El Viejo es diseñado manualmente, y el mismo lleva de vestimenta camisas y pantalones, overoles, boinas, lentes, zapatos o botas, o según el gusto de cada familia. Hay incluso quienes le ponen de atavíos algún cigarrito, una cerveza o una botella de ron”, explica Román Almendrares, quien desde hace 8 años cumple con esta tradición.    

Para Nidia Pastora, quemar el Viejo, además de decirle adiós al 2012, también representa una forma de ganarse la vida, pues todos los fines de año fabrica Viejos por encargo.

“Los viejitos se elaboran todos los años, y nosotros todos los años vendemos muchos. La gente quema a estos viejos para quemar todo lo malo que ha sucedido durante el año; y esperar un nuevo año con más éxito. Estos viejos cuestan 350 córdobas”, indicó.

Alberto José Leiva, quien habita en el Anexo del Barrio José Cisneros, explicó que quemar al Viejo es una tradición importante que además anuncia buenos propósitos para el año venidero.

“Esta es una tradición que nosotros la hemos seguido por unos 11 años, cada 30 de diciembre desde la noche lo comenzamos a armar, y ya por la mañana del 31 lo sacamos a la calle y lo sentamos en una silla, esperamos que pase todo este día hasta que lleguen las 12 de la noche, para quemarlo”

“Lo importante es que lo quemamos en un acto familiar, todos lo cargamos de bombas, de carga cerrada, arbolitos; y este simboliza la despedida de un año, para recibir otro con mucha esperanza, pero sobre todo recibir en unidad familiar los tiempos venideros”, manifestó.

El Viejo vestido de overol, corbata y un pantalón de lino gastado, a la antigua, ahora se despide, no porque haya sido malo, sino porque está augurando un año de más bendiciones, concluyó Rosa María Aguirre, habitante de la Pista El Recreo, en Managua.