Antes, cuando todavía se nesquizaba el maíz, se palmeaban las tortillas y se tendían con delicadeza en el comal de nuestro barro nacional; cuando los instrumentos de trabajo de nuestras señoras no eran la harina industrial, ni ninguna lata sobre estufas de hierro, ni mucho menos se moldeaba la masa entre plásticos circulares, octubre y noviembre se mostraban repletos y redondos de Nicaragua…

Entonces, ¿hoy hemos dejado de ser nosotros?

Las atracciones del festejo popular, en medio de los cortes de café, eran el Torovenado y los Agüizotes. Y, por supuesto, ese in crescendo de armonía vernácula de La Purísima. No se trataba únicamente de una expresión religiosa, sino de un emotivo fenómeno cultural colectivo.  

Estábamos libres del Halloween. Los espantos y los miedos no eran importados, aunque sus provocadores de la mar vinieron hace tantísimas lunas antiguas.

La historia nos provee de personajes y acontecimientos que, desde sus meandros, resurgen convertidos en misterios, mitos y aparecidos, como la Carreta Nagua (Náhuatl). Alegoría arraigada en el inconsciente colectivo –un remanente no del todo curado– es lo que nos quedó de las desdichadas poblaciones nahuas y chorotegas, llevadas a pie y encadenadas a la noche: mercancías vivientes, rumbo al Perú, en una larga y triste caravana de caballos y carretas, de blancos barbados y  magras provisiones. Todo por el oro. Hombres que jamás retornarían de esa travesía del fin; viudas que ya empezaban a serlo cuando les arrebataban a sus maridos; el llanto de los hijos que perdían para siempre a sus padres.

Ese sufrimiento corre en la sangre originaria de nuestras venas legendarias, como esta que me abrió, años ha, la notable artista, Irene López. Si no, pregúntese: ¿acaso podría salir un Frankenstein de nuestros trágicos siglos? ¡Qué Conde Drácula ni que nada!

La Carreta Nagua es la que va por esos senderos del alma con sus lamentos, el chirrido de sus ruedas, el clavijero de sus huesos… Y, sin embargo, es un grito pretérito y profundo, en vez del rencor y la venganza, del conflicto y la discordia ancestral, el que termina por conjurar el odio histórico y visceral para manifestar su sentido profético, reconciliador y universal: “¿Quién causa tanta alegría?”.

Es la puesta en escena, en la mismísima vida real, de aquellas palabras que el médico evangelista reproduce de María, madre de Jesús, el Único Mediador entre Dios y la humanidad: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios, mi salvador… he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas 1:46-48).

Y Nicaragua es parte de esas generaciones.

II

No hay que encerrarnos en nacionalismos inútiles. Rubén Darío y  Augusto César Sandino proclamaron que Nicaragua debe estar abierta a las ventajas de otras culturas y visiones, y particularmente de Estados Unidos de América.

“Más hay que advertir una cosa. Sin sus peligros y exageraciones, bien venga la influencia del alma norteamericana. Aprovéchese lo que debe seguirse, síganse los ejercicios de la energía. Mas no se pierda lo bueno conseguido y asimilado de otras civilizaciones” (Rubén Darío. La invasión de los barbaros del norte, 1901. Escritos Políticos, BCN,  2010, p 307).

Sandino expuso a Ramón de Belausteguigoitia: “De todas maneras no profesamos un nacionalismo excesivo. ¡Que vengan extranjeros, incluso americanos, desde luego!” (Con Sandino en Nicaragua, Biblioteca Popular Sandinista, noviembre 1981, p. 199).

Empero, no reconocemos a estas dos supremas inteligencias nacionales y americanas, cuando solo en estos dos meses se “asimiló” el Halloween como una “tradición” postiza, y ahora hasta el llamado “Black Friday”.

La pregunta es: ¿Por qué no mejor ser agradecidos con Dios? También en la Unión Americana, entre el Halloween pagano, 31 de octubre, y el Black Friday metálico, que este año correspondió al último viernes de noviembre, es celebrado el Día de Acción de Gracias que el memorable presidente, Abraham Lincoln, elevó a festividad nacional, y oficial, en 1863.

III

La Vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, congratuló a los Estados Unidos por su amada Fiesta.

“… queremos enviar un saludo muy especial a todas las familias norteamericanas que hoy (jueves 23) se congregan para dar Gracias a Dios... Dar Gracias a Dios por la Vida, y nosotros, nosotras, agregaríamos: Darle Gracias a Dios, y pedirle mucho por la Paz en el Mundo, desde los Estados Unidos, una de las Potencias más grandes, sino la Potencia más grande, en este Mundo de Hoy.

“Darle gracias a Dios para que nos dé fortaleza para vivir la paz, extender la paz, ser instrumento de la paz de Dios en el mundo y, sobre todo, con la gran responsabilidad que tienen los Estados Unidos de ser Instrumentos de Paz en el Mundo”.

“Así que, nos unimos a esta celebración bonita del pueblo y de las familias norteamericanas, que hoy se unen y se reúnen para dar Gracias a Dios por las Bendiciones que derrama en nuestras Vidas. Y en nuestro país, nosotros le damos gracias a Dios, desde la Fe, en Familia y en Comunidad, por todas las bendiciones que derrama sobre nuestro País: ¡La seguridad, la tranquilidad, la prosperidad!...”.

La intelectual sandinista, en nombre de Nicaragua, no dejó pasar esa fecha muy simbólica del pavo, tan superior en sentimientos al rito celta y al ritmo del centavo. Hay que ser agradecidos, y no imitar solamente lo profano.

Ah, y no sería ninguna copia la celebración de una Acción de Gracias nacional, como por ahí podrían criticar algunos. En las iglesias evangélicas se practica a lo largo del año.

El Dios al que expresan su gratitud los norteamericanos y los latinos que allá hoy viven, es el mismo Padre Nuestro. Se trata de no ser ingratos, y ser nacionales y universales a la vez.

Rubén ya nos dio la solución en este tema tan sensible, para no reducir jamás a Nicaragua a una mundana tierra de malinchistas, por un lado, y de patrioteros, por el otro:

…¿existe o no existe un alma nacional? Los yanquis tienen esa alma; y son cosmopolitas. Son cosmopolitas para afuera. Hay que ser nacionalistas para adentro; y cosmopolitas para afuera… ¿Está claro?” (op. cit.)

Sí, Rubén, muy claro. Saludemos las buenas influencias, en consonancia con lo que el pensamiento del Liróforo y el Héroe, arquetipos de la identidad nicaragüense, nos inspira, como inspiró a Rosario las palabras dedicadas a los Estados Unidos del Thanksgiving.

La propia ubicación geográfica de nuestro país ya es una evidente bendición del Señor YHVH, al colocarnos en sus coordenadas celestes. Y debemos agradecerle:

Nicaragua, donde se saludan las Américas.