Una pesquisa conjunta greco-búlgara, cuyos resultados fueron difundidos recientemente, sugiere que los primeros homínidos vivieron en Europa en vez de Africa oriental, como se supone hasta el presente.

Hace 12 millones de años los últimos ancestros que compartimos con los simios vivieron en el este del mar Mediterráneo, que mucho después los romanos llamarían Mare Nostrum, pero un cambio climático comenzó a afectarlos hasta la extinción, menos a un grupo que emigró para asentarse en los pastos más verdes de Africa oriental.

Una vez allí se dividieron en subespecies de las cuales surgimos nosotros y nuestros primos, los gorilas y chimpancés, señala la hipótesis, que se basa en el estudio de fósiles.

Por esas vueltas de la vida ahora el proceso es inverso: grandes masas de humanos a riesgo de sus vidas tratan de abandonar esa zona del planeta para llegar a donde sea, huyendo de la sequía, las guerras y otros dos jinetes del Apocalipsis, la peste y la hambruna.

Hasta el presente la verdad aceptada es que descendemos de una señora a la que post mortem se le bautizó como Lucy, un ejemplar de Australopithecus afarensis que, por supuesto, era negra, para dolor de los defensores de la supremacía blanca en Estados Unidos y otras esquinas del orbe.

La tesis del doctor Nikolai Spassov, del Museo Nacional de Historia Natural de Sofía, se basa en el hallazgo en Bulgaria de un diente con una antigüedad de siete millones de años, ante los cuales los 2,8 de Lucy la hacen aparecer como una adolescente.

El científico búlgaro no está en una pelea contra los molinos de viento científicos, pues está apoyado por dos colegas, David Begun y Madelaine Böhme, de las universidades de Toronto, Canadá, y Tubingen, Alemania, para quienes el diente perteneció a un simio de la especie Graecopithecus, que era un homínido, el cual por cierto no es un recién llegado a la historia.

En efecto, ya en 1944, mientras las fuerzas nazis que ocuparon Grecia, presionadas por el avance de los Aliados en Europa, cavaban un refugio subterráneo, se dieron de manos a boca con una mandíbula de la especie, que sobrevivió a la prisa, el temor y los avatares del conflicto.

El rasgo más distintivo del fósil es que tenía unos pequeños dientes caninos y está comprobado que el propietario de la mandíbula vivió en un entorno de sabanas secas, un tipo de terreno, que se supone favoreció la evolución de los homínidos.

Las formulaciones de Spassov tienen partidarios, entre ellos, el doctor David Alba, del Instituto Catalán de Palentología, en Barcelona, quien considera que los descubrimientos 'proveen convincente evidencia anatómica de que el Graecopithecus es diferente de otros antiguos simios encontrados en Europa, algo que no estaba claro hasta el presente.

Y, por supuesto, hay detractores, entre ellos el paleontólogo Bernard Wood, de la Universidad George Washington, para quien 'la alegación del diente homínido es débil (...) Este no sería un personaje en el cual colgaría mi sombrero', o lo que es igual, que está en desacuerdo.