los mismo cursos que participamos, ya no vas a ver solamente gente de la Dirección General de Bomberos, sino también de los Bomberos Unidos Sin Fronteras, del Benemérito Cuerpo de Bomberos, de la Asociación… entonces es bonito porque vamos cambiando experiencias, vamos aprendiendo cosas”, afirma.

Entre la familia, el trabajo y el servicio

Seguir su pasión como voluntario no es algo fácil. Principalmente por los riesgos que conlleva y los sacrificios que deben hacerse frente a la familia y frente al trabajo.

A Jaime le tocó dar cobertura al primer incendio del mercado Oriental del pasado miércoles.

Sin embargo, como muchos, no esperaba tener que hacerle frente a otro siniestro en el mismo mercado, pero siendo por la noche y con llamas más intensas que se esparcían sobre un sitio de más difícil acceso.

Yo estaba jugando softbol y nos llamaron y nos dijeron, miren muchachos, se está incendiando de nuevo el mercado. De casualidad estábamos dos de la Asociación y dos del Benemérito jugando softbol porque formamos un equipo, que inmediatamente dejamos lo que estábamos haciendo… como dicen, nos pasamos del traje de softbol, al traje de bomberos”, cuenta aún sorprendido.

¿Siente miedo un bombero?

En comparación al pasado, hoy en día cuentan con mejores medios y equipos para salir y hacerle frente a los siniestros y atenciones. Sin embargo, es la preparación y la técnica la que aporta las corazas psicológicas que les permiten combatir el peligro.

No obstante, ante el riesgo inminente, la primera acción es encomendarse a Dios para combatir y extinguir las situaciones lo más rápido posible.

En sus diez años de servicio, la situación más fuerte que llega a la mente del sargento Napoleón es cuando tuvo que asistir a su propio hermano, pues este había sido atropellado por un conductor ebrio al momento de también atender una emergencia.

En ese entonces (su hermano) estaba estudiando para Paramédico en Estados Unidos y él andaba por acá. Pasó el accidente y él se bajó a ayudar a la gente de la Cruz Roja que estaba atendiendolo. Eran como la 1:00 de la mañana y a esa hora él me llamó y me dijo: me atropellaron”, relata.

Tras el aviso, hizo valer su experiencia. Subió al medio de transporte con sirena que tenía a disposición y al llegar al lugar se encontró con la situación que le ha causado la mayor impresión de su carrera.

Cuando yo voy llegando al lugar miro al montón de personas tiradas en el suelo, miro un vehículo totalmente desbaratado, e igual, mi hermano con unos compañeros de la Cruz Roja en lo que es la parte de la cuneta, tirado y eso me impactó bastante. Primero por mi hermano que estaba en el accidente y dos, porque miré tantas personas en el suelo”, afirma.

El sargento comenta que fue gracias a su preparación que logró volver a la calma y atender la emergencia. “Claro, uno se impacta, pero sí, tenés que actuar rápido. Trabajar para poderle salvar la vida a esa persona”, apunta.

Basta un agradecimiento, pero también piden prudencia

Para los héroes sin capa, la satisfacción más grande es el agradecimiento de las familias. Concluir las tareas de atención o extinción de fuegos con palabras de gratitud o una bendición, es siempre el mayor pago.

Las familias hoy tienen mayor confianza en que al momento de presentarse las emergencias pueden contar con los bomberos casi de inmediato, a pesar de la gran logística y trabajo que esto representa.

Pero según Napoleón, es de vital importancia de que las personas tomen verdadera conciencia y responsabilidad sobre su seguridad y de la de quienes los rodean.

La población vive su vida en el momento. La población por lo general no está actuando a cómo deben hacerlo", dijo.

Igual en el caso de los accidentes de tránsito, "creo que la gente no está tomando en cuenta la responsabilidad que deben de tener al manejar. Muchos accidentes de tránsito con la gente tomada, matando personas, matándose ellos mismos”, afirma, recordando que no es grato para los bomberos tener que lidiar con emergencias en las que las personas pierdan sus bienes o sus vidas.

Es terrible ver en las calles como la gente muere, en los incendios como la gente pierde sus viviendas, sus trabajos. Lo ideal es que la gente actúe con prudencia y que nosotros estemos siempre aguardando en nuestras instalaciones, porque igual, nuestras vidas también corremos peligros cuando estamos en esos lugares”, manifestó Napoleón, mientras sus compañeros limpian y preparan los equipos que deben estar listos para hacer frente al próximo llamado.