En la época en la que Carlos Fonseca repartía el pan del saber en las zonas montañosas de Matiguás, educar era una práctica peligrosa y hasta mortal.

No era suficientemente arriesgado adentrarse a pie entre aquella selva tan densa, sin gozar de algún sendero que al menos que sugiriera donde avanzar, o tener que pasar la noche en cualquier sitio, cuando el sol agotaba su jornada.

Tras su pista, como sombras, asediaban los guardias armados del odio visceral contra los que se atrevían a dar alimento a la mente de los campesinos.

pancasan

El Comandante en Jefe de la Revolución Popular Sandinista arriesgó en más de una ocasión su propia vida para convertirse en uno de los primeros alfabetizadores.

De estas hazañas son testigos mudos las grandes extensiones de bosque. Sin embargo, aún en el sector existen vivas algunas voces que pueden dejar testimonio escrito de la valentía del matagalpino.

Víctor Manuel Díaz, estima que fue entre los 14 y los 15 años cuando tuvo contacto con aquel chele, al que su abuela hacía pasar como primo hermano.

pancasan

El temor era grande, pues entre la gente del lugar un rostro nuevo no pasaba desapercibido, principalmente en este caso, por la notoria diferencia en los tonos de piel de los familiares simulados.

Pero ésta tampoco sería una limitante para improvisar aulas de clases con cualquier material que resultara útil para el objetivo de enseñar.

Él estuvo compartiendo dos meses de clase conmigo y lo hacía de una manera clandestina. Se hacían unos tuquitos de tabla como pizarra y las tizas que se ocupaban eran tucos de carbón. En la hora que estábamos en clase, a esa hora unos estaban estudiando y otros estaban observando porque se corría el riesgo que si lo miraban, iba a ser detectado”, cuenta en voz baja, como si todavía guardara un poco de aquel miedo.

pancasan

La primera vez que se acercó al conocimiento básico fue con Óscar Danilo Rosales, el médico ejecutado en Pancasán por la Guardia en 1967. Justamente porque esa escuelita encubierta fue olfateada por los merodeadores, tuvieron que abortar el proyecto.

“Yo no aprendí casi con el profesor Danilo porque yo me mantenía más afuera que en la casa. Yo me mantenía haciendo otros trabajos. Yo logré aprender las primeras letras con el Comandante Carlos porque él llegaba a la casa, él comía, él bebía, mi mamá, mi papá, ahí lo atendían”, recuerda.

Compañero y maestro

A sus 72 años, doña Encarnación Suárez aún tiene frescos los recuerdos de cómo en la comunidad Laberinto, cerca del Cerro Colorado, su esposo tuvo la opción de aprender el arte de comunicarse por escrito.

pancasan

Cuando la señora de ojos plateados y brillantes tenía 18 años, el sandinista vendía caramelos rayados en las calles de Matagalpa. En ese tiempo nunca imaginó que el espíritu incansable de Carlos lo haría llegar hasta aquel paraje perdido entre la vegetación con el único fin de hacer que su esposo aprendiera a escribir y a leer su nombre.

“En ese entonces mi marido ganaba cuatro córdobas. (Carlos) le decía (a su marido): vamos a trabajar con unos compañeros. Queremos hacer esos grupos y fue cuando ya surgió y mi marido desde bien joven comenzó a trabajar con él. Mi marido no sabía leer (…) y entonces él comenzó a enseñarle a leer y a escribir”.

Sueños cumplidos y en cumplimiento

Suárez refiere que esta obra fue una las muestras más claras de la motivación de Carlos y que hoy, tras su sacrificio, se logran ver escuelas y hospitales en cada rincón del país.

pancasan

Otro de los sueños que hoy se cumple para ella y su familia, es que el campesino dejara de ser una propiedad más del terrateniente y lograr producir su propia tierra.

Ahora los centros de salud los tenemos cerquita. Esos sueños de él se han cumplido. Es una realidad y los sueños de él se cumplieron (…) hoy tenemos las tierras. Por lo menos nosotros vivíamos en haciendas, cortando café, abonando café y hoy no, hoy tenemos las propias tierritas nosotros. Mis hijos hoy no le trabajan a nadie sino que tienen su propio trabajo hecho y se han preparado mis hijos también. Si hubiera sido aquel tiempo mis hijos no se hubieran preparado”, comenta dibujando una sonrisa tímida en su cara.

Compromiso de los jóvenes

La juventud de hoy en Matagalpa, tierra natal del nombrado héroe nacional en 1980, goza y reconoce la ardua y arriesgada labor de una generación entera, que fue inspirada por Sandino y guiada por Carlos.

pancasan

En las montañas hay escuelas pintadas en azul y blanco y en ellas los niños que bajan de los cerros cargando sus mochilas repletas de cuadernos y lápices, reciben una educación formal.

A pocos meses de concluir sus estudios de secundaria, Antonella Hernández reconoce que los jóvenes hoy deben asumir el compromiso de aprovechar la mayor herencia del fundador del FSLN: el acceso a la educación gratuita.

Para esta quinceañera, el camino hacia el desarrollo intelectual debe también ser aprovechado para divulgar el testimonio a las nuevas generaciones, que las muchas oportunidades que hoy existen tienen mayor valor por el sacrificio de aquellos jóvenes.

pancasan

“Y enseñarle lo que nosotros aprendimos como el legado que nosotros aprendimos del Comandante Carlos, enseñárselo a nuestros hijos, a nuestros hermanos, al niño que acaba de nacer, al niño que no sabe, explicarle de qué manera llegamos a ser un país tan lindo, tan libre, donde no tenemos miedo de decir: Yo estoy aprendiendo a leer”, asegura la joven originaria del sitio histórico de Pancasán.

Las hazañas de aquel hombre delgado y alto, con el corazón tan noble como el de un niño, hoy en el país se han convertido en legendarias. En los lugares más alejados del país el gobierno surgido de la revolución ha llevado escuelas y maestros durante un proceso que ha visto amenazas desde sus inicios.

pancasan

El Gobierno Sandinista, desde el triunfo en 1979, desarrolló masivas jornadas de alfabetización con las que cultivó en el campo la importancia de la educación, una réplica masiva de lo que Carlos hizo durante las etapas tempranas del combate.

En la segunda etapa de la Revolución, asumida en el año 2007, el Comandante Daniel Ortega decretó la educación gratuita para que ningún nicaragüense adoleciera de las oportunidades de formación, cumpliendo el mandato de “también enséñales a leer”, el estandarte de lucha de Carlos.

 pancasan

 pancasan

 pancasan

 pancasan

 pancasan

 pancasan

 
 

 pancasan