Las palabras utilizadas por la mayoría de los medios que dan seguimiento a los fenómenos  que tienen como escenario el Planeta Tierra deben ser releídas a la luz de los nuevos tiempos: “algo poco habitual”  o “algo que no tiene parangón”

En los últimos quince días la humanidad ha sido testigo de un eclipse total, de ensayos nucleares, de un terremoto superior a los 8 puntos, de un huracán desbastador que sorprende a los mismos científicos.

“El terremoto registrado la pasada noche en México y que se dejó sentir en buena parte de Centroamérica se produjo por la fractura interna de una placa tectónica, algo poco habitual y que suele ser más peligroso que el sismo provocado por el roce de dos placas.

El mayor huracán que se ha registrado  en el Océano Atlántico, Irma, con una longitud de 200 kilómetros y unos vientos sostenidos de casi 300 kilómetros por hora, representa la amenaza es máxima,  en todos los países se han disparado las alarmas para hacer frente a esta descomunal fuerza de la naturaleza que no tiene parangón. Tanto es así, que incluso los equipos diseñados para medir terremotos, los sismómetros, están alertando sobre la inminente llegada de Irma” La angustia y el pánico se está apoderando de miles y quizás millones de personas.

Que le pasa a la naturaleza? Se preguntaba un ciudadano entrevistado por una cadena internacional. Es una pregunta racional e existencial. El planeta está diciendo ¡Basta! Se está rebelando contra la humanidad, parece que ha llegado al límite de la paciencia y la tolerancia, ya no soporta tanto pecado, tanto atropello. Y lo que para millones es noticia de última hora, en realidad es una noticia de antaño, ya anunciada por el Verbo que se hizo carne. Fue el mismo Jesús quien dijo:

»Habrá entonces señales en el sol, en la luna y en las estrellas.  En la tierra, la gente se angustiará y quedará confundida por causa del bramido del mar y de las olas.  El miedo y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra hará que los hombres desfallezcan, y los poderes celestiales se estremecerán” (San Lucas 21:25,26) Dicho esto advirtió, “estas son señales, principios de dolores; pero aun no es el fin”.

Es hora de que confiemos en Aquel que saca a los vientos de sus depósitos, suelta los torbellinos, calma las tempestades y hace que el mar enmudezca; eso sí estad atentos y alertas.

 

Rvdo. Miguel Ángel Casco González

Presidente de la Coordinadora Evangélica y la Comunidad de Fe