¿Cuál es  nuestro andar y accionar por los caminos de nuestra agitada vida? ¿Dónde quedan la arrogancia y la prepotencia de los [email protected]? ¿Qué hemos hecho para agradar a Dios por habernos forjado del simple barro? ¿Cuáles son nuestros niveles de compromiso para con Dios, la iglesia, los oprimidos y más desposeídos? Las respuestas deben fluir de nuestro más recóndito ser, es decir con el corazón en la mano.  

A diario, en nuestra ciudad capital escuchamos urgentes mensajes para que recojamos y depositemos nuestra basura material en los depósitos y camiones de la alcaldía municipal; mensaje se suma importancia para mantener limpia la ciudad y sana a la población. Pero debemos preguntarnos que esfuerzos hacemos para reciclar nuestras impurezas espirituales y de valores que afectan día a día a nuestra sociedad. Basta con escuchar, ver y leer las noticias que a diario martillan nuestros sentidos, para comprender que existe un ristra de nuestras inconsistencias humanas, que debemos de luchar por erradicar.

La conmemoración del miércoles de cenizas, es la oportunidad que Dios y la iglesia nos brinda, para que meditemos en nuestra minucia humana, para que tratemos de estar lo más limpio posible para el momento en que nuestros cuerpos; por muchos tesoros que hayamos acumulado en la tierra; sean convertidos en polvo. El aceptar y confesar nuestros pecados, el perdonar las ofensas recibidas, el hacer penitencia por medio de la oración y el luchar por erradicar la faltad de equidad y las injusticias heredadas en la distribución de las riquezas, que permiten que existan tantos que no tienen nada y tan pocos que lo tienen todo; serán los mejores ingredientes para sentirnos limpios en nuestro interior; pero ello debe ser una constante y no un simple acto coyuntural.   

Es necesaria por tanto, una verdadera conversión, un arrepentimiento sincero por medio de actos de abstinencia y penitencia que logren purificar nuestra alma y nuestro cuerpo. Dichos actos, no deben ser meros sacrificios de laceración física o ayunos forzados, ¡no! eso no basta, debemos integrarnos para luchar por devolverle al pueblo empobrecido sus derechos conculcados por el sistema capitalista de opresión y abandono. Recordemos que debemos amar al prójimo como asimismo.

Borra Señor nuestros pecados y crea en nosotros un corazón limpio, humilde y lleno de amor por las demás personas. Continuemos nuestro camino, la ruta sigue abierta.