Murió nuestro hermano el profesor Carlos Aguirre Marín. Sí, me refiero a Carlitos, el único inspector de educación que apoyó la huelga de los maestros en 1961 y en 1970.

Hablo de Carlitos, aquel muchacho flaco, desgarbado y tristón que llevaba al hombro cargando mantas a favor de la Federación Sindical de Maestros. Aquel de gorra vasca que nunca se la quitaba y de sonrisa franca y solidaria con los demás. El mismo que se quitaba su camisa y la regalaba al más desposeído.

Nuestro hermano que hizo cantar la flora y la fauna de San Carlos, Río San Juan, y que luego sus fans y sus amigos aplaudimos a rabiar sus magníficas exposiciones en las universidades y lugares públicos. Hoy los libreros, los críticos, los poetas, pintores y escultores guardan sus exposiciones en libros hermosos que guardan en sus bibliotecas. Carlitos nunca fue por el laurel verde que anunciaba nuestro Rubén.

Recuerdo cuando nos recibía en las tardes de veranos y de inviernos, en los campos de béisbol, en los patios de la escuela única en San Carlos, él jugaba primera base, era tan bueno con el madero como con el guante. Luego nos íbamos al río a pescar mojarras para comerlas en el patio de su casa en fogones que alumbraban nuestras caras y más allá. Carlitos, ingrato, que ahora te vas y nos dejas en este mundo. Pronto pediré visa al de arriba para que nos volvamos a encontrar y nos riamos de todo.