"Ella se preparaba para lo peor", ha relatado su cuñada Marsha Lanza a los periodistas. "La última vez que nos visitó, estuvimos hablando del 'preparacionismo', de cómo uno debía estar listo para hacer frente a un colapso de la economía", añadió.

"Había convertido su casa en una fortaleza. Acaparó armas y víveres", explicó.

Problemas con su hijo

Tres días después de que su hijo la matara a ella, a otros seis adultos y 20 niños antes de suicidarse, comienzan a conocerse algunos detalles de la vida de Nancy Lanza. Así, por ejemplo, se ha sabido que había expresado a sus allegados el temor de que estaba "perdiendo" a su hijo. "Dijo que estaba empeorando. Tenía problemas para llegar a él", señaló un amigo de la madre que no quiso ser identificado.

La policía ha constatado que la mujer, de 52 años, tenía cinco armas registradas legalmente. De ellas, al menos tres se llevó su hijo a la escuela de Sandy Hook para perpetrar la matanza. La mayoría de los fallecidos recibió disparos de un rifle de asalto. Los agentes también encontraron en poder de Adam otras dos pistolas, mientras que en el coche con el que condujo hasta la escuela de Newtown se halló una escopeta.

El gobernador de Connecticut, Dannel Malloy, ha informado de que la cifra de fallecidos en el centro de primaria de Sandy Hook podría haber sido mucho más alto, puesto que el asesino tenía "cientos" de balas disponibles para el fusil y las pistolas que tenía a mano. En su opinión, esto no sucedió puesto que Lanza se quitó la vida en cuanto oyó acercarse a la policía.

Orden de alejamiento


Respecto a las razones por las que Nancy Lanza guardaba tantas armas en su casa, un cuñado de la fallecida, Jonathan Lanza, ha asegurado que ésta "tuvo problemas" con Peter, el padre de Adam, por lo que "ella interpuso una orden de alejamiento en 2009, después del divorcio". "Nunca le pegó, pero la empujó", añadió, según informa Efe.

Tras la tragedia, el presidente Barack Obama ha pedido cambios "para evitar más tragedias". Obama se trasladó este domingo a Connecticut para apoyar a las familias de las víctimas, en medio de la creciente presión para que la Administración norteamericana actúe sobre el control de armas.

En concreto, los demócratas tienen previsto presentar un nuevo proyecto de ley para prohibir los fusiles de asalto, aunque ya se ha puesto de manifiesto la dificultad de lograr un consenso después de que un congresista republicano dijera, tras la tragedia, que el personal de la escuela debía haber tenido armas para proteger el centro y protegerse a sí mismo y a los alumnos.