Enfrentamientos entre policías y manifestantes, paro de transportes y en las escuelas marcaban este viernes la huelga general convocada en Brasil contra las medidas de austeridad del gobierno de Michel Temer, en un país sumido en la recesión y con niveles récord de desempleo.

Al comienzo de la tarde, cuando estaban convocadas las principales marchas, el centro de Rio se convirtió en un campo de batalla mientras los agentes dispersaban con gases lacrimógenos a unos 2.000 manifestantes frente a la Asamblea Legislativa.

En esta ocasión, las denuncias apuntan en particular contra los proyectos de reforma del sistema de jubilaciones y, una vez más, de flexibilización de los contratos de trabajo.

Ambas iniciativas están en votación en el Congreso como parte del programa del gobierno para enderezar las cuentas y sacar a Brasil de la peor recesión de su historia. Según datos oficiales publicados este viernes, el desempleo en la mayor economía latinoamericana alcanzó un nuevo nivel récord de 13,7%, con 14,2 millones de personas en busca de trabajo.

Tanto para la CUT, ligada a la izquierda, como para Força Sindical (FS) -cuyo presidente es diputado de la base aliada del conservador Temer- la jornada fue un éxito. Según FS, casi 40 millones de brasileños adhirieron a la medida de fuerza.

"Es una clara demostración de que la gente decidió parar en protesta contra la retirada de derechos que sufre por parte del gobierno", afirmó el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), ícono de la izquierda, en una entrevista con la radio Brasil Atual.

"Es una satisfacción saber que el pueblo brasileño está tomando conciencia", agregó el exlíder sindical, favorito en las encuestas de intenciones de voto para 2018 pese a que enfrenta cinco acciones judiciales, en su mayoría por el escándalo de sobornos en Petrobras que salpica a decenas de dirigentes tanto oficialistas como opositores.

Sao Paulo

En Sao Paulo, motor económico y distrito más poblado del país, se produjeron algunos enfrentamientos entre manifestantes que obstruían arterias de la ciudad y la policía, generando congestionamientos en el tránsito.

Después del mediodía, los trenes y el metro comenzaron a funcionar parcialmente, aunque los autobuses seguían paralizados.

Los comercios registraban un acatamiento parcial al cese de actividades, señaló un reportero de la AFP.

"Ya no podemos quedarnos callados, con un gobierno que no es legítimo, que no fue elegido, que promueve una desarticulación de los derechos de los trabajadores y del pueblo brasileño", dijo Ricardo Jacques, un empleado bancario paulistano.

Metalúrgicos, petroleros, personal de los hospitales y de los correos también adhirieron a la protesta. Unos 60.000 obreros no acudieron a sus puestos en las fábricas del cinturón industrial de Sao Paulo, paralizando montadoras como las de Mercedes o Ford, informó el Sindicato de Metalúrgicos local.

Temer, que tiene un apoyo de la población de apenas un 10%, reemplazó en 2016 a la presidenta Dilma Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), destituida por el Congreso bajo la acusación de manipular las cuentas públicas.

Aeropuertos

El aeropuerto doméstico de Sao Paulo registró 13 vuelos cancelados y 23 atrasos de un total de 124 previstos, pero la empresa que lo administra no supo precisar si los trastornos tienen relación directa con la huelga.

En la terminal internacional paulista de Guarulhos, de las 190 llegadas y 175 partidas programadas se registraron 24 despegues atrasados y siete cancelaciones hasta las 16H00 locales, según un comunicado que divulgó la terminal. En Brasilia, la huelga afectó por la mañana a 32 de los 182 vuelos previstos y ocho debieron cancelarse.

La capital del país estaba sin servicio de autobuses y metro y con vallas que cercaban a los edificios del Congreso y la Presidencia, parte de un vasto operativo policial para impedir invasiones durante las protestas, seguidas muy de cerca por el gobierno de Temer.