Kevin M. Cahill, traducido de la revista America, 7 de septiembre 1985

transcrito del libro “Un Puente tendido hacia la Paz”, Kevin M. Cahill, Editorial Nueva Nicaragua, 1989

La medicina es una profesión inigualable, la única quizá que allana el acceso instantáneo y total a lugares en donde tal vez podría hallarse desconfianza hasta hostilidad Las profundas diferencias de nacionalidad no separan al médico del paciente, y el puente tendido hacia el entendimiento que parece ser tan elusivo a políticos y diplomáticos que viven entrampados en una enmarañada telaraña tratando de descubrir el camino que lleve al poder, puede encontrarse en esas angustias comunes como son el dolor, el sufrimiento y la curación.

Esta convicción de que la medicina ofrece una extraordinaria oportunidad en la diplomacia internacional fue expuesto en el libro The Untapped Resource (1971), publicado por la Editorial Maryknoll, Orbis Books. El autor fui yo y el publicista fue el padre Miguel d’Escoto, M.M. Él es ahora Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua y yo, médico norteamericano, tuve a mi cargo el cuido de las complicaciones médicas de su ayuno total de casi un mes.

El padre d’Escoto tomó sólo agua en un ejercicio espiritual mediante el cual trató de concentrar la atención mundial sobre los efectos que estaba produciendo la política exterior estadounidense en su país. La tesis que catorce años atrás desarrollábamos apasionadamente nos ofrecía ahora una oportunidad personal para aplicarla.

El nivel de mutua incomprensión y de la retórica inflamatoria visto en recientes escritos estadounidenses nicaragüenses recogió velas mientras yo medía la menguante tensión sanguínea y el decreciente flujo urinario. Mezcladas con discusiones sobre los efectos de la inanición surgían pláticas sobre el significado de la democracia y la independencia.

El estetoscopio era símbolo de decencia y clave en una tierra convulsa cuyo joven gobierno trataba de arreglar de manera independiente sus problemas – heredados – de pobreza, ignorancia y enfermedades sin paralelo en Centroamérica.

La confianza y cariño con que fui recibido en Nicaragua nacían de los servicios que yo había prestado durante el terremoto que, en 1972, destruyó Managua. Sospeché, sin embargo, que eso fue un reflejo de un ardiente deseo de paz con dignidad, la preferencia del diálogo y no la destrucción, y la creencia de que la tolerancia debía ser producto de una gran nación enfrentada a un gobierno orgulloso pero pobre y confesadamente inexperto.

Entre visita y visita hechas al padre d’Escoto tuve horas de conversación con el Presidente Daniel Ortega y conocí a líderes espirituales – obispos, monjas y sacerdotes – procedentes de todas partes de América que también ayunaban acompañando al padre d’Escoto.

Y algo profundo ocurría en esa sencilla iglesia techada de zinc corrugado sin pintar de de paredes chorreadas. Encarnadas en la esquelética estructura física de un sacerdote que ayunaba estaban las frustraciones y la amargura de campesinos largamente oprimidos y de los que luchaban en pro de sus derechos humanos básicos. Mezclado con el estancado mal olor de un cuarto para enfermos, allá en el trópico se sentía el cálido perfume del amor. La seguridad de que estaban al punto de realizarse las aspiraciones de América Latina permeaba a los allí reunidos.

Puede que sea difícil medir la fuerza que emana de una congregación como ésa, pero presumo que los vientos políticos que hoy barren Perú, Uruguay, Brasil y Argentina, soplan ahora con más fuerza por el ayuno de Miguel d’Escoto, y que no amainarán. La herramienta espiritual tan eficazmente utilizada por Gandhi estaba uniendo a los pueblos oprimidos allende las fronteras provincianas.

Estas experiencias vistas por mi en Nicaragua confirman mi creencia de que la medicina y otros pasos de adelanto dados por la humanidad ofrecen in ingente recurso de diplomacia internacional. Puede ser que muchos médicos rehúsen dar pasos que vayan más allá de los parámetros uniformes y seguros del cuido clínico. Por supuesto que no estoy sugiriendo que la mera adquisición de un diploma médico faculte a uno para ejercer la delicada disciplina de la diplomacia, especialmente en el veleidoso mundo del trópico. Más la historia y la filosofía de la medicina apoyan a los que con sensibilidad y humildad, se dan cuenta de que no hay fronteras inflexibles que limiten nuestra profesión.

La confianza y el cariño dados al médico pueden ser uno de los nuevos puentes urgentemente necesitados en los mutuos esfuerzos que hacemos en busca de una mayor seguridad, y de paz. Comprendiendo y haciendo realidad los sueños de los que padecen hambre, podemos hallar soluciones o por lo menos paliativos, en donde han fracasado los métodos tradicionales.

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