De acuerdo a Dionisio Rodríguez, director del Instituto de Geología y Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), estas dos instituciones estatales son de las mejores en su tipo en Centroamérica.

La organización de la población alrededor de estas instituciones y el hecho de que haya un mayor conocimiento en cuanto a los riesgos geológicos, son fortalezas con las que se cuenta y que incidirán de cierta manera en la respuesta que se dará de ocurrir un terremoto, dijo al experto durante un conversatorio acerca del terremoto que en diciembre de 1972 destruyó la capital nicaragüense.

Rodríguez afirmó que los simulacros son acciones que ayudan a entender y a estar más preparados, de allí la importancia que dentro del currículum de educación primaria, secundaria, e incluso universitaria, se incluya  esta materia.

Igualmente importante es el reordenamiento territorial de la ciudad, en donde queden establecido los lugares aptos para áreas verdes y los lugares aptos para construir sobre todo lo que se conoce como áreas críticas, entre las que están las escuelas, los hospitales, centros de salud, estaciones de bomberos y estaciones de gasolina, valoró el experto.

Denis Meléndez, coordinador de la Mesa Nacional de Gestión de Riesgo, aseguró por su parte que existe más conciencia en la población acerca del peligro de los terremotos, pero recalcó en la necesidad de que en Managua se mejoren los normas de construcción.

“Por un lado las autoridades tienen que aplicar las normas de construcción, pero también la ciudadanía debe tomar conciencia que tiene la obligación, si quiere preservar la vida de sus familias, de construir bajo las mejores condiciones”, explicó.

Ambos expertos coinciden en que la educación es fundamental para evitar un desastre de la dimensiones del año 1972, ya que actualmente Managua cuenta con una mayor densidad poblacional y un alto crecimiento urbanístico.

Managua está surcada por dos grandes fallas como son la de Mateare, que se extiende por 32 km desde este poblado hasta Las Nubes, en el sector de El Crucero; y la falla de Cofradía, que recorre 37 km desde el Lago Xolotlán hasta el volcán Masaya.

A ello también hay que sumar otras fallas internas como la del Aeropuerto, la falla de los bancos, la falla del Estadio, la de Nejapa y la Tiscapa, esta última causante del terremoto de diciembre de 1972.