Retazos de madera son un tesoro para don Iván Téllez que, desde hace 29 años, transforma esos trozos que muchas veces desechan los talleres de ebanistería, en bonitas artesanías, que literalmente le han dado la vuelta al mundo.

Este humilde artesano del barrio Hialeah siempre está sonriendo y lo hace porque es la manera con la que atrae la buena suerte, la cual, asegura, le viene acompañando desde hace unos 8 años cuando decidió sumarse a los emprendimientos que viene impulsando el Ministerio de Economía, Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa (MEFCCA).

En el pequeño taller de su casa, el olor a madera está impregnado en cada una de sus paredes, el serrín extra fino, se puede ver por todos lados mezclado entre la madera y las diversas herramientas con las que elabora un sinfín de artesanías de diversos tamaños, estilos y colores.

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Iván cuenta que se inició hace 29 años, cuando cumplía sus 20 años y tenía como prioridad convertirse en un afamado pintor, sin embargo el destino lo llevó por el rumbo que su abuelo ya fallecido, le fue trazando en la carpintería y ebanistería.

Se resistía a ser carpintero, tanto así que se inscribió en un curso de pintura que se brindaba en la casa comunal del barrio Batahola Norte.

“Mi abuelo fue carpintero, nos enseñó varias cosas de carpintería, pero no tanto para decir que me gustaba esto, después aprendí de imprenta, pero note que me iba gustando el trabajo de pintura y artesanías. Quería pertenecer a un grupo, pero me decían que me faltaba mucho por aprender para estar en ese grupo, pero no desistí”, dijo Iván.

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De esa manera, se fueron dando las cosas en la vida de este humilde artesano, que encontró en el Instituto Nicaragüense de la Pequeña y Mediana Empresa (Inpyme), posteriormente anexado al MEFCCA, el punto de apoyo para desarrollar su talento.

Ahora este artesano elabora muchas piezas pequeñas de madera, está incursionando en las artesanías de bambú con buen éxito, tanto así que durante una visita de una delegación de empresarios de Taiwán en el Parque Nacional de Ferias, estos quedaron admirados de su trabajo y le pidieron muchas piezas, que se llevaron a su tierra.

“Hemos tenido nuevos retos porque debíamos aprender de todo un poco, porque hay clientes que les gustaba llevar artesanías en bisutería. Ese fue nuestro primer reto en un inicio, les gustó a los extranjeros y lograron llevarse nuestra artesanías y hasta aprendimos de ellos”, cuenta Iván, que en los últimos meses está aprendiendo a diversificar sus productos, porque el cliente se lo está demandando.

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En este taller de Hialeah se hacen aretes, anillos y otros de bisuterías, también elabora llaveros, porta llaves, adornos para escritorios y una gran variedad de materiales, que salen de los desperdicios de madera que producen los talleres de ebanistería.

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