Hay muchas razones para estar inmensamente agradecidos por la distinción que hizo Dios al prestarnos por un buen tiempo a nuestro hermano, padre, Canciller de la Dignidad y hombre de partido: Miguel D´Escoto Brockmann, quien se fue este junio de lluvias, porque siempre fue un hombre viajero.

Creo que la más importante de las razones es haber considerado al género humano, que lejos del dogmatismo, aportó una visión entre la paz y la esperanza. Siempre dijo: “podemos presentar en la diestra el acero de la guerra o el olivo de la paz”.

Miguel derrotó el miedo y bien supo que solo el que se atreve vence. Escribió algunos de los mejores momentos y más conocido por el mundo: su amor por el prójimo, su tolerancia y su fe inquebrantable.

Por lo demás enfrentó animales raros, dictadores estrafalarios, guerras malditas, miserables infrahumanas, hambre que mata, sed que deshidrata, explosivos que despedazan… pero ni lo asustaron!!

Seguro que está al lado del Señor, como el ángel más hermoso del cielo. No temas hermano Miguel, tal vez superemos los temores, y encontremos la ternura que te dio valor para ser solidario con los demás.

El padre Miguel - de la orden Maryknoll – en 1953 ingresó en el Seminario de la Sociedad Misionera y en 1961 fue ordenado sacerdote. Deseo que lo acompañen las flores amarillas que amó el poeta chileno Pablo Neruda; que lo acompañen las mariposas rojas que soñó el escritor colombiano Gabriel García Márquez, y que lo acompañe un viento de paz como las palabras de papa Francisco.

Mis condolencias a su estimable familia, a los hermanos del Frente Sandinista, y particularmente a nuestro Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional.