Tampoco es común que los habitantes de un país se den su tiempo para olvidar las viejas fronteras y comenzar a aprenderse los ampliados límites, corregir los textos escolares y darle la bienvenida a nuestros nuevos vecinos: Jamaica y Panamá.

A pesar de que éramos víctimas de una frontera de facto trazada por Colombia, los distintos gobiernos inexplicablemente en sus publicaciones oficiales y en su cartografía, editaban el Mapa de Nicaragua al estilo “made in Colombia”.

Usted podrá ver nuestra República con toda su plataforma marítima recortada. Se podría alegar comodidad de espacio, ahorro de cartulinas y tintas, para poder colgarlo mejor en las paredes de los colegios y oficinas. Lo cierto es que el Meridiano 82 se extendió más que en la cartografía, en nuestras mentes.

Pero no en todos prevalecía esa conducta derivada de la costumbre. El movimiento que condujo al triunfo de la Revolución Sandinista, no venía con esa predisposición de ajustarse al relato geopolítico escrito sobre líneas jurisdiccionales anómalas. Lo de “Liberación Nacional” no era una romántica retórica en el Frente.

El punto de no retorno para la recuperación de nuestra plataforma marítima comenzó con uno de los primeros mandatos de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. El jurista y patriota, doctor Mauricio Herdocia, calificó de “itinerario de dignidad”, el “gesto que significó la proclamación, en febrero de 1980, de la nulidad e invalidez” del Tratado Bárcenas Meneses-Esguerra de 1928.

Para la Historia, digno de relevancia es que el entonces Coordinador  de la JGRN, Comandante de la Revolución, Daniel Ortega, selló con su rúbrica aquella feliz decisión de poner en orden nuestras fronteras. Casi 30 años después, con su misma firma solicitó al Parlamento mayores recursos para la inteligente defensa en La Haya, culminando el 19 un ciclo donde se revelaron sus calidades de estadista.

Tal coherencia en el ejercicio de la máxima magistratura del Estado se desplegó también en el frente exterior por los equipos de expertos del doctor Arnoldo Alemán y del ingeniero Enrique Bolaños, como lo reconoció el Presidente Constitucional al invitarlos al acto oficial por una razón de soberanía: su apreciable fruto de 152,130 km2 más de extensión.

El fallo revalida la enorme importancia de que podemos ser compatriotas y correligionarios adentro, pero únicamente Azul y Blanco en el exterior.

Efecto Colombia


Ahora podemos reflexionar que el diferendo no solo era un problema de paralelos y meridianos imaginarios, sino que ese bamboleo en el mar “empapó” el comportamiento de muchos políticos de derecha y analistas, por lo cual, sus razonamientos desde raíz, estaban “mareados” por el Efecto Colombia: ¿Quiénes cuelgan el sambenito de “paisito” contra nuestra patria?

Difícil es escuchar de algún líder de Bogotá, por muy derechas que sea, lacerar su tierra natal. Otra manera de despreciar a Nicaragua es con el distante “este país”, en vez de asumirla con el corazón: “Nuestro país”. O, peor, hacer chacota, descalificándola con el remoquete de “país de las maravillas”.

Podemos, gracias al Señor, extendernos hasta tres cuadrantes y recalar casi en el Meridiano 79, pero retirar las coordenadas del Efecto Colombia de la cabeza de cierta derecha se ve difícil y para eso no hay fallo de la CIJ que valga. Será asunto de renovar los votos por la patria e inaugurarla en su mayor dimensión o quedarse viviendo para siempre en el viejo mapa. Las coordenadas todas, han cambiado.

¡Viva el Gran Caribe!

El Efecto Colombia cundió tanto en los discursos presidenciales  anteriores y los medios de comunicación, que en el inconsciente colectivo nos consideramos expulsados del Caribe. Aquí por décadas no se habló del Mediterráneo tropical; siempre se le silenció, se le borró su nombre y todo lo que su riqueza poblacional,  cultural y económica encierra, amén de su espléndida biosfera.  

Pese a la propuesta del gobierno revolucionario, los legisladores de la Costa votaron en el 87 por el Estatuto de Autonomía de las Regiones del… “Atlántico”. Su equipo de béisbol porta ese nombre y los habitantes que viven entre las aguas color turquesa del Caribe, piensan en su mayoría que son parte del Océano que bañando Europa y Africa, sus últimos oleajes son contenidos al Este por el Arco de las Antillas.          

Las zonas marítimas recuperadas empiezan por redimirse desde su nombre. A tono con los mensajes de la escritora Rosario Murillo, solo faltaría restituir los derechos del Mar Caribe en Nicaragua.