La situación del bebé británico, Charlie Gard, ha conmocionado a la comunidad internacional, debido a la decisión de las autoridades judiciales de desconectar al menor de 10 meses del respirador artificial que lo mantiene con vida.

El pequeño padece una rara enfermedad genética y sobrevive desde las 8 semanas de nacido conectado a varias máquinas, pues no puede ni moverse, ni respirar, ni tragar por su cuenta.

El pasado viernes debía ser desconectado de los aparatos que lo mantienen vivo después de que un juez así lo dictaminara, pese a la oposición de sus padres. Finalmente, el propio hospital decidió no apagar las máquinas y dejar algo más de tiempo a la familia para despedirse.

El caso de Charlie Gard levantó gran polémica en Reino Unido por la decisión que pedía desconectarlo sin el consentimiento de los progenitores. En abril, un juez dictaminó que debía ser desconectado de las máquinas luego de que médicos del hospital Great Ormond Street, ubicado en el centro de Londres, en favor de los médicos que tratan al bebé, que tienen la certeza de que la recuperación de Charlie es imposible y argumentan que quieren evitar que experimente dolor.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos avaló la conclusión de la Justicia británica, basada en "evaluaciones de expertos detalladas y de alta calidad" que daban como "muy probable que Charlie estaría expuesto a dolores y sufrimientos continuos". Esos exámenes determinaron que "administrar cuidados experimentales sin perspectiva de éxito no ofrecería ninguna ventaja y continuaría causándole graves dolores".

La polémica ha trascendido las fronteras de Reino Unido. El Papa Francisco publicó un mensaje en Twitter respecto a este tema: "Defender la vida humana, sobre todo cuando está herida por la enfermedad, es un deber de amor que Dios confía a todos”.

El Papa propuso trasladar al bebé a un hospital infantil del Vaticano, Bambino Gesú, en Roma.

Incluso, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció ayuda al bebé: "Si podemos ayudar al pequeño Charlie Gard, como nuestros amigos de UK y el papa, estaremos encantados de hacerlo".

Los padres del bebé quieren someterlo a un tratamiento experimental, para el que ya habían recaudado reunir hasta 1.3 millones de libras (1.7 millones de dólares), pero los médicos creen que ese tratamiento puede infligir más daño a su paciente y por eso el juez dictaminó que se dejara al bebé morir “con dignidad”.

En este sentido, el Reino Unido rechazó este miércoles trasladar a Roma al bebé británico.

Los padres dudan de esa dignidad pues aseguran que no les dejan llevarse a su bebé a casa a morir. Dicen que no se les permite "elegir si nuestro hijo vive y no tenemos permiso para elegir cuándo o dónde muere Charlie". Por el momento han ganado tiempo y apoyos.