Mensajes en la Misa en Memoria del Padre Miguel D´Escoto Canciller de la Dignidad. 9 de Junio del 2017:

Mensaje del Hermano Miguel Ángel Casco

Jesús tenía varios Amigos y Amigas a quien él amaba con el Alma, la Familia de Lázaro.

Cuando Lázaro muere, las Hermanas María y Marta lo mandan a llamar, y cuando Él llega le reclaman y le dicen: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto”. Porque ellas entendían que Jesús era la Vida, y que Él amaba mucho a Lázaro.

Incluso, es el único momento en el cual los Escritores Sagrados revelan que Jesús lloró (San Juan 11:35) Y Jesús lloró al ver a las Hermanas de Lázaro impotentes ante la muerte.

Es en ese momento, cuando Lázaro ha muerto desde la perspectiva humana, que Jesús hace una declaración que tiene vigencia por todos los siglos. En San Juan 11:25 él declara: “Yo Soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.

Una afirmación que se convierte en la Llave que abre la Historia misma, y hoy, en este momento en que estamos acá con nuestro Hermano Miguel, que él ya físicamente su Espíritu no está en el Cuerpo, queremos recordar para todos nosotros esa declaración firme y fiel de Jesús, cuando Él categóricamente asume el Apostolado, la Misión y el Compromiso de ser la Resurrección.

¡Jesús es la Resurrección! O sea, la Resurrección no es un proceso o un acto... ¡Jesús mismo es la Resurrección! Es por eso que Él afirma: “Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí,” esa es la condición, “el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Por eso es que hoy, desde la Fé afirmamos que nuestro Hermano Miguel no ha muerto... ¡él vive!

Teológicamente se podría decir que está en el Sueño del Camino y del Valle de Muerte del que nos habla el Salmo 23, que todos transitamos por ese Valle. Aun Jesús transitó por ese Valle de Muerte, pero no se quedó en la tumba, como tampoco nuestro Hermano Miguel se quedará en la tumba; porque llegará el momento, la hora, el día, en que los muertos en Cristo Jesús resucitarán, para recibir en plena Gloria lo que nuestro Hermano Padre Antonio decía, “al revisar los talentos y las tareas que te di, ven buen siervo, en lo poco fuiste fiel, en lo mucho te pondré, entra al Gozo de tu Señor”.

Hay otra versión bíblica que dice: Entra al Reino de tu Señor. Ambas son válidas, porque quien está en el Reino de Dios, está en el Gozo, en la Plenitud de la Vida.

El Rey de Reyes y Señor de Señores mandó a llamar a su hijo Miguel; y cuando el Rey nos llama, nadie puede detenerse; no le puede decir: “Mañana, o pasado mañana”. Pero el Rey te llama para un banquete. Es por eso que el Salmo 23 dice: “Aderezas mesas delante de mí”.

Hermanos y Hermanas, es verdad, ya no tendremos físicamente al Padre Miguel, que realmente no hay palabras que puedan describir la Misión y la Acción de él. Él pastoralmente era un Sacerdote Ecuménico, porque Jesucristo también fue Ecuménico; Él no hizo diferencias entre griegos, gentiles, y judíos. Porque el Señor es Uno Solo.

Por eso es que nos gozábamos cuando íbamos a las celebraciones de los Cumpleaños del Padre Miguel, y hacíamos la Celebración Ecuménica, celebrando su Cumpleaños.

Hoy estamos celebrando algo trascendente, trascender de esta Materia, de este Cuerpo Humano que nos sujeta; trascender a una Dimensión Superior, Dimensión Espiritual; y que si Dios se lo permite, porque Él está en su plena Voluntad de permitirlo, Él puede ver cómo aquí sus Hermanos y Hermanas entonan la Misa Campesina. Y estamos aquí, juntos, para comprometernos mínimamente a seguir su ejemplo, por lo menos un 5%, porque es difícil poder imitar a un Hombre de esa estatura, así como es difícil imitar a muchos Santos de la Cristiandad.

[email protected], quiero que en nuestra Mente y en nuestro Corazón quede este Pensamiento: Nuestro Hermano Miguel no ha muerto... ¡Él vive! Jesús es la Resurrección y la Vida, y el que cree en Él, dice, “no morirá”.

Quiero recordar el Salmo 23 que a él le gustaba mucho, y decirle: Hermano Miguel, el Señor es tu Pastor. En Valles de Lágrimas y de Muerte Él te sustentará; su cayado te infundirá aliento. Y Él hoy prepara mesa... Adereza mesa delante de ti.

Gracias por tu ejemplo. Gracias por tu inspiración. Gracias por ese Legado. Y gracias a Dios... Ayer, cuando el Padre Uriel me llamó, yo en mi corazón le dije: Dios, gracias por este hombre, por este gran hombre que tuvimos en Nicaragua, y en el Mundo. Gracias, por habernos dado el privilegio de haber conversado con él.

Es verdad, no anduvimos con los Apóstoles, no anduvimos con Jesús en las calles, pero él ha sido para nosotros un ejemplo digno de imitar en la Fé, en el Compromiso, en la Solidaridad.

Que él Señor nos bendiga a todos, y nos conforte. Es verdad, hay momentos como este que humanamente no hay palabra que llene el vacío. Solo Jesús Nuestro Señor, dice, Él enjugará las lágrimas de los que sufren. Que Él nos dé Fortaleza y nos dé Confianza y Seguridad, y saber de que como Creyentes en el Señor de la Vida, creemos en la Resurrección. Cristo es nuestra Primicia. Él es nuestra Resurrección, y nosotros también creemos en esa Resurrección.

A Él sea la Honra, la Gloria, el Poder, por los siglos de los siglos. Que el Señor les bendiga y nos bendiga a todos.

Mensaje del Padre Antonio Castro

Lectura de la Carta de San Pablo a los Cristianos de Corinto, Capítulo 15. Dice: “Hermanos, les voy a revelar un misterio : No todos vamos a morir, pero todos seremos transformados en un instante, en un abrir y

cerrar de ojos cuando suene la trompeta final. Porque esto sucederá, los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Lo que es corruptible debe revertirse de incorruptibilidad, y lo que es mortal debe revertirse de inmortalidad.

Cuando esto corruptible se revista de incorruptibilidad, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la Palabra de la Escritura, la muerte ha sido absorbida por la Victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu Victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? Lo que provoca la muerte es el pecado, y lo que da fuerza al pecado es la Ley. Demos gracias a Dios que nos ha dado la Victoria por Nuestro Señor Jesucristo. Palabra de Dios.

¡Qué bonitas Palabras de Esperanza que nos da el Apóstol Pablo! Nos habla de la Vida. La muerte, dice Pablo, ha sido absorbida por la Victoria. Y Pablo dice que nosotros creemos en Cristo, no porque murió, sino porque resucitó. Ahí está el secreto. Porque Él resucitó, nosotros creemos. Si Él no hubiese resucitado, sería vana nuestra Fé; creeríamos en Jesús como un Hombre que pasó por el Mundo haciendo el Bien, nada más, pero que se murió, y lo enterraron.

Sin embargo, Él no se quedó clavado en una cruz, ni tampoco enterrado en un sepulcro... ¡Venció la muerte! ¡Venció el sufrimiento! ¡Venció la cruz! ¿Cómo lo vence? Resucitando. El verbo mismo lo dice: ¡Resucitar! Es decir, suscitó una nueva realidad diferente, una nueva realidad; de Temporal suscita algo Eterno, de Material surge algo Espiritual; de lo corruptible surge lo incorruptible, pasando por la muerte.

Es claro que a nadie nos gusta pasar por la muerte, ¡ni siquiera Jesús lo quería! Cuando se acerca su Hora, le entra miedo, temor, y le dice a los Discípulos: “Mi Alma está triste, está afligida”, y le pidió al Padre: Padre, si es posible aparta de mí esa Hora; pero si con esa Hora voy a glorificarte, para eso he venido, para la plenitud, para la glorificación, para el Reino absoluto y pleno en Dios.
Entonces, para los Creyentes la muerte no es el final, es una transformación, hacia lo absoluto, hacia la plenitud, hacia el Reino. Pablo lo expresa claramente: Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara a una Gloria Eterna.

Sabemos que si esta tienda de campaña, nuestra morada terrenal es destruida, tenemos una Casa permanente en el Cielo, no construida por el hombre, sino por Dios. Y esa Casa no vamos a esperar el último día para buscarla; vamos a construirla ¡desde ya! Miguel, Sabio, Santo, Inteligente, construyó esa Casa Eterna, esa Plenitud, desde que nació, con esos Sentimientos y esos Valores Cristianos llenos de Amor.

No recuerdo en qué Libro, Revista, o algo, escuché de él, era una experiencia de él, siendo un niñito, decía, talvez de 7 años, que miraba en un supermercado, en los basureros gente muy pobre recogiendo restos de comida que botan los supermercados. Y él le pregunta a su mamá: ¿Por qué recoge la basura esa gente? Bueno, le decía ella, porque son muy pobres, sus padres quizás no tienen trabajo, no tienen oportunidades.

Y ese sentimiento que desde su niñez expresaba, lo liga, lo compromete a una lucha para liberar a los pobres de la Pobreza, de la enfermedad; desprendiéndose totalmente de lo mucho o poco que él tuviese; desprendiéndose de su propia vida.

Se va de Maryknoll a estudiar. Trabaja en Chile tantos años en favor de los pobres, en las barriadas, en las favelas de los más pobres. Se viene a Nicaragua, igualmente, con los Proyectos en favor de los más pobres, y aún más, no solamente haciendo Obras y Acciones de Orden Social, sino desde la dirección de los que manejan la Cosa Pública llevar una transformación de la mente, una transformación de actitudes, transformación de los Sistemas Sociales, Políticos y Económicos.

Por eso vemos su experiencia en este Libro que él me regaló: “La Reinvención de la ONU”... Lindo, precioso es el Libro, y estaba subrayando algo sobre su experiencia que él escribía.

Dice: “Otras experiencias también me fueron de mucha utilidad, entre estas puedo incluir mi Servicio como Canciller de Nicaragua, Revolucionaria por más de una década, enfrentando la guerra contrarrevolucionaria, inventada, organizada, equipada y dirigida por los Estados Unidos.

El haber interpuesto una demanda contra los Estados Unidos por su agresión terrorista contra Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya, que logró la condena más fuerte en la Historia de la Justicia Mundial contra cualquier agresor imperialista”.

¡Imagínense, el pequeño David enfrentándose a un gigante, al Poder Económico- Político más grande en el Mundo! Como David derroca a Goliat, con la Ley, con el Derecho, poniendo en su lugar, sin ningún respeto humano, a quien debía de poner en su lugar.

Otra experiencia que menciona Miguel: Su Servicio como Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas de Septiembre de 2008 a Septiembre de 2009, y su Servicio actual como Miembro del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. Esas dos experiencias riquísimas, en Servicio, en favor de la Humanidad, aceptando incluso la suspensión A Divinis como Sacerdote, para ser fiel a la Causa del Evangelio, a la Causa del Reino de Dios, que es la Causa de los Pobres.

En medio de la incomprensión, en medio de la exclusión, en medio de la tormenta, o tormentosa vida de verse privado, como decía hoy el Cardenal Brenes, de celebrar lo más Sagrado para un Cura y un Cristiano, la Eucaristía. En medio de eso, su Eucaristía, su Sacrificio fue el verse privado de eso, pero entregar su Vida por la Causa de la Paz, no solo de Nicaragua sino del Mundo entero, de los Países, especialmente de América Latina.

Eso hoy, Hermanos, es motivo de alegría, saber que Miguel no se presentó ante Dios con las manos vacías... “Tantos Talentos me diste, Señor; aquí está lo que vos me diste”. Conocía muy bien el Padre Miguel toda la realidad, siempre en sus labios tuvo actitudes de Perdón, de Misericordia, con los demás.

Perdónalos, Padre, decía Jesús, porque no saben lo que hacen, no saben lo que dicen, no saben lo que están haciendo. Y veo a Miguel caminando 300 kilómetros desde Jalapa hasta Managua, haciendo Conciencia en cada Región, en cada pueblito, en cada grupo, en cada lugar, de la necesidad de la Paz, de la necesidad del Respeto, de la necesidad de la Vida, de la necesidad de parar inmediatamente una agresión contra nuestro Pueblo.

Ahí estaba el Padre Miguel, en medio de la incomprensión de su Jerarquía, en medio de la incomprensión de otros, con intereses creados; en medio de todo eso, supo vencer todos esos temores para después ver los frutos. Y lo vimos en el ayuno de 40 días, allá en Monseñor Lezcano, 40 días absolutamente sin comer ni beber nada, más que agua y limón, o qué sé yo, para cuidarse un poco. Movió la Conciencia del Mundo, movió la Conciencia de la Iglesia misma.

Por eso, en medio de esa incomprensión creo que logró, al final, habiendo considerado todo eso, el Papa Francisco le regala, le da el levantar la suspensión que tenía. Aun en medio de la suspensión Miguel era un Hombre de Oración; su Breviario, su Liturgia de las Horas, su Celebración Eucarística con el Padre Uriel cada Domingo, cada semana, celebrando la Eucaristía juntos, con la Familia y con él. Es un Signo de Vida, un Signo de Amor, Signo de que no hay odio, no hay resentimiento, no hay rencor, absolutamente nada. ¡Simplemente Amor!

¡Qué Felicidad cuando el Papa Francisco le regala el Derecho de Celebrar la Eucaristía!

Pasamos un tiempo pidiéndole al Cardenal que lo incorporara en la Diócesis, y nunca había tiempo para ninguno de los dos; talvez Miguel estaba fuera, o el Obispo en otros asuntos, pero lo fueron dejando pasar.

Al final, en Diciembre del año pasado le digo al Cardenal: Mire, el Padre Miguel está enfermo, cuidado se nos va a ir y Usted no lo fue a ver. Así que, alístese y vamos a verlo. Sí, me dice, vamos a ir a verlo. Bueno, dígame qué día y yo lo vengo a buscar.

Fuimos el 28 de Diciembre a verlo... Cuidado que es Día de los Inocentes, le digo, y lo va a dejar plantado. No, me dice, vamos a ir. Y fuimos, vieran qué lindo Encuentro, qué precioso Encuentro, de Oración, de anécdotas, de compartir un refresco, de compartir una fotografía, que el Padre muy emocionado, muy contento la envía inmediatamente a su Superior, a Maryknoll... ¡Qué lindo! Así se sintió el Padre Miguel.

Se va en Comunión con la Iglesia Oficial, con la Institución de la Iglesia, y lo más importante, se va en Comunión con Dios, se va en Comunión con el Pueblo, se va en Comunión consigo mismo ante Dios, y la Virgen a quien tanto amaba.

¿Sus hijos? [email protected], y de manera especial, pienso yo en [email protected] [email protected] y Orfebres de San Juan de Oriente. Ahí estaba él compartiendo con todos [email protected], no solamente el Proyecto de elaborar las ollas, qué sé yo, todos esos artefactos, sino el sentimiento, el dolor... Se moría uno, se enfermaba otro, se venía otro problema, ¡ahí estaba presente!

Un día llego a su casa y le digo: Parece hospital tu casa, Miguel. ¿Qué tenés? “Es que tengo un enfermo que vino de San Juan de Oriente y aquí lo tengo. Tengo otro que vino de no sé dónde, y aquí está”. Y él, con sus vehículos, con todos sus recursos, atendiendo a esos enfermos, a esos pacientes. No es cualquiera que lo hace.

Por eso, Miguel, estamos alegres porque estás en el Cielo, y desde allá tenés que ayudarnos, tenés que acompañarnos, tenés que darnos Vida. Ya el Señor le dijo a los Discípulos: “Yo me voy, pero permaneceré siempre con ustedes, hasta la consumación de los siglos”. Por eso nos deja su Espíritu, su Amor, su Herencia más valiosa, que es Dios.

No quiero prolongarme, le decía yo al Hermano Miguel, vamos a hablar 3 minutos cada uno. Disculpen, creo que me pasé, pero pienso que es importante que estemos alegres.

Un día antes que le diera el derrame yo estuve con él en la casa, en la tarde, y dentro de la conversación y todo tranquilo, en su cuarto, me dijo: “Fijate que no puedo apretar la mano, no tengo fuerza”, y no podía casi levantarse. ¿Pero ya le preguntaste al Doctor? Le dije. “No, lo voy a llamar. Esto es síntoma de un derrame...”. Él mismo, sabiéndolo. Pero Miguel sos fresco, llamate al Doctor Rivas o a algún Médico Amigo... “Sí, lo voy a hacer”. Me imagino que se le olvidó, o se descuidó. La cosa es que en la mañanita Manuel estaba llevándolo al Hospital.

Los que se dejan guiar del Espíritu de Dios, esos son los Hijos de Dios. A él
no le importó su Salud, le importaba más un Encuentro que iba a tener con los Artesanos en San Juan de Oriente; a Nivel Internacional estaba preparando los Premios, preparando qué sé yo, toda la Exposición. No estaba pensando en su brazo, estaba pensando más en otras Acciones en beneficio de los pobres.

Miguel, descansa, y te acuerdas de [email protected] en el Cielo. Amén.

Mensaje del Padre Uriel Molina

No crean que voy a hacer un Panegírico, un Discurso largo, ya el Padre Toñito y nuestro Hermano Miguel Ángel han expresado con precisión todo lo que fue nuestro Hermano, el Padre Miguel, en su Vida, como Hombre y como Sacerdote.

Yo aquí estoy sintiendo con ustedes la ausencia de un Amigo, de un Hermano muy querido. Lo conocí a él estando yo en Italia haciendo mi Noviciado cuando me avisaron que había un Personaje que había

llegado a aquel pueblito entre Roma y Asís, y era nada menos que el papá de Miguel que entraba con bombos y platillos y el Convento estaba asombrado de ver tanta magnificencia.

Miguel salió para visitarme, y desde entonces quedamos muy Amigos. Nos volvimos a ver en París, me acuerdo, y cuando yo fui de regreso a Nicaragua para cantar en Matagalpa la primera Misa, él me asistió en esa primera Misa, y llegó con toda su Familia nada menos que una caja de Champán para que la tomáramos en su nombre. Tengo esos recuerdos tan agradables de él.

Se hizo para mí casi como una rutina ir los Domingos a decirle: “¿Querés que celebremos la Misa?”. Entonces me decía él: “Vos la vas a celebrar, pero no yo, porque no tengo el permiso de Roma”. Yo tengo el permiso, le decía yo, pero como que no está reconocido ese permiso.

¿Por qué? Porque, aunque yo había tenido la suerte de ser aceptado en la Diócesis de un Obispo brasileño, eso me daba el derecho a mí para celebrar la Misa; pero en Nicaragua no siempre se entendía eso. Y cuando algún Amigo me invitaba para que yo le celebrara alguna Boda, o algún Acto Litúrgico, encontraba tropiezos en la misma Curia de Managua, porque no me querían dar el permiso, creían que yo era un Padre falso, advenedizo. Miguel supo comprender todo eso.

Ambos queríamos mucho al Obispo Casaldáliga que creo que está vivo todavía. Miguel me invitaba los Domingos, iba a comer con él, pero antes se celebraba la Eucaristía, el uno con el otro compartiendo el mismo Pan Eucarístico, y después el almuerzo.

Ahí aprendí muchas cosas en esa casa: Primero, el Amor que tenía el Padre Miguel por los Pobres, especialmente aquellos que yo conocía de San Juan de Oriente y que
habían plasmado tantas Obras de Arte que hoy se conservan para Gloria de los Artistas de Nicaragua; pinturas bellísimas.

Me enseñó el valor del Arte, y me costaba muchas veces a mí ir cuando me llamaba para que le leyera en voz alta algún Discurso que él había hecho. A mí me costaba mucho porque, como el pobre no podía escuchar bien, entonces yo tenía que doblar mi bocina al máximo, y eso me causaba una incomodidad enorme.

Entonces yo resolví y le decía: “Bueno, voy a hacerte el trabajito, pero me vas a dar una copa de vino siempre, para cuando yo tenga algo malo en la garganta me tome mi copita, y así aprendo. Pasamos muy contentos con doña Rita, su mamá, a quien yo asistí durante su muerte.

Miguel era una persona muy especial y me enseñó a volar muy alto en la Política, queriendo que todo se resolviera de una manera ecuánime en la internacionalidad de las Naciones Unidas.

Él era un poquito mayor que yo, aunque peleábamos un poco por la edad; él cumplía años en Febrero y yo los cumplo en Octubre, así que le voy siguiendo de cerca los pasos, y no me extrañaría, se los digo con toda franqueza, que algún día de estos Papa Chú me llamara para que le haga compañía a mi Amigo que está solo allá. Con gusto, le diría yo. Espero siempre ese momento grande de encontrarme con el Señor, y con Miguel.

Este es un recuerdo agradable para mí, yo sé que él está gozando, yo sé que él tenía gusto por los detalles... Ve, me dice, hoy me voy a poner esta estola que fue bordada por los indios de Quito, Ecuador. ¿Te la querés poner vos?”. Claro, aquí he aprendido a ponerme cosas buenas, ¿pero me la vas a regalar? “Ah no, esa es otra cosa”, me dijo.

Sin embargo, guardo de él un recuerdo muy lindo, me regaló una Purísima de este tamaño, labrada en madera por un Artista de apellido Norori, de Masatepe... ¡qué cosa maravillosa, la Virgen Morena, la Virgen nicaragüense! Y de ese mismo Artista me regaló un Crucifijo que yo guardo en mi casa, en mi pequeña Capilla donde hago mi Oración todos los días.

Para mí, quería participarles, es una gran alegría haberlo sobrevivido, aunque sea por algunos días, porque estoy seguro que él hubiera querido siempre que yo le estrechara las manos cuando nos despidiéramos. Y así quiero también demostrarles a toda la Familia que aquí está presente, cómo me quisieron siempre; fui un Cura siempre bienvenido en esa casa. Nunca fui mal recibido. Por eso yo me siento en Familia, y algunos se equivocan y me dan el pésame también a mí... ¡Dénmelo, porque Miguel era mi Hermano!

Gracias a ustedes, que han escuchado ese Testimonio de lo que es una gran Amistad con el Padre Miguel. Que Dios lo tenga en su Santo Reino. Así sea.