La cifra de nueve muertos este viernes fue confirmada por el portavoz del Ministerio del Interior, Sediq Sediqqi.

Además de los 24 muertos, dos de ellos soldados de Estados Unidos, los incidentes han causado también más de un centenar de heridos, la mayoría por disparos.

La mayor parte de las víctimas de este viernes fallecieron en la provincia de Herat (oeste), habitualmente una de las más tranquilas del país, donde murieron siete personas, entre ellas un policía y una mujer, "en tiroteos", declaró Moheedin Noori, un portavoz provincial.

Tres de las víctimas, incluido el policía, murieron cuando los manifestantes trataron de llegar hasta el consulado de Estados Unidos en Herat, explicó Noori.

"Ha habido mucha violencia cerca del consulado norteamericano. Ha habido enfrentamientos. Algunos manifestantes trataron de arrebatar las armas de los policías. Hubo disparos", agregó esta fuente. Medio centenar de personas resultaron heridas.

Otro hombre murió cuando trató de penetrar en un campo de una unidad formada por civiles y militares, muchos de ellos extranjeros, en la provincia de Baghlán (noreste).

Por otra parte, según Sediqqi una bomba explosionó en la provincia de Jost (este) al paso de una manifestación, matando a uno de los participantes.

Unos fotógrafos también vieron dos cuerpos durante los disturbios ocurridos en Kabul. Uno de ellos fue calificado de "muerto" por las personas que lo transportaban y el otro permaneció largo tiempo tirado en el suelo con una herida de bala en la cabeza.

Las autoridades de la capital, no obstante, sólo contabilizan hasta el momento tres heridos.

Las protestas contra Estados Unidos comenzaron el pasado martes, después de que en la noche anterior un oficial estadounidense quemase unos ejemplares del Corán que se habían requisado a unos detenidos de la prisión de la base estadounidense de Bagram, 60 km al noroeste de Kabul.

Washington aseguró que los detenidos usaban los ejemplares del Corán para pasarse mensajes y atribuyó a un "error" por "inadvertencia" e "ignorancia" la quema de los libros sagrados por parte del oficial. Por ello, el propio presidente estadounidense, Barack Obama, presentó sus "excusas más sinceras al pueblo afgano".

Las manifestaciones de este viernes comenzaron tras la oración, en la que al menos un imán de Kabul animó a los fieles a salir a las calles para protestar contra la profanación del libro santo del islam.

Una delegación nombrada por el Gobierno, compuesta sobre todo por personalidades religiosas, lanzaron el jueves por la tarde un llamamiento a la "contención" a todos los "ciudadanos musulmanes afganos" y les pidieron "no recurrir a protestas que podrían permitir al enemigo (los insurgentes) a aprovecharse de la situación".

En términos similares se expresó el comandante de la fuerza de la OTAN en Afganistán (ISAF), el general John Allen, quien pidió a los miembros de "la ISAF y a los afganos prueba de paciencia y de contención", al tiempo que aseguró que se siguen reuniendo pruebas sobre la quema de ejemplares del Corán.

El sentimiento antinorteamericano nunca estuvo tan presente en la población afgana en los 10 años de conflicto, desde la invasión en 2001 por una coalición internacional liderada por Estados Unidos para echar del poder a los talibanes.

Las manifestaciones antinorteamericanas por el episodio del Corán traspasaron la frontera y cientos de paquistaníes se echaron a las calles en diferentes puntos del país para mostrar su rechazo a todo lo que representa Estados Unidos.