A continuación, el mensaje íntegro del Padre Eslaquit:

Dolores, Carazo, miércoles 14 de noviembre de 2012.

Cra. Rosario Murillo

Sus manos.

Respetada y apreciada Doña Rosario:  

Bendecidos, prosperados y en Victorias, seguimos unidos, al Presidente Comandante Daniel, y a usted, para que nuestra Nicaragua, siga en caminos de Paz, que es fruto de la Solidaridad.  

A pocos días de iniciar el novenario de la Purísima Concepción de María, el cual culmina con la Gritería el 7 de diciembre, antesala de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, el 8 de diciembre, quiero expresarle a usted, mi agradecimiento, por  el impulso, alegría y esfuerzos que realiza para que esta celebración, que es una muestra de fe, devoción y tan arraigada en la cultura de todo nuestro pueblo, sea cada vez, más apreciada y querida por los nicaragüenses.

Me permito, con todo respeto, compartirle algunos aspectos, sobre la Virgen María.

A la Virgen María, se le da el culto de Veneración en grado sumo, ya que ella fue la escogida para ser la Madre del Dios Hijo.  Sabemos, que el culto de Adoración, que es diferente de veneración, el culto de Adoración, solamente lo tributamos a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. A la virgen María, le damos culto de veneración.

El culto a la Virgen María es plenamente bíblico y está consignado en la Sagrada Escritura.

Aparece la figura de la Virgen María, en muchas ocasiones, pero solamente en 7 (siete) ocasiones, la Virgen aparece hablando.  Cinco en el Evangelio de San Lucas y dos veces en el Evangelio de San Juan.

Son las Palabras de María, que pudiésemos llamarles:

Primera Palabra.  La Palabra de la Fe.

María es mujer de fe. Cuando el arcángel Gabriel le anuncia, en medio del “llena eres de gracia”, que será la madre del Mesías a quien dará el nombre de Jesús,  que significa el Salvador de su pueblo, ella responde: ¿Cómo será esto si no conozco varón? (Lucas 1, 34).

Segunda Palabra.  La Palabra de la Obediencia.

María es mujer de obediencia. Cuando el mensajero de Dios, el arcángel Gabriel,  le explica que lo que nacerá de ella, no será por obra de hombre, sino por el poder del Espíritu Santo, ella responde: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”. (Lucas 1, 38).

Tercera Palabra. La Palabra de la Paz.

María es mujer de paz. Cuando se dio cuenta de que su pariente Isabel, de edad avanzada, está en el sexto mes de embarazo, porque el Arcángel Gabriel, se lo comunica y le dice que “para Dios no hay nada imposible”, la Virgen María, se dirige presurosa a las montañas de Judea para servir a su pariente.  El servicio es parte del amor y de la paz.

Y al llegar la Virgen María, y encontrarse con su pariente Isabel;  en el vientre de Isabel, saltó de gozo Juan el Bautista, ante la presencia del Redentor del mundo que estaba en el seno de la Virgen, que lo llevaba cual custodia preciosa.  La Virgen María, nos dice el Evangelio, “Saludó”.  El saludo es: “La paz de Dios esté con vosotros. (Lucas 1, 41).

Cuarta Palabra. La Palabra de la Alabanza.

María es mujer de alabanza. Cuando recibe el saludo gozoso de Isabel, que, llena del Espíritu de Dios, la proclama como “bendita entre todas las mujeres”, la Virgen María resumió en el Magníficat el amor y las hazañas de Dios con su pueblo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, alaba mi Espíritu a Dios mi salvador”. (Lucas 1, 46).

Quinta Palabra.  La palabra de la Búsqueda.

Como todos los años, José y María iban a celebrar la pascua a Jerusalén y al volver a Nazaret, se dan cuenta que el niño Jesús no ha regresado con ellos. Vuelven y lo encuentran en medio de los maestros en el templo que estaban admirados, escuchando al Niño Jesús.  Entonces la Virgen María, le dice: “Hijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando” (Lucas 2,48).  Y es que, recordemos, que “encontrar a Dios es buscarle permanentemente.  Y lo encontraremos siempre en el rostro sufriente de los más necesitados, y es en los más humildes y sencillos en donde realmente podemos servir al Señor.

Sexta Palabra. La Palabra de la Intercesión.

Sucedió en el episodio de las Bodas de Caná de Galilea. Al ver que se acabó el vino en la boda, María intercede ante su Hijo. Ella es la intercesora, es decir la que ruega, ante su Hijo Jesús,  que pide permanentemente por todos, para que el vino, que es símbolo del Espíritu Santo, no falte en nuestras vidas.

La Virgen dice: “No tienen vino” (Juan 2, 3).  Es el vino del Amor, de la alegría, de la paz, de la comunicación, del servicio, del compartir que necesitamos todos en nuestra patria siempre.

Séptima Palabra. La Palabra Testamento.

Cuando la virgen María, le cuenta a Jesús,  que no hay vino en la boda de Caná;  aunque no había llegado la hora de Jesús, el Señor Jesús aquí realiza el primer milagro, de convertir el agua en vino,  a petición de su Madre Purísima, y es ella la que nos deja una bella frase, como un legado de amor, que debemos cumplir. “Hagan lo que Jesús les diga” (Juan 2,5).  Esto significa, la Escucha de la Palabra, pero sobretodo el poner en práctica lo que Jesús nos ha dicho.

La palabra Jesús.

Aunque en los Evangelios, en boca de la Virgen María, solamente aparecen estas siete frases o siete palabras, es lógico, que hubo una palabra en especial que siempre estuvo en su boca y sobretodo en su corazón, desde el momento de la Encarnación de Jesús en su vientre por obra del Espíritu Santo.  Esta Palabra es “JESUS”.  Cuántas miles y miles de veces, cuando estaba en su vientre, cuando estaba niño, adolescente, adulto, en su vida oculta y pública, la Virgen se dirigiría a su hijo con el Nombre que le había sido dado por Dios Padre, para que lo llevara el Salvador del Mundo. Jesús, Nombre que está sobre Todo nombre.

Además, existen otros textos bíblicos muy lindos, en donde, nos la deja Jesús como Madre. Por eso nosotros los nicaragüenses, la honramos, la veneramos, la amamos.

El Señor Jesús nos la entregó, como madre en la cruz, en la persona del discípulo amado, cuando le dice: Ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre.  Y el discípulo amado, desde ese momento la acogió como madre.   (Juan 19, 26-27).

La Virgen María también estuvo en oración esperando la promesa de Jesús, en el aposento alto, en la Fiesta de Pentecostés (cf. Hechos 1, 14). Junto a ella los apóstoles vivieron la plenitud de la Pascua con la efusión del Espíritu Santo. (Cf. Hechos 2, 1-4).

La Iglesia ha reconocido en ciertas escenas del Nuevo Testamento la grandeza de la Virgen María y esto ha servido como fundamento bíblico para la formulación de los Dogmas Marianos.

Por ejemplo con el saludo de Isabel, quien le da el título de “Madre de mi Señor”, la Iglesia ha reconocido que María es Madre de Dios. El ángel, al encomendarle la misión de ser el sagrario del Redentor, le dice “llena eres de gracia” y con esto la Palabra de Dios está afirmando una situación especial de la Virgen María con respecto a la elección que Dios ha tenido de ella, preservándola del pecado original. Y en la visión de Apocalipsis 12, esa mujer, vestida de sol con la luz bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza, pronta a dar a luz, es la Virgen María en cuanto modelo y figura de la Iglesia.  

Apreciada Doña Rosario, le reitero la seguridad de mi oración, mi gratitud y mis oraciones.

Padre Neguib Eslaquit.