“He participado en la limpieza de Nicaragua, de 1909 a 1912, por cuenta de la firma bancaria internacional de los hermanos Brown”. Smedley D. Butler, Mayor General USMC.

I

En el Capitolio, los hijos e hijas de George Washington, deberían aunar esfuerzos para fomentar unas excelentes relaciones entre la nación llamada Estados Unidos y la nación llamada Nicaragua.

Hoy, ajenos al pensamiento de los padres fundadores de la Unión Americana, distanciados ostensiblemente de la voluntad del pueblo norteamericano, algunos congresistas han fundido en un solo documento llamado Nica Act, las épocas de la Doctrina Monroe y su Colorario Roosevelt, del Big Stick y la Guerra Fría.

Quieren de nuevo extender el funesto expediente que ha impedido, paradójicamente, lo que ahora sin derecho alguno demandan: que Nicaragua constituyera un Estado Nacional y contara, en el siglo XX, con una democracia solvente.

Nadie en el mundo, ni desde un muchacho del noveno grado de High School hasta el más encumbrado académico de Harvard, puede pensar que de unas insalubres relaciones entre una potencia y un pequeño país –maltratado como mísero patio trasero– pueda salir algo medianamente bueno, menos redundar en un beneficio social, económico y democrático para la seudo república victimizada.

Ni el colegial ni el docto podrán decir que de la suma de esta nociva fórmula saldrá algo potable para Estados Unidos y Nicaragua: Filibusteros + invasores + guerras + injerencias + intervenciones + bloqueo económico + ocupaciones + vendepatrias + intromisiones directas de embajadores de EEUU en procesos electorales de 1990, 2001 y 2006 = Democracia.

“A través de las páginas fatales de la historia”, como decía Rubén Darío, es que se genera una sociedad herida, sin el desarrollo natural e institucional debido que un pueblo necesita. De esos largos, dolorosos y trágicos calendarios no puede nacer el Estado ideal. Ni siquiera otros pueblos sin esas montañas de acontecimientos traumáticos son la Canaán Bíblica de la Democracia.

En nuestro país la democracia está en proceso de construcción, porque no se trata simplemente de llenar una boleta y meterla en la urna. La OEA trabaja con el Estado el perfeccionamiento del sistema democrático e institucional.

II

Durante la Conferencia sobre Prosperidad y Seguridad en Centroamérica, celebrada en Miami, a mediados de junio pasado, el entonces Secretario de Seguridad Nacional, general John F. Kelly, expuso a Latinoamérica:

“Un punto esencial es que debemos ser aliados al mismo nivel, no una fuerza dominante, que lo sabe todo y les dice a los otros lo que tienen que hacer. Hemos de ser aliados iguales para resolver los problemas trabajando juntos”.

No debemos confundir una nación con una república bananera ni la historia de un país con una historieta de William Randolph Hearst. ¿Es de enorme provecho que Estados Unidos considere a Nicaragua un estado subalterno?

Ahora los proponentes de la Nica Act pueden abogar por su triste causa esgrimiendo lo que para ellos no está bien, pero en todos los anales de EEUU-Nicaragua siempre se fabricó una “razón”, un pretexto, una justificación.

Los hechos hablan y no se trata de ninguna retórica antiimperialista.

Sucedió en los tiempos de Franklin Pierce (1853-1857) para reconocer a William Walker como “President” de Nicaragua; sucedió con Theodore Roosevelt (1901-1909) y William H. Taft (1909-1913), para acabar con el gobierno del general José Santos Zelaya e imponer al empleado de una minera de Delaware, Adolfo Díaz.

El Mayor General USMC, Smedley D. Butler, ocupó Nicaragua al frente de 412 marinos, 2 mil 600 soldados y 125 oficiales. ¡8 buques de guerra desembarcaron en Corinto el 15 de agosto de 1909!
La defensa de la nación la asumió el joven doctor y general Benjamín Zeledón, quien ofrendó su vida el 4 de octubre de 1912.

Sucedió con Calvin Coolidge (1923-1929) y Herbert Hoover (1929-1933), a quienes tampoco les hacía gracia una república independiente en Nicaragua, por la cual luchó y murió el general Augusto César Sandino.

Sí, estas y otras son las páginas fatales de la historia nicaragüense, pero una cosa es leerlas desde la mega potencia de Estados Unidos y otra vivir el reverso de ese portentoso éxito económico, tecnológico, científico y militar: el calvario sufrido por Nicaragua que abarca el siglo XIX, el siglo XX y por si fuera poco, algunos congresistas quieren prolongar el Viacrucis al siglo XXI.

Siempre se recurrió a un “país malvado”: para la época de Zelaya era Japón o cualquier Estado europeo; para los tiempos de Sandino, el Mexico “bolchevique” de Plutarco Elías Calles. Ahora vuelven con el cuento de Rusia, país que mantiene en Latinoamérica y el Caribe embajadas de Guatemala a Jamaica, de Perú a Venezuela, de Costa Rica a Colombia, de Estados Unidos a Nicaragua…

III

Nicaragua en su primer Artículo de la Constitución confirma: “La independencia, la soberanía y la autodeterminación nacional, son derechos irrenunciables del pueblo y fundamentos de la nación nicaragüense. Toda injerencia extranjera en los asuntos internos de Nicaragua o cualquier intento de menoscabar esos derechos, atenta contra la vida del pueblo…”.

Los buenos hijos e hijas de Washington, Jefferson, Adams, Jay, Franklin y Hamilton deben saber que unas siglas deshabitadas y organizaciones que no son la vasta mayoría en Nicaragua, no pueden violentar la democracia para usurpar la representatividad del soberano. Que al hacer uso de la libertad de expresión puedan decir lo que quieran, eso es otra cosa.

El Artículo 2 declara que “(…). El poder soberano lo ejerce el pueblo por medio de sus representantes libremente elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto, sin que ninguna otra persona o reunión de personas pueda arrogarse esta representación”.

Recordemos que solo hay dos paisajes políticos a cargo del panorama democrático de Estados Unidos: Republicanos y Demócratas. Son decisiones soberanas en las que Nicaragua nada tiene que cuestionar ni castigar.

Ahora, por el atavismo de ciertos congresistas, en vez de avanzar en unas relaciones saludables como corresponde a países civilizados, se pretende un agresivo retroceso a los días terribles, ampliamente documentados hasta por héroes militares norteamericanos.

El escritor Gregorio Selser señala que el Mayor General USMC, Smedley Darlington Butler (Julio 30, 1881 – Junio 21, 1940), quien sirvió a la Infantería de Marina durante 34 meses en Latinoamérica, confesó ante el Congreso de EEUU su consternación por la deriva antidemocrática de su gran país:

“Durante todo ese tiempo tengo el sentimiento de haber actuado en calidad de bandido altamente calificado, al servicio de los big business de Wall Street y de sus banqueros”.

El sincero testimonio del más condecorado militar en la historia de EEUU, titulado “La guerra es un latrocinio”, (1935) debe estar presente en la conciencia de los legisladores actuales:

“Cuando de tal modo arrojo una mirada hacia atrás, me percato de que podría incluso representar a Al Capone, pues él no pudo ejercer sus actividades de gánster más que en tres barrios de una ciudad, mientras que yo, como marine, las he ejercido en tres continentes” (La Restauración Conservadora y la Gesta de Benjamín Zeledón. Aldilá Editor, 2001).

No fue por gusto que el general Kelly, hoy Jefe de Gabinete de la Casa Blanca, reconociera las desastrosas consecuencias de las viejas políticas de su país en el subhemisferio y que el Honorable Senado debe tomar en cuenta:

“…la experiencia muestra que la intervención de Estados Unidos no siempre ha dado los mejores frutos” y que, por ello, ahora Washington “debe dar un paso atrás en favor del respeto a la soberanía de las naciones latinoamericanas”.

Ningún pecado cometieron los Padres Fundadores de la Unión al asumir los destinos que antes, desgraciadamente, estaban en manos del Imperio Británico.

Por eso, antes de deliberar si hay o no democracia, la principal pregunta que debe flotar en el Ala Norte del Capitolio es: ¿Alguna vez le permitimos a Nicaragua ser un país, como Estados Unidos empezó a gozar de ese inalienable derecho en 1776?

Son verdades evidentes…

El Dios de Israel bendiga a Estados Unidos de América y Nicaragua. En el nombre de Jesús.