El gran problema de la Revolución Sandinista, en medio de la guerra y el bloqueo de Reagan, en su primera etapa, fue el Servicio Militar. Lo más fácil fue echar mano de la juventud, producto de sobredimensionar el análisis militar por encima del político-social y económico. Se impuso la Tecnocracia Castrense.

El centro de gravedad fueron los jóvenes. No es cierto que con el SMP, como recién dijo el general Humberto Ortega, la Revolución evitó ser derrotada. Esa fue precisamente la principal causa del revés electoral. El FSLN perdió, la Revolución fue desalojada del poder, pero el Ejército ganó su guerra.

La Revolución no era el Ejército. El Ejército era parte de la Revolución. Lo que no se admite aquí fue que la Doctrina Militar socavó una Revolución que no nació en los cuarteles, sino del pueblo, y después, esa Doctrina se llevó a los hijos de ese pueblo a la guerra. Eso pasa cuando una sociedad queda en manos de la Tecnocracia, en este caso Marcial.

Hoy el FSLN, el Gobierno, la Revolución en su segunda etapa, enfrenta una situación muy complicada, como el SMP. No se trata, ahora, de los jóvenes, sino de los adultos mayores que completaron sus cotizaciones: están por ser reclutados en las angustiosas filas de la incertidumbre.

El pésimo manejo administrativo del INSS, como el demostrado con la guerra en los 80, provocará, a menos que se adopten las acciones necesarias, que estas consecuencias la sufran los que nada tuvieron que ver con el colapso de esa institución: los jubilados. Esto sería una soberana injusticia que replantearía todo, comenzando con responder: ¿Fue por esto que fundó Carlos Fonseca el FSLN?

Así como la Tecnocracia Militar con su facilismo de encuadrar la sociedad a través de su mirilla telescópica, estableció por sí y ante sí que todo muchacho de 16 años debía ir a la guerra para “salvar la Revolución”, ahora, la Tecnocracia Económica, incluido alguna Asesoría Presidencial, se va por lo más cómodo para ella: que los adultos mayores “salven el INSS”. Aumentar las semanas cotizadas, en la actualidad 750, y pasar de 60 a 65 años la jubilación.

En la vida real, en Nicaragua, la jubilación es a los 40 años. Es el “descarte” que habló el Papa Francisco. ¿Es que es necesario egresar del INCAE para comprender este nivel de deshumanización del capitalismo salvaje?

Las empresas no ven con buenos ojos a alguien que pase de los 35 años. No lo contratan. ¿Por Dios, a quién se le ocurre extender a 65 años la jubilación? Esto ya excede el tema del INSS. Así está funcionando la economía. Y, a la hora de los análisis y los argumentos para impedir la insolvencia financiera del INSS, desconocer esta realidad que viven los trabajadores, los empleados, es exhibir una crasa ignorancia que conducirá a los “doctores” a recetar, al desafortunado paciente, la medicina equivocada.

Ni la juventud ayer ni los adultos hoy fueron responsables de situaciones producidas por malas decisiones. No todo puede ser justificado por la agresión de Reagan. Y, en tiempos de paz, ningún pretexto cabe para maquillar la incompetencia que ha llevado a degradar al INSS en un elefante blanco. Sin embargo, la tentación de algunos de repetir el drama y el error –o el horror– es inmenso.

Para quienes aún “el pueblo” es un ente abstracto, divisado a la distancia en cifras y estadísticas, no les pasa por la mente que ese pueblo también es de carne y hueso, alma y sentimientos, sacrificios prologados y vidas que, en el ocaso, merecen un mejor destino que el que estaría diseñando el facilismo tecnocrático contra don Juan y doña Rosa.

La Seguridad Social no es un negocio, aunque sí debe ser noblemente gerenciado. No es una dádiva. No es una caridad: es Solidaridad. Esa es su esencia. Por eso fue concebido, para retribuirles a los trabajadores, a los cotizantes, lo que ellos tanto contribuyeron al país.

El lema de cabecera del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, es Cristianismo, Socialismo y Solidaridad. Y la Institución emblemática de la Solidaridad, amén de los programas socioproductivos, es, por su naturaleza, el INSS.

Escuchar los cantos de sirena de la tecnocracia significaría pasarle la factura a “los viejitos” y dinamitar las coordenadas morales que proclaman el Cristianismo, el Socialismo y la Solidaridad.

El economista Juan Sebastián Chamorro publicó un análisis (“El INSS: los problemas y posibles soluciones”) en El Nuevo Diario, en el que ofrece respuestas humanas al asunto INSS. A pesar de su procedencia social, este joven demuestra más conciencia social y patriótica, y un mayor tacto, que alguna Asesoría Presidencial.

La Vicepresidenta Rosario Murillo ha dicho: “Así aspiramos a Seguir Cambiando Nicaragua, con el Favor de Dios y el Favor del Pueblo. A seguir consolidando este Proyecto de Cristianismo, Socialismo y Solidaridad. Proyecto de Bien Común, Proyecto que nos une a todos, y que fortalece la Seguridad de todos”.

Y garantizar el derecho de los cotizantes y pensionados es clave. Que no quede en la Historia que el FSLN enterró la Seguridad Social en Nicaragua.

El arte de gobernar no es repetir ni copiar, menos reciclar los errores del pasado. Por eso es Arte, no artesanía. Imaginación, no imitación.