Esta señora de 45 años, con dos hijos y su esposo que labora como vigilante, hasta el año 2011 habitaba en el anexo al barrio Santa Clara, en la zona costera del Lago Xolotlán, cuyos niveles aumentaron producto del temporal de lluvia.

“Es un cambio totalmente radical y positivo, porque ya no vamos a estar en las condiciones precarias que estábamos, ahora vamos hacer una familia diferente y pensar diferente, adelante y en positivo”, razona doña Yadira, quien asegura que la experiencia de vivir por más de 9 meses en el albergue “Arlen Siu” le cambió su vida y su manera de pensar.

Doña Yadira vio perder su hogar de plástico, laminas de zinc viejo y ripios en cuestión de días, pues el agua del lago, se metió por todos los rincones, hasta desaparecerla completamente.

Del hogar de doña Yadira no quedó nada, su esposo Carlos a duras penas, pudo lograr sacar el viejo televisor de 14 pulgadas que compró con el aguinaldo del año 2010 y algunos mudadas de la familia.

10 meses después de permanecer con otras familias en el albergue “Arlen Siu”, el sueño de contar con un hogar digno, se les hizo realidad a las últimas 16 núcleos familiares que permanecían en el lugar, con el acompañamiento de las instituciones del Gobierno Sandinista, una prioridad orientada por el comandante Daniel Ortega Saavedra.

“Esto es un cambio para mis hijos y doy gracias porque ya mis hijos no van a vivir a la orilla del lago. Ahora tenemos una vivienda y gozamos de un techo digno y que siga viniendo ayuda para que puedan ayudar a otros más necesitados”, dijo esta señora, mientras su esposa e hijos le ayudaban a meter algunos enseres.

En total fueron 48 familias las que se hicieron propietarias y protagonistas del programa “Casas para el Pueblo” que promueve el Gobierno Sandinista, para restituir derechos y devolver la dignidad que les negaron las políticas anticristianas de las administraciones neoliberales.

De estas familias 32 estaban resguardadas en el albergue del Polideportivo España, las que también recibieron sus nuevos hogares completamente equipados con una cama matrimonial, una litera para dos hijos, un ropero, una vajilla de platos, vasos, cucharas, tenedores, cocina, tanque de gas, dos bujías ahorrativas, sillas plásticas y alimentos para un mes.

“Le doy gracias por todo lo que está haciendo por los pobres”, citó doña Yadira, al enviar su agradecimiento al comandante Daniel y a la compañera Rosario Murillo, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía.

El compañero Henry Ruiz Castro, manifestó que esta vivienda constituye un nuevo comienzo para su esposa e hijos, pues las charlas motivacionales que recibieron en los albergues le hizo cambiar mucho en el tema de la convivencia familiar.

“Voy decidido a realizar cambios positivos para mi familia, pero primero le debemos dar Gracias a Dios por esta oportunidad de contar con una casa digna y en segundo lugar quisiera agradecer al Presidente Daniel Ortega Saavedra por hacernos participe de los cambios que vive Nicaragua”, dijo Ruiz, un joven maestro de primaria.

“Estamos nerviosos, alegres y le damos gracias a Dios y al comandante Daniel Ortega y a su esposa, porque no nos abandonó nunca, siempre estuvo pendiente de nosotros…El alimento nunca falló y siempre venían las brigadas medicas”, reseñó Carmen Ruiz, mientras le mostraba a su anciano padre el nuevo hogar.

En esta jornada de restitución de derechos, miembros de la Unidad Humanitaria de Rescate del Ejército de Nicaragua, ayudaban a las familias a ser trasladadas a sus nuevos hogares. En total 68 efectivos hicieron el acompañamiento solidario a estas humildes familias que se trasladaron a Villa Dignidad en 11 camiones de la UHR del Ejército de Nicaragua.

“Estas son las nuevas tareas del Ejército de Nicaragua en tiempos de paz. Estamos acompañando a las familias nicaragüenses a sus nuevos hogares”, dijo el teniente coronel Mario Rivas Pérez, Jefe de Defensa Civil de Managua. El Gobierno Sandinista del comandante Daniel Ortega Saavedra ha restituido derechos y brindado mejor condición de vida a más de 800 familias que han sido afectadas por los dos últimos inviernos y que vivian en condiciones de vulnerabilidad a la orilla de cauces y lago Xolotlán.