La misa solemne realizada en el auditorio de la Universidad Católica (UNICA) fue oficiada también por Monseñor Eddy Monseñor Montenegro y Monseñor Francisco Castrillo.

La celebración  fue parte de los centenares de oficios celebrados desde tempranas horas de este miércoles en los templos católicos de Managua y todos los departamentos del país.

Durante el oficio religioso en la UNICA, el Cardenal Miguel resaltó que la Cuaresma es tiempo de oración, penitencia y ayuno.

“Estamos comenzando la Cuaresma”, anunció el alto prelado católico al marcar el inicio de 40 días de ayuno y oración para miles de nicaragüenses.

“Cuarenta días estuvo Moisés en el desierto, 40 años dicen que duró el diluvio y 40 días estuvo Jesús también el desierto, orando”, añadió su Eminencia Reverendísima, ante centenares de jóvenes estudiantes de la universidad Católica.

“La Cuaresma comienza con el Miércoles de Cenizas, las cenizas en la frente nos recuerdan que con el tiempo nos vamos a convertir en polvo”, recordó.

“Conviértete hombre o mujer y cree en el Evangelio. Convertirse significa cambiar de vida, vernos si somos pecadores…pero convertirse consiste también en ver cómo acercarse al Sacramento de la Reconciliación; confesar sus pecados y el sacerdote levanta nuestra mano y nos dice: Yo te absuelvo de todos tus pecados”, indicó.

Señaló que las cenizas que se ponen en la frente de los fieles este día, se obtienen quemando las palmas del año pasado, las que se usan el Domingo de Ramos, esto nos recuerda que lo que fue signo de Gloria, pronto se reduce a nada, rememoró el alto prelado.

“La Iglesia invita a todos sus hijos a inclinar la cabeza para recibir la ceniza en señal de humildad y para pedir perdón por nuestros pecados”, añadió el Cardenal Miguel.

“Al mismo tiempo nos recuerda a todos que en pena de nuestras culpas, un día tendremos que volver al polvo”, dijo.

“Pecado y muerte son los frutos amargos e inseparables de la rebeldía del hombre ante el Señor”, recalcó.

Acotó que la Iglesia al invitar a sus fieles a meditar sobre estas realidades dolorosas “no quiere hundir nuestro espíritu en una visión pesimista de la vida, sino más bien, abrir nuestros corazones al arrepentimiento y a la esperanza”.

“La Cuaresma prepara a los fieles para la celebración del Misterio Pascual, en el cual precisamente Cristo salva al hombre del pecado y de la muerte eterna. Y transforma a la muerte corporal en un paso a la vida verdadera, a la comunión beatífica y eterna con Dios”, enfatizó.

“Es decir, volver a Dios con más fervor, venciendo aquellas debilidades y flaquezas que disminuyen nuestra orientación total hacia él”, insistió.

“La Cuaresma debe ser un tiempo de ayuno, penitencia y de vigilancia sobre nosotros mismos, conscientes de que la lucha contra el pecado no termina nunca, que la tentación es una realidad de todos los días”, concluyó.