El fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya le quitó a Colombia entre 75.000 y 90.350 kilómetros cuadrados de mar y amplía la jurisdicción de Managua sobre un área marítima rica en recursos petroleros y pesqueros. Sin embargo, también ratifica la soberanía colombiana sobre los siete cayos reclamados por Nicaragua, incluyendo las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

La reacción del gobierno colombiano fue clara pues el presidente Juan Manuel Santos se posicionó desde el primer momento:  “la Corte cometió errores graves” e incurrió en  “omisiones, errores, excesos e inconsistencias”.

La postura del gobierno


De todas formas, el gobierno no tiene una salida fácil. Si acepta el fallo quedará ante los sectores ultranacionalistas como un gobierno débil incapaz de defender al país. Si nr lo acepta, queda como un paria internacional. Por ahora el camino emprendido ha sido la vía de en medio: se acata el fallo pero se tratarán de varias algunos de sus aspectos.

El mandatario colombiano Juan Manuel Santos y su ministra de Relaciones Exteriores, María Angela Holguín, en San Andrés.

Por eso la canciller, María Ángela Holguín, dijo al diario EL TIEMPO que el gobierno buscará “todos los recursos jurídicos para probarle a la Corte que desconoció derechos que estaban contemplados en las normas internacionales y desconoció pruebas contundentes que probaban nuestros derechos”.

Para la ministra “en el momento, continuamos examinando todos los cursos de acción posibles. No hemos dicho que no acatamos el fallo. Somos respetuosos del derecho internacional. Somos un país que vive dentro de una comunidad y como tal somos respetuosos de ella. Mientras tanto, estamos rechazando unos apartes específicos del fallo. Queremos comprender cada una de las connotaciones que tiene ese fallo para el archipiélago, para nuestra soberanía. Ya lo estamos estudiando. Son más o menos 180 páginas, y queremos decir por qué nuestra posición”.

Pese a esta postura aparentemente dura del gobierno santista, todo indica que el ejecutivo colombiano no se saldrá  de la institucionalidad internacional y acabará aceptando lo acordado en La Haya.

Como señala la revista Semana “Colombia, en teoría, tiene dos cartas: acatar o desacatar el fallo. Si bien, mientras los ánimos sigan caldeados, se seguirá hablando de desacato, en realidad la única salida sensata es aceptar el fallo. No solo porque es lo más práctico –desacatar es mucho más grave que acatar–, sino porque la tradición del país ha sido el respeto por las leyes. El mismo presidente Santos, en su alocución del día del fallo, prácticamente descartó el desacato. “Pueden tener la seguridad de que obraremos respetando las normas jurídicas –como ha sido la tradición de nuestro país–”, fue su última frase esa noche”.

La efervescencia nacionalista

Pero toda esta polémica ha dado lugar al surgimiento de sentimientos nacionalistas como ya alertaba José Orlando Melo en el diario El Tiempo: “el nacionalismo colombiano es muy depresivo: nos sentimos colombianos cuando nos tratan mal, nos discriminan, nos creen narcotraficantes o delincuentes. Y es masoquista: se alimenta con las derrotas de la selección Colombia o con el mito de que Colombia perdió grandes territorios con los países vecinos”.

Este historiador recuerda que persiste ese masoquismo a pesar de que “nos quedamos con casi toda la Guajira, que muchos mapas del siglo XIX pintaban como venezolana, y con la tierra entre el Putumayo y el Caquetá, que otros mapas dibujaban en Perú. Y es un nacionalismo al que nunca le preocuparon los pescadores artesanales, aunque hoy los alebreste, pues su modelo de desarrollo es el cemento y el comercio, y que ignora la historia real de las islas … Y ahora ese nacionalismo de banderitas está excitado y pide que no obedezcamos la decisión de la corte, como si fuéramos un país de matones, donde la ley se cumple solo cuando le sirve a uno”.

Álvaro Uribe se alza como referente principal de la oposición a Santos

Y como todo nacionalismo necesita un líder ese puesto parece irlo a llenar Álvaro Uribe.

En su guerra con Santos, le viene muy bien un tema como este que le posiciona en el mapa político como la antítesis del santismo: encarnación de las políticas de mano dura con las Farc  y con Nicaragua.

Así, el expresidente Álvaro Uribe ha levantado la bandera del orgullo nacional (“País que se respete no aceptaría ese fallo … Es más importante la defensa de la soberanía, que acatar un fallo que utilizó su competencia jurídica para derrotar a un país).

En una nación marcada históricamente por la pérdida de Panamá a comienzos del siglo XX estos llamamientos son escuchados: “son riesgos de tensiones, de dificultades y relaciones internacionales, pero todos hay que enfrentarlos (…) La Corte no fijó un límite de aguas, sino que abusó … tenemos que tener un gran sentido de protección y evitar que nos sigan destrozando la patria a jironazos”.

Como se pudo oir en Radio Santa Fe, Uribe cree que Colombia debe no solo no aceptar el fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya sino que debe desconocerlo: “Se lo dije a Santos: Colombia no puede aceptar ese fallo. Tendremos dificultades, pero los afrontaremos”, puntualizó Uribe Vélez, quien sin embargo, no especificó el tipo de dificultades ni la forma de enfrentarlas”

En realidad no se trata de palabras sueltas sino que existe en el país toda una corriente que se adhiere a esta posturas ultranacionalistas. Es el caso de ciertos analistas como Alfredo Rangel vinculado política e ideológicamente al uribismo.

Rangel en la revista Semana señalaba que “el único recurso que nos queda es no acatar el fallo. No hay otro camino ante la contundente evidencia de su carácter antijurídico, absurdo e inaplicable, en un grado tal que no tiene antecedentes desde que esa Corte existe. No es descaminado por eso pensar que ante el evidente dislate jurídico que ese fallo representa, hayan sido factores extrajurídicos los que influyeron en su determinación … Asuntos de orden ideológico como contribuir a hacer más equitativa la distribución de las riquezas naturales entre los países, o defender al débil frente al fuerte, o trasnochadas simpatías izquierdistas con el sandinismo, o el empujoncito de alguna petrolera interesada en la explotación en la zona…”.

Ante estas críticas, el gobierno Santos ha apelado a mantener la unidad y cohesión nacional. En palabras del ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón al diario El Tiempo: “no voy a ser quien continúe incendiando los ánimos y los conflictos entre personas tan importantes en el país. Por supuesto creo que al presidente Santos hay que rodearlo, tanto en un tema tan delicado en política internacional como el que estamos afrontando, como en una visión a largo plazo sobre el cierre del conflicto. Esta es la hora de la unidad nacional alrededor de los grandes temas. Y eso es lo que los grandes líderes deberían estar visualizando”.