A Carlos Fonseca Amador, Comandante en Jefe de la Revolución, Nicaragua le reconoce el logro de ser libre.

Matagalpa, la tierra que lo vio nacer, fue testigo de cómo el renacer de las ideas libertarias sandinistas tenían cabida en un niño de esos tantos criados por una madre soltera.

La ciudad hoy es un tributo completo a su memoria. Una pequeña urbe rodeada de cerros, donde las obras de progreso superan por mucho a los retratos del mártir es, de hecho, la manera en la que quizás hubiera preferido ser recordado.

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Testigo de la injusticia desde su niñez

Edgard Rivas Choza, formado como administrador de empresa, pero escritor de vocación, explica que Carlos desde sus inicios se vinculó y vivió en carne propia la injusticia social que el país enfrentaba.

Fue hijo de Agustina Fonseca, una mujer que rebuscaba el sustento de su familia lavando y planchando ajeno, e incluso cocinando los famosos dulces que ofrecía Carlos en las calles de ciudad.

En la medida que fue creciendo, cuenta Rivas Choza, el carácter de Carlos se fue forjando entre su vivencia infantil, la escuela y el trabajo.

Sin embargo, el mayor mérito fue el haber mantenido un promedio impecable de calificaciones a tal punto de alcanzar estrella de oro —distinción que merecían quienes alcanzaban las máximas calificaciones en los 5 años consecutivos de secundaria — y que en medio de la adversidad, profesara siempre el amor a sus semejantes.

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La lucha de él era por los pobres. Para que en realidad tuvieran un por qué vivir. Una esperanza de vida, por eso él es aquel que en la lucha también enseña a leer a los campesinos. Es un legado histórico y mucha gente te puede contar aquí en Matagalpa que les enseñó a leer y a escribir también”, comenta.

La ciudad ha dedicado la casa donde habitó Carlos junto a su mamá y sus hermanos. En la casa cuna se atesoran algunas reliquias y recortes de periódico en los que se cuenta como moría, renacía, era torturado y disparaba con precisión las ráfagas luminosas de aquel reclamo histórico de igualdad social.

Allí, el responsable Mario Zúñiga, recibe visitas tanto de nacionales como extranjeros, quienes se acercan para conocer detalles desde el nacimiento de Carlos hasta su caída e inicio de tránsito a la inmortalidad en 1976.

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“Aquí es donde el comenzó a tener sus primeros conocimientos sobre la teoría revolucionaria Marxista-Leninista y el legado que dejó a todas las generaciones venideras es ser el mejor estudiante y ser una persona crítica”, refiere.

En la cabecera departamental las obras sociales también hablan de Carlos. Como bien reza el inicio de este artículo, las obras sociales sobrepasan cualquier cantidad de monumentos.

Un ejemplo de ello es la casa materna Martina Alemán que alberga cómodamente a las mujeres que en su vientre gestan al futuro de la nación.

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Allí Yuri Mendoza aguarda paciente y con los cuidos debidos la llegada de su primer bebé. “Vine hace 8 días. He recibido medicamentos, no me puedo quejar, comida, todo bien. Tenemos todas las condiciones, si me da calor enciendo los abanicos y hay bastantes comodidades, es algo que durante el embarazo, los finales, es bueno que todas las mujeres pasen aquí. Está muy bien toda la atención del gobierno porque este es un buen pensamiento que ha tenido hacia las mujeres”, afirma.

Entre las calles nuevas y limpias por todos los barrios de la Perla del Septentrión, las escuelas y Centros de Desarrollo Infantil y toda obra de progreso, las familias recuerdan con orgullo y se imaginan la sonrisa de Carlos mientras su patria vive su sueño encaminado.

La joven sandinista Isora Castro, asegura que el legado que las nuevas generaciones es comprometerse con la patria, para poder tener un futuro luminoso. “De poder echar a andar lo que es la educación técnica, la sonrisa en cada uno de nuestros niños, de nuestras madres de héroes y mártires. Echar a andar esa valentía que nuestro Comandante tuvo para luchar por nuestro país”.

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