Haber padecido de dengue podría ayudarlo a protegerse del virus del zika o, al menos, atenuar los síntomas de esta enfermedad.

Al menos así lo deduce un estudio realizado por un grupo de investigadores del Centro de Investigación de Primates del Caribe, adjunto al Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, tras evaluar la interacción de ambos virus en un modelo animal que reproduce las características inmunológicas de los humanos utilizando primates.

El estudio sugiere, además, que previa exposición al dengue podría limitar las consecuencias del zika en el feto de mujeres embarazadas.

La investigación, que comenzó el año pasado, proyecta continuar para tratar de determinar la influencia que tiene el tiempo que transcurre entre la infección con dengue y la de zika como efecto protector en la segunda de estas infecciones.

“Esto es un tema discutido de forma intensa por los científicos, puesto que hasta ahora no se conocía si infecciones anteriores con dengue podrían agravar la infección con zika o contribuir al desarrollo de malformaciones congénitas como la microcefalia”, indicó el doctor Carlos Sariol, investigador principal del proyecto cuyos resultados fueron recientemente publicados en la revista científica “Nature Communications” en su edición de junio 2017.

Según se informó, además de un grupo de científicos, en el estudio también participaron los estudiantes doctorales Petraleigh Pantoja, Erick Pérez Guzmán y Crisanta Serrano.

El primer caso de zika en Puerto Rico fue confirmado en diciembre de 2015. Desde entonces, hasta el último reporte del Departamento de Salud, con datos hasta la semana del 4 al 10 de junio, se informó que ya se han confirmado 40,357 casos, incluyendo a 3,833 embarazadas.

Además, se han informado de 42 casos de defectos congénitos por zika, así como 70 casos del Síndrome deGuillain Barré y cinco muertes de personas que arrojaron positivo al virus.

Según informa la Organización Mundial de la Salud (OMS), el zika es un flavivirus transmitido por mosquitos que se identificó por primera vez en macacos (Uganda, 1947) a través de una redde monitoreo de la fiebre amarilla.