Si por derechos humanos entendemos  el conjunto de libertades, facultades o reivindicaciones relativas a bienes primarios o básicos que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna, sin distinción alguna de etnia, color, sexo, idioma, religión, orientación sexual, opinión política, origen social, posición económica, o cualquier otra condición que permiten crear una relación integrada entre la persona y la sociedad, para que los individuos sean personas jurídicas identificándose consigo mismos y con los otros. Entonces  para la efectividad de ese conjunto de derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales, además de un marco jurídico-legal consistente y coherente, se  requiere  de un sistema político social con capacidad, disposición y visión, para implementar en la práctica la vigencia de los Derechos Humanos para todos y no para unos pocos. De lo contrario las declaraciones por sí y ante si no serían más que buenas intenciones, buenos documentos y nada más.

Es importante señalar que en todo el proceso evolutivo y cognoscitivo de los derechos humanos además de otras corrientes de cultura y pensamientos, la influencia de la doctrina cristiana ha sido fundamental, se le ha incorporado un sentido más espiritual y de igualdad a la lucha por la dignidad humana, desde la perspectiva de justicia. Es en la Biblia que encontramos de forma primigenia una clara denuncia y condena a la explotación de los obreros, basta leer el libro de  Santiago para constatarlo, al mismo tiempo se establece un fundamento del orden moral natural, del orden de valores ligados a la justicia y al derecho de las familias. Pero en definitiva ha sido  el sacrificio de los movimientos sindicales, las luchas obreras de hombres y mujeres que a lo largo de la historia  han demandado sus reivindicaciones las que han permitido una mayor vigencia de los derechos humanos  

En la Nicaragua de hoy, indudablemente que aún tenemos que superar  muchas cosas, mejorar nuestro sistema, darle seguimiento  y sancionar a personas que desde alguna posición de poder humillan al débil, violentan los derechos humanos, pero de manera real y objetiva nadie tiene sustento para demostrar que el gobierno o el Estado de Nicaragua de manera institucional y deliberada está violando los derechos humanos de los nicaragüenses.

Lo que si hemos constatado y comprobado a lo largo y ancho de nuestro país a través de nuestras redes pastorales es de que existe un esfuerzo permanente en el fomento de la promoción y defensa de los mismos, mediante la ejecución de programas sociales dirigidos a mitigar las necesidades básicas de nuestra gente. El derecho a la salud, la educación, la libre circulación, el derecho a organizarse y manifestarse. En el caso específico de la libertad de prensa que algunos cuestionan, la organización de Reporteros Sin Fronteras afirmó que Nicaragua avanza en la Libertad de Prensa subiendo 11 plazas por encima de varios países latinoamericanos.

Dentro de los planes de ataques al gobierno, algunos  de adentro  y otros de afuera, tratan de levantar la bandera de los derechos humanos, olvidándose  de la verdad y armándose de la mentira. La verdad es que Nicaragua cuenta con un gobierno que trabaja en la práctica para hacer de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, más que una declaración, un acicate, un parámetro de conducta, un desafío, una misión y una visión para hacer realidad de manera permanente que todos los nicaragüenses nacemos libres e iguales en dignidad y derechos.

Rvdo. Miguel Ángel Casco González

Presidente de la Coordinadora Evangélica-CEPRES