Luego de peregrinar desde el pasado 7 de agosto por los barrios de Managua, la hermosa, milagrosa y diminuta imagen de Santo Domingo de Abajo, regresó a su ermita en San Andrés de la Palanca (Ciudad Sandino).

Antes de subir a su peaña, los tradicionalistas y devotos de Santo Domingo, le ofrecieron una especial misa y procesión por los principales caminos rurales de San Andrés de la Palanca.

En hombros de los cargadores tradicionales, la imagen retornó a su santuario, a eso de las 3 de la tarde de este domingo (27 agosto), donde es venerada durante todo el año por las familias nicaragüenses.

El Presidente de la Asociación del Comité de Festejos de Santo Domingo de Abajo, Edgard José Obando, detalló que la fiesta inició el pasado 7 de agosto, con la bajada del santo desde San Andrés de la Palanca, hasta la Iglesia Cristo del Rosario de Managua.

“Hoy celebramos “La Octava”, que es cuando la imagen viene de Managua a San Andrés, y es subida la imagen a su altar”, explicó Obando, quien a su vez remarcó que el próximo año se cumple el centenario de las festividades de Santo Domingo de Abajo.

“Estas fiestas comenzaron en 1918, en el barrio San Sebastián, a cargo de doña Estabana López, quien era la encargada de esta imagen de Santo Domingo, la cual medía 1.5 metros de altura y pesaba 80 libras”, precisó.

El tradicionalista, indicó que la imagen era muy pesada, y en ese entonces Monseñor Félix Antonio Andino, en 1934, mandó a unos misioneros a traer la actual imagen pequeña a España.

“Cada uno de nosotros tenemos esa fe, esa devoción, ese amor de seguirlo a él (Santo Domingo). Y tenemos una réplica que anda en las calles, que anda en todos los barrios de Managua”, refirió.

Al participar en una procesión llena de la humildad, sencillez y cristiandad, los devotos de San Andrés de la Palanca, agradecieron a Santo Domingo de Abajo por todos los favores concedidos.

“Yo vivo aquí en San Andrés, y soy promesante. Tengo 30 años de pagar promesas por mi hijo que Santo Domingo lo curó. Una camioneta me lo golpeó, y le pedí a Santo Domingo que me lo sanara”, expresó.

“Desde Cristo del Rosario venimos todos los años a la subida de Santo Domingo. Me gusta la tradición de Santo Domingo, y siempre lo vengo a traer y lo vengo a dejar. Me ha concedido muchos milagros”, dijo Sandra Marenco, habitante de Managua.

Los feligreses agradecieron a Santo Domingo por la paz, y por llenar a Nicaragua de bendiciones, siempre empujándola hacia el desarrollo, el bienestar y la unidad, tan importante en estos nuevos tiempos.

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