El jueves 8 de junio, el pueblo nicaragüense y millones de antiimperialistas en todo el mundo fueron sacudidos por la no por esperada menos triste noticia de la partida hacia otro plano de la existencia del Padre Miguel D'Escoto Brockmann, un hombre de carácter dulce y amable, pero irreductible luchador al lado de los pueblos contra el imperialismo.

Fallecido a los 84 años, el Padre Miguel dedicó su existencia a vivir el Evangelio de la lucha contra Roma al lado de los pobres. De familia acomodada y católica en la Nicaragua subyugada por los Estados Unidos y la corrupta tiranía somocista, supo aprender lo mejor de las enseñanzas de su madre para buscar lo más puro del mensaje de Jesús.

Nació y estudió en las entrañas del imperio. Fue sacerdote Maryknoll, periodista, revolucionario, diplomático, estadista e intelectual. En los años 60 del siglo pasado, trabajó organizando a los pobladores de los barrios marginales de Santiago de Chile.

En 1973, en Nicaragua, organiza FUNDECI, una de las ONGs más antiguas del país, para impulsar proyectos comunitarios de vivienda entre los sectores populares – una actividad inserta en la lucha revolucionaria contra la dictadura. En 1975 se une al Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En 1977 el Padre Miguel formaría parte del Grupo de los Doce, compuesto por personalidades nicaragüenses en oposición frontal a la dictadura y con posiciones cercanas a la guerrilla. Este grupo jugó un papel fundamental para derrotar los intentos estadounidenses de impedir una salida revolucionaria a la crisis del país.

Entre julio de 1979 y abril de 1990, Miguel D'Escoto fue canciller de la Nicaragua revolucionaria, un puesto en el que destacó al frente de la política internacional de una pequeña nación de agricultores enfrentada al imperio más poderoso de la tierra.

En ese período jugó un papel esencial en la gran victoria diplomática, única en la historia, cuando Nicaragua le ganó un juicio a los Estados Unidos ante el tribunal de La Haya a causa de la guerra terrorista financiada y dirigida por Washington. Además, el Padre Miguel tuvo un rol central en los exitosos procesos de paz de Contadora y Esquipulas, que llevaron a la sobrevivencia de Nicaragua como nación independiente y soberana.

Asimismo, es imposible pasar por alto el papel que con su carácter, con su compromiso internacionalista y con su valor humano, el Padre Miguel jugó para construir un movimiento amplio de solidaridad mundial con la Nicaragua revolucionaria.

Este tipo de compromiso le valió al Padre Miguel la ira de los poderosos de su tiempo. En 1983, la CIA intentó asesinarlo con una botella de licor envenenado, y en 1984, el Papa Juan Pablo II lo suspendió del ejercicio del sacerdocio junto al resto de religiosos católicos que tenían puestos de responsabilidad de el gobierno. Esa suspensión fue desautorizada y anulada por el Papa Francisco recién en el año 2014.

Cuando el Frente Sandinista regresó al poder en el año 2007 se desempeñó como asesor del Presidente y Comandante Daniel Ortega Saavedra en temas de política internacional, y en el año 2008 fue electo presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Firme defensor del derecho a la autodeterminación de los pueblos, y firme en su condena al imperialismo, el Padre Miguel no escatimó esfuerzos en su condena al régimen sionista de Israel, ni a las guerras de la OTAN contra los pueblos, especialmente contra la intervención en Libia y en Siria, contra el bloqueo criminal de los Estados Unidos a Cuba, contra el golpe al gobierno de Manuel Zelaya en Honduras, y contra todos los intentos de desestabilización de Venezuela y de los demás países del ALBA.

“La crisis por la que atraviesa el mundo actualmente no es fundamentalmente una crisis financiera ni económica, sino una crisis ética, una crisis de amor”, decía el Padre Miguel D'Escoto, para quien Fidel, Hugo, Evo, Daniel, Rafael y tantos otros, no eran ni son solamente líderes políticos de los pueblos latinoamericanos, sino encarnaciones de los apóstoles.

En su nota de prensa anunciando la triste noticia, el Gobierno de Nicaragua resumió así el mensaje del Padre:

“Un Mundo Mejor, un Mundo de Amor, és posible, inaplazable, imprescindible...! Ese fue el Lema de Miguel, Padre, Misionero, Canciller excepcional, Compañero, Patriota, nicaragüense, por Gracia de Dios, y asumió plenamente hasta sus últimos minutos el Compromiso de Batallar sin cansancio, sin cobardías, sin dobleces, por ese Mundo y esa Nicaragua, que queremos y debemos hacer, entre tod@s, Mejor.”

¡Compañero Miguel D'Escoto Brockman: Presente!