Al son de La Mora Limpia, fue despedido por amigos, familiares y el pueblo nicaragüense el Padre Miguel D'Escoto (Q.E.P.D.) quien fue sepultado este viernes en el Cementerio General de Managua.

Las lágrimas rodaron por los rostros de quienes ya no lo tendrán en persona, pero sí en sus recuerdos y en cada una de las enseñanzas que el Canciller de la Dignidad les compartió.

Frente a su sepultura, su fiel amigo y hermano espiritual y de pensamiento, el padre Uriel Molina, entre sollozos recordó los vínculos que por muchos años los unió, tiempo en el que compartieron alegrías, prolongadas conversaciones y como todos buenos cristianos, el alimento, mismo que para Molina era el mejor, pues era brindado con amor, solidaridad y hermandad.

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No es fácil despedir a un amigo, entre esa tumba y nuestra convivencia humana nos separa una eternidad, pero quiero usar para palabras de la Iglesia Católica que cita; venid en su ayuda Santos de Dios, salid a su encuentro Ángeles del Señor, Cristo que te llamó te reciba y los Ángeles rodeen tu cuerpo para que no sufras ningún daño, ni una caída, ni un tropiezo”, manifestó.

“Miguel, quiero darte las gracias por todo lo que oí que fue tu vida hoy, muchas cosas de ti ya las sabía, pero necesitaba que alguien más me las dijera, en tu casa yo fui todo, tu comensal, nunca regresé a mi casa con el estómago vacío, siempre me invitaste a platicar, hablar de política, religión, nunca hablar mal de la gente, recuerdos que los conservaré vivos”, expresó tristemente Molina.

Durante el sepelio del Canciller de la Dignidad, sus amigos y quienes defendieron junto a él, la causa de los pueblos humildes desde determinadas trincheras, afirman que el Padre Miguel siempre fue un hombre que guió sus actos bajo las leyes divinas, respetando el derecho de los demás, pero sobre todo desarrollando acciones con sentido de cristiandad y amor.

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“Hemos vivido y luchado junto a él, gracias a su ejemplo logramos cooperar con hermanos del Frente Sandinista para evitar un atentado contra la vida del propio padre y en esa jornada conocí a tanta gente hermosa. Hoy no lo estamos despidiendo, sino que le estamos agradeciendo infinitamente por su vida y por haberme otorgado la oportunidad de conocerle y ser nuestro Canciller de la Dignidad”, destacó Patricia Rodas, Ex Canciller de Honduras.

El Padre D´Escoto no solo fue un ejemplo de lucha, sino un ejemplo de padre amoroso, entregado a la familia y gran promotor del respeto, valores que compartió con su hijo adoptivo, a quien le brindó el más grande ejemplo de amor por la humanidad y por el prójimo.

“Él me brindó ese amor de padre que nunca tuve, me enseñó a ser un hombre de bien, lo primero que me enseñó fue a no mentir, dejar la envidia a un lado y servirle al pueblo a como lo hizo él en sus años de vida. Otra de las grandes enseñanzas que me brindó fue la lectura constante de la Biblia, libro del que aprendí a no creer en el que habla mentiras y espero ser como mi padre y servirles a los pobres”, dijo Manuel Gutiérrez, hijo adoptivo.

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