La fuerza de la naturaleza marcó brutalmente a las familias de la zona costera del pacífico nicaragüense, un 1 de septiembre de 1992 cuando un maremoto arrasó con todo a su paso.

Cientos de personas lesionadas y otro gran número de víctimas mortales sumaron en la lista del desastre que dejó a humildes familias sin hogar y sin negocios.

Hoy, a 25 años los recuerdos amargos aún están presentes, sin embargo, los habitantes de Pochomil, Masachapa, Quisalá, Los Cajones y Montelimar, quienes han ido creciendo económicamente y poblacionalmente tienen el apoyo del Gobierno Sandinista y la municipalidad. Esta alianza ha trabajado de manera constante para dar a conocer medidas de protección y salvaguarda de la vida.

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Se han instalado sirenas y señalizaciones que indican las zonas de evacuación.

El alcalde de San Rafael del Sur, Noel Cerda, manifestó que en aquellos tiempos no existían condiciones para poder garantizar la seguridad a los pobladores.

"Fue un lugar donde decenas de personas perecieron sobre todo niños, hoy lo estamos recordando como algo del pasado", comentó.

"Ahora con este modelo de la Revolución, con las gestiones del presidente Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo tenemos condiciones diferentes para poder atender una amenaza de este tipo, ahora estamos instalados con sistemas de seguridad, un sistema de alerta temprana", aseguró.

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Recordó que mensualmente se hacen ejercicios para que los niños y niñas tengan la oportunidad de poder defenderse ante cualquier evento.

Gaspar José Ramírez Bermúdez, es uno de los sobrevivientes de aquel maremoto que les quitó la paz y la tranquilidad a los lugareños.

"Estaba en el culto cuando en ese momento pasó la desgracia, esto aquí quedó destruido, las mantenedoras, los botes todo eso estaba hundido", rememoró.

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Siguió relatando: "Recuerdo que entramos al hotel Barceló a ayudar a sacar a los turistas, en el ingenio hubo gente que se perdieron que amanecieron hasta el siguiente día, un compañero que quedó coto de un dedo a ese lo encontramos en un árbol de jícaro".

Ramírez señaló que en esos años nadie, menos las autoridades de aquel entonces daban información sobre los fenómenos naturales y la repercusión de estos, sin embargo, las cosas han cambiado. En la actualidad dentro de las prioridades del Gobierno sandinista está mantener informada a la población y orientarles las medidas a tomar en caso de una emergencia.

"Antes poco se escuchaba comentar de desastres, hoy estamos más informados porque el Gobierno se ha dedicado hacer campaña para prevenir tsunamis, terremotos, ahora se practica mucho se hacen ensayos, están marcadas las rutas de evacuación y hasta sirenas hay que se activan", explicó.

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Solo en Masachapa hay muchas historias que contar, una de ellas es la de María Aurora González, quien tenía un niño de un año y dos niñas que ahora tienen 30 años.

Ella estaba a punto de servir la cena, en ese momento escuchó un estruendo, como veinte niños y ancianos fueron arrastrados por la corriente.

“De suerte que yo me percate que el sonido del mar era diferente, en ese momento agarramos a los niños y empezamos a gritar, al siguiente día todo estaba desbaratado, en el mar adentro se fueron roperos, camas y mantenedoras”, recordó.

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Antes ninguna institución se preocupaba por nosotros, no existían medidas”, afirmó.

Ahora estos hombres y mujeres tienen conocimientos y han aprendido a realizar ejércitos de protección y salvaguarda de la vida.

Martha Lorena Zamora y Rony Vanegas Calero, son marido y mujer, ellos al momento de la tragedia no se encontraban en Masachapa, sin embargo, esta familia perdió su casa y el negocio que poseían.

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"Había una pulpería aquí y lo perdimos todo, teníamos un vehículo y empezamos a acarrear gente. Al siguiente día la desgracia fue más ya que perdimos amigos y familiares de nosotros en otra zona de la costa".

Por su parte, don Rony expresó que al día siguiente había gente enterrada bajo los escombros y otras en el río.

"Antes no había ninguna alerta, no era como hoy, esas sirenas y simulacros que hacen en la costa siempre son buenos porque participa la población y los estudiantes, recuerdo que antes la gente no sabía que era un maremoto porque una palabra que ni se mencionaba", recordó.

Los sobrevivientes le piden a Dios que nunca vuelva a suceder un desastre que opaque la felicidad y tranquilidad de los lugareños.

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