Don Reynaldo Lovo Gadea es un verdadero autodidacta con un talento nato para fabricar zapatos. Con más de 35 años de experiencia, se puede dar el lujo de decir que sus diseños son tan conocidos como la calidad del café que produce Jinotega.

Con 65 años entre pecho y espalda, don Reynaldo tiene miles de anécdotas en el mundo de la talabartería y zapatería, oficio al que se vinculó sin proponérselo.

Su historia es poco común, se crió entre los cafetales de Matagalpa y Jinotega, cuando sus padres, desde agosto de cada año, se trasladaban de su comunidad Abisinia a las haciendas para buscar trabajo como recolectores entre los meses de noviembre, diciembre y enero.

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Su infancia y adolescencia la vivió entre los cafetales y la producción de granos básicos. En ese camino nunca tuvo una relación con las cuchillas, con los cueros, con las agujas o cualquier herramienta que le revelara que se ganaría la vida haciendo botas, zapatillas, billeteras o bolsos.

Un día de tantos a los 25 años se cansó de trabajar en los cafetales y decidió comenzar a lustrar zapatos y hacer pequeños rumbos para pegar suelas o tacones a sus vecinos. Nadie le enseñó a ser zapatero, se involucró por la necesidad de llevar el sustento a su hogar y a su pequeño hijo que nació seis meses después del triunfo de la Revolución Sandinista.

“Comencé haciendo rumbitos en mi casa, vivía en el campo, en la comunidad Abisinia, ahí comencé cambiando un tacón, una suela. Yo solito aprendí”, cuenta Reynaldo.

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Cada vez que iba al mercado de Matagalpa a comprar materiales para hacer sus rumbos, el joven Reynaldo se quedaba charlando con los zapateros, las pláticas muchas veces se extendían por varias horas y lo hacía apropósito, se quedaba observando cómo se elaboraban las botas y las zapatillas.

Esas largas horas de observación para aprender el oficio, si valieron la pena, don Reynaldo pasó de lustrar o pegar suelas, a fabricar zapatos y aunque los primeros, recuerda salieron “muy chuecos” no se desesperó, ya había encontrado su verdadera vocación; ser zapatero.

En los primeros años de la Revolución Sandinista, en el año 1983 decidió mudarse de Abisinia a Matagalpa, ahí se involucró con una cooperativa de rumberos y zapateros, fueron años de aprendizaje y de mucho provecho.

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“Le agradezco mucho a la Revolución, porque cuando yo comencé yo hacía mis zapatos todos pandos, pero se vendían rápidos, la gente hacía fila y eso me llenó de mucho entusiasmo, porque lo que me gustaba estaba dando frutos”.

Involucrarse con la cooperativa de rumberos, fue el punto de apoyo que ayudó a Don Reynaldo a perfeccionar su técnica, pues las instituciones de la época ayudaron mucho con capacitaciones.

En Matagalpa los zapatos y botas que elaboraba don Reynaldo fueron adquiriendo fama, primeramente entre los cafetaleros y ganaderos, que demandaban muchos las botas de diferentes estilos, pero en especial las “Botas Sandino”.

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35 años después de la primera vez que puso una suela, este hombre de buena platica, tiene su propia marca Calzado Lovo, que se fabrican en su taller que se ubica en el mercado municipal, contiguo a la sede Los Pipitos de Jinotega.

En este taller, donde es apoyado por su hijo Harbin Lovo, se producen las llamadas Botas Tubo, Botas Sandino, zapatillas de meter o de amarrar, zapatillas para mujer, fajas de diversos estilos y billeteras. El material es de primera calidad, utiliza cuero guatemalteco y nacional, porque aseguran son los mejores de Centroamérica.

Desde hace seis meses don Reynaldo Lovo Gadea, es atendido por la Dirección de Pequeños Negocios del Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa (MEFCCA), institución que le viene capacitando en diversos temas, principalmente en la administración de negocios, registro de marca y comercialización.

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Ya tiene patentado sus zapatos y ha creado la marca Calzados Lovo, la que vendrá acompañada de un novedoso logo que está siendo diseñado por los expertos del MEFCCA.

“Me siento orgulloso del trabajo que hago, todo el tiempo he trabajado con fe y esperanza, de esa manera he salido adelante. Con mi marca espero avanzar, mi meta es escalar mucho más, quiero tener un taller más grande con mejores maquinas y capacitar a mis tres trabajadores”, dice don Reynaldo que junto a su esposa logró dar educación y trabajo a sus tres hijos, dos varones y una mujer.

De los dos varones, solamente Harbin se ha encantado por la zapatería, y al igual que su padre, también puede hacer todos los estilos de zapato que Calzados Lovo ha patentado.

“La competencia es fuerte, pero uno debe mantener contento al cliente, eso se lograr dando buen servicio, con zapatos o botas de calidad, con excelentes diseños y con materiales de calidad, de esa manera hemos logrado el éxito”, destaca Harbin.

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