Como un hombre responsable, entregado a su trabajo y a su familia, preocupado por el bienestar de su comunidad y sobre todo con mucho amor a la patria, es como familiares y amigos recuerdan y recordarán al Subinspector Julio César Narváez, el joven Policía de 35 años que el pasado jueves cayó en cumplimiento del deber.

En horas de la mañana de este sábado, familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo acompañaron a Julio en su recorrido, que salió de la casa de habitación en Villa Venezuela, hacia su última morada en el Cementerio Oriental, despidiéndose de está manera de un hombre que fue buen hijo, hermano, esposo, vecino y un gran Policía que se entregó hasta las últimas circunstancias a su deber.

Como parte de la despedida, el destacamento de Vigilancia y Patrullaje de la Policía Nacional realizó un solemne homenaje póstumo a Julio César desde las instalaciones policiales en el Complejo Ajax Delgado.

"Era un compañero muy humilde, bien disciplinado en su trabajo, con mucha ética, muchos valores, muchos principios morales y nos incentivaba a cada uno de los compañeros a ser cada día mejores y a tratar cada día de atender a los ciudadanos para darles respuesta", declaró el Policía Miguel Sequeira, quien afirmó guardarle mucho cariño y respeto a Narváez porque además de ser su jefe inmediato era su amigo.

"Él era estricto a la hora del trabajo pero era un buen amigo y hermano, escuchaba a sus compañeros de trabajo que tenían problemas y él les ayudaba y es una persona que siempre vivirá en nuestros corazones", expresó la Policía Arlen Espinoza.

Para sus familiares más cercanos, Julio César cumplió su sueño, convertirse en Policía al igual que su papá, y de esa manera contribuir con la patria, luchar por hacer de Nicaragua un país más seguro.

"Era un chaval bien serio, bien centrado, bien vecino porque no se metía con nadie, un chavalo bastante apartado pero muy responsable, cuando comenzó a trabajar una de su casa al trabajo y del trabajo a la casa y lo recordamos con mucho cariño", expresó Urania Torres, vecina de Julio.

"Era buena persona, siempre fue serio un muchacho bastante responsable, muy buena gente y nosotros siempre le guardamos cariño", dijo Jaime de Jesús Martínez Sánchez, vecino y amigo desde la infancia de Julio.

Doña Hilda María Narváez, tía de Julio, recuerda al joven como aquel niño juguetón que vio crecer y que desde pequeño manifestó sus deseos de servir a la patria convirtiéndose en Policía como lo fue su padre, quien también cayó cumpliendo con su deber cuando Julio tenía apenas 5 años de edad.

"Tía yo voy a cumplir un deber porque yo prometí y tengo que respetar ese ideal y cumplir con la misión que yo mismo me he propuesto", son las palabras que recuerda Doña Hilda de las promesas hechas por Julio, a quien recuerda como buen hijo, sobrino, muy pendiente de sus tias, de su mamá y sus hermanos.

"Hoy yo se que él cumplió y se llevó en su corazón esas promesas y compromisos con su trabajo y con la patria", recuerda Narváez.

Al partir del mundo terrenal Julio deja a un pequeño de 5 años y una bebe de tan solo 21 días de nacida.