Doña Maritza Marín, o Maritza Brenes, como es mejor conocida en su barrio, es la única en Potosí, Rivas, que aún conserva viva la llama de la elaboración de la cajeta, el pan de rosa y otros dulces tradicionales.

Los dulces que a diario cocina en la casa que construyó a base de esta tradición cajetera, se multiplican en la temporada que se aproxima por las purísimas y fiestas decembrinas.

Fue criada por unas “niñas viejas”, quienes se entregaron al amor, pero por la elaboración del elemento que aporta gran parte de la vistosidad y la magia de aquella Nicaragua tradicionalista en sus fiestas populares.

Marín se recuerda a los 8 años con la inquietud de participar en la preparación de los confites. Sobre un taburete meneaba — desde esa corta edad — con entusiasmo las porras en la que aún hecha masa, la cajeta tomaba forma antes de ser finalizada por sus tutoras.

Desde entonces descubrió su vocación por esta labor, que más adelante vería como la opción más viable para dar de comer y criar a sus hijos.

Con las cajetas yo llegué a preparar a mis hijos a como yo pude, se bachilleraron 3 y yo les dije a ellos que si querían una carrera, entonces me dijeron las mujeres que no porque ellas querían continuar la tradición”, comenta conteniendo las lágrimas que se producen por la emoción que le despierta recordar el duro camino que ha recorrido.

Maritza se siente contenta por haber logrado alcanzar todas las metas que se ha propuesto a través de su arduo trabajo.

Hoy, dice que al margen de generar ingresos, el cariño por su labor diaria, es lo que la motiva a seguir perpetuando la dulce tradición, siendo los días previos a la purísima cuando dedica día y noche a la faena.

En tiempos del primero al 7 (de diciembre) yo paso de viaje. Todo el mundo está dormido y yo estoy despierta, porque hay demasiados pedidos viejos, no son pedidos nuevos (…) antes yo lo hacía por el dinero porque tenía que darle de comer a mis hijos, porque tenían que ir a la escuela mis hijos, era duro”, afirma.

Marín explica que la demanda ha crecido gracias a la promoción y el respaldo del Gobierno Sandinista y con ello, el trabajo, por lo que agradece las muestras solidarias de todos los habitantes de su comunidad.

Yo le agradezco mucho al pueblo ¿Por qué? Porque yo siento que es un pueblo solidario, de amor… nos ayudan porque nos llaman. –Doña Mari, tengo 500 cocos, ¿se los llevo? —Doña Mari, tenemos 200 cocos, ¿Se los llevo? Y esa es una ayuda. Yo le agradezco mucho al pueblo", dijo.

Sus hijas manifiestan el gran amor y el orgullo de contar con un ejemplo de compromiso, al que admiran pero también siguen y apoyan de cerca.

Me siento muy feliz y orgullosa de ella, porque gracias a ella hemos aprendido todo lo que ella sabe y espero que siga siempre la tradición de las cajetas”, señala su hija Eneyda Báez Marín, quien espera también poder heredar a su hijo pequeño la tradición.

Asimismo, Meyling Báez, la menor de sus hijas, responsable de haber dado a conocer el quehacer de su familia en internet, confiesa la administración a su progenitora, por los más de 40 años que ha dedicado.

Sus antepasados la tuvieron también (la tradición) y posteriormente la vamos a tener nosotros Dios primero y nos sentimos orgullosos porque somos 5 hermanos que elaboramos lo que es el producto de la cajeta”, asegura.

Los paquetes armados con cajetas de coco, de papaya, requesón, huevo chimbo, cajeta de frijoles y de leche, se mezclan en una amalgama de color que son una muestra del amor dedicado a compartir con los nicaragüenses las vivencias de la infancia y la complicidad de un dulce momento.