La capital cubana fue escenario del acercamiento entre el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), organización insurgente que lidera Timoleón Jiménez.

Meses de discusiones concluyeron en agosto con la firma del Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, documento destinado a marcar el camino para el diálogo entre las partes.

El texto recoge seis puntos considerados indispensables de cara a cualquier esfuerzo para acabar la violencia y su saldo de miles de muertos y millones de desplazados en un país con avances económicos, pero golpeado por la desigualdad social.

La cuestión de la tierra -considerada origen y profundización de las hostilidades-, el problema del narcotráfico, la participación política, el fin de las acciones armadas y la atención a las víctimas integran el programa suscrito, el cual cuenta además con mecanismos de implementación, verificación y refrendación de los acuerdos que puedan alcanzarse.

Antes de sentarse en la mesa de conversaciones en su sede permanente, el Palacio de Convenciones de la capital cubana, el Gobierno y la guerrilla realizaron la activación de las pláticas en Oslo, Noruega, y un encuentro preparatorio en La Habana.

Previamente, fueron designados los integrantes de las delegaciones encargadas de adelantar el proceso, encabezadas por el exvicepresidente Humberto de la Calle, en el caso del equipo gubernamental, y el comandante Iván Márquez, por las FARC-EP.

Cuba y Noruega asumen el rol de garantes del proceso, mientras que Venezuela y Chile lo hacen como acompañantes.

INICIO Y DESAROLLO DE LAS PLÁTICAS

El 19 de noviembre quedó instalada la mesa de diálogo en el Palacio de Convenciones, donde decenas de periodistas cubanos y extranjeros fueron testigos del inicio formal de las pláticas, con la llegada de las delegaciones.

La cuestión de la tierra se convirtió en el punto central de unas discusiones durante las cuales los interlocutores expresaron su compromiso y voluntad de alcanzar una paz estable y duradera, objetivo que pasa por el esfuerzo para evitar errores que llevaron en el pasado al fracaso de intentos como los del Caguán (1998-2002).

Otro tema dominante en el primer mes de un acercamiento, que el 21 de diciembre hizo una alto hasta el 14 de enero de 2013, fue el de la participación ciudadana en el proceso.

Después de 21 jornadas y unas 100 horas de conversaciones, el Gobierno y las FARC-EP establecieron mecanismos para facilitar el aporte de los diferentes sectores de la sociedad colombiana en la búsqueda de la paz.

Entre los pasos dados en esa dirección estuvo la celebración en Bogotá -del 17 al 19 de diciembre- de un foro sobre desarrollo agrario integral, que con el apoyo de las Naciones Unidas y la Universidad Nacional generó criterios a tratar en el reinicio de las pláticas.

También fue activada una página web de la mesa, instrumento que ha recogido alrededor de tres mil propuestas, y se realizaron consultas a expertos y personas vinculadas al sector rural.

Según el tercer comunicado conjunto emitido por las delegaciones del Gobierno y las FARC-EP desde el comienzo formal de las discusiones, estas transcurrieron en la etapa concluida "en un ambiente de respeto y espíritu constructivo".

Además, se caracterizaron por el hermetismo y la discreción de las partes en torno a lo abordado en la mesa, aunque con un comportamiento diferente de cara a la cobertura mediática del proceso.

Día tras día, integrantes del equipo de la guerrilla -como Márquez, Jesús Santrich, Andrés París y Ricardo Téllez- aprovecharon la presencia de la prensa para realizar anuncios, declaraciones y denuncias.

Los pronunciamientos de mayor impacto de la insurgencia resultaron la decisión anunciada por Márquez, el propio 19 de noviembre, de adoptar como prueba de la voluntad de paz un cese unilateral en las operaciones ofensivas del las FARC-EP, y el reclamo reiterado de la incorporación a la mesa de Simón Trinidad.

Trinidad forma parte de la delegación guerrillera a las pláticas, aunque cumple 60 años de prisión en Estados Unidos, donde fue extraditado en 2004.

Para la insurgencia, el presidente norteamericano, Barack Obama, haría un "inmenso aporte a la paz de Colombia" con el "gesto de humanidad" de permitirle incorporarse a las conversaciones.

Otras intervenciones tuvieron que ver con la solicitud de repatriación de los restos de guerrilleros abatidos por el Ejército colombiano en territorio de Ecuador, y de la regularizar la guerra, ante la negativa del Gobierno de reconocerle a las FARC-EP el estatus de beligerante.

Por su parte, la representación gubernamental evitó contactos con los periodistas, y solo el jefe del equipo, de la Calle, emitió breves declaraciones para mencionar avances en la mesa, descartar "negociaciones sobre el sistema de desarrollo y el modelo democrático de Colombia" y destacar el papel de la participación ciudadana.

VALORACIONES DE LAS PARTES

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, opinó que las conversaciones "hasta ahora van bien (...) van avanzando en forma lenta pero van avanzando".

Santos dijo sentirse sorprendido por el apoyo nacional e internacional al proceso de paz.

Pocos después de concluir las pláticas el 21 de diciembre -antes del receso pactado hasta el 14 de enero- de la Calle estimó que se dieron pasos "dentro de lo previsto".

Por su parte, el comandante Márquez consideró durante una rueda de prensa ese mismo día que se produjeron discusiones importantes, y mostró su confianza en que 2014 sea un año de reconciliación nacional para su país.

Las partes expresaron de manera reiterada su interés en la participación de los colombianos en el proceso, así como su compromiso y esperanzas de responder al reclamo mayoritario de la sociedad de alcanzar la paz, pero también fijaron su postura sobre el acercamiento.

Mientras el Gobierno descartó "negociar el sistema de desarrollo y el modelo democrático de Colombia", las FARC-EP defendió la necesidad de una paz con justicia social para "erradicar las causas generadoras del conflicto, como la pobreza y la desigualdad social".

Otro punto de diferencias radicó en lo relacionado con el cese de las operaciones militares.

La guerrilla declaró un alto unilateral en sus acciones ofensivas hasta el 20 de enero, pero el gabinete de Santos rechazó ese escenario bajo el argumento de que no está previsto en el acuerdo firmado, a menos que se logre el fin del conflicto.

Repetida coincidencia mostraron el Gobierno y la guerrilla a la hora de agradecer a Cuba y Noruega por su rol de garantes en la mesa de diálogo.

A propósito de Cuba, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) reconoció su papel en la búsqueda de la paz en Colombia, labor que calificó de discreta, profesional y constructiva.

En declaraciones a Prensa Latina, la jefa de Operaciones del CICR para América, Patricia Danzi, señaló que la isla caribeña ha hecho un trabajo excelente como garante en la mesa de diálogo.

"Cuba como garante ha hecho un gran trabajo, excelente, discreto, preciso, profesional y constructivo. Trabajar con las autoridades cubanas en este proceso ha sido un placer para nosotros", afirmó la representante de la organización con sede en Ginebra.