La modernidad de los pesebres luminosos de hoy trastoca con la sencillez aldeana del pesebre donde nació Jesús El Salvador del mundo en aquella ciudad de Belén, enclavada en los montes de Judea en la región conocida como Cisjordania a 9 km de Jerusalén.

La escenografía del pesebre más moderno y costoso de hoy con todo su esplendor de luces, sonidos y guirnaldas, nuca podrá alcanzar la belleza inigualable e irrepetible de la escenografía que Dios mismo preparó en aquel pesebre santo de la Belén de Jesús. El incienso, oro y mirra, el canto de los ángeles mas una estrella fulgurante en el espacio hizo de aquel momento algo único y singular que nunca nadie ni con todo el oro del mundo podrá igualar. “De repente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: -¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad!” (Lucas 2: 13-14).

Hoy a mas de dos mil años de aquel momento que marcó la historia en un antes y un después, nos situamos en nuestra bella y linda Nicaragua, con todas nuestras limitaciones humanas, pero con un gran amor, para ofrecerle al Salvador del mundo una ofrenda , fruto de nuestro esfuerzo y trabajo, de nuestra creatividad, juntando las manos del campesino, la del artesano, la del pintor, las manos del electricista, la del albañil, la del conductor, junto con la manos del escenógrafo , con todas esas manos juntas levantamos un altar, un ´pesebre a lo largo y ancho de la Avenida Bolívar, en la que miles de nicaragüenses y ciudadanos del mundo recorren de extremo a extremo observando y disfrutando en familia todas y cada una de las expresiones artísticas que se representan en cada uno de los pesebres. Para algunos puede ser algo meramente cultural, para otros – que es la inmensa mayoría- una reafirmación de nuestra fe cristiana, en la se resalta de manera visible y tangible lo que solo por fe se puede aceptar: “LA PABRA SE HIZO CARNE, y habitó entre nosotros y vimos su GLORIA, gloria como la del unigénito del PADRE, lleno de gracia y de verdad” (San Juan 1: 14).

Guardando las diferencias por el tiempo, espacio y cultura, desde nuestra realidad presente, recorrer hoy la Avenida Bolívar es como dar un paso por Belén, recordar y revivir un hecho histórico que no puede quedar en el olvido, ni congelado en los archivos de las bibliotecas, sino que debe estar presente en cada generación, en cada familia, en cada corazón, porque independientemente de los colores, sonidos y diseños el mensaje central de cada pesebre es el mismo: JESUS NACIO en un pesebre; ( esto es bíblico) Jesús no nació en una mansión, o en la cama de una clínica o de un hospital, Jesús el Hijo de Dios, Rey de reyes, Señor de señores, nació en un pesebre rodeado de animales que descansaban en el establo ( el pesebre era parte de un establo o corral) su madre María no tuvo un medico, una enfermera o comadrona que la apoyara en su acto de dar a luz a su hijo Jesús, pero sí ella contó con el auxilio de ángeles ( que privilegio) que estaban en su alrededor recordándole el mensaje del Arcángel Gabriel “¡No temas, María! Porque has hallado gracia ante Dios.  He aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David.  Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin” (Lucas 1: 30-33).

Que en esta Navidad cuando visitemos la Avenida Bolívar o caminemos por nuestros valles, barrios o comarcas y miremos un pesebre no busquemos a Jesús en una de sus esquinas, sino que miremos hacia adentro y preguntémonos si nuestro corazón es un pesebre donde ha nacido Jesús. FELIZ NAVIDAD en familia, paz y fraternidad.

Rvdo. Miguel Ángel Casco Gonzalez
Presidente de la Coordinadora Evangélica y de la Comunidad de Fe.