Todas aquellas estaciones, locomotoras, máquinas, góndolas, vagones, dresinas, durmientes, kilómetros y kilómetros de vías férreas desde Corinto hasta Diriamba por el Sur y Granada por el Oriente, pasando por el Túnel de Catarina, desaparecieron sin que a los “rescatadores” de la democracia les importara conocer si los operarios, desde maquinistas a ingenieros, estaban de acuerdo con una de las más tristes decisiones del Siglo pasado.

Los gobernantes de entonces y después, tan plurales y tan guardianes de las libertades, no consultaron a las comerciantes, a los productores; no les importó conocer las consideraciones de los pasajeros y de quienes resultaban beneficiados en todos los tramos del F del PN. No les interesaba saber que en cada estación muchas cabezas de familia dependían de esta actividad económica.

Es lo que también pasó en el resto del país. Hace poco, un cronista deportivo recordaba que el ministro de Deportes nombrados por el nuevo gobierno llegó al IND en abril de 1990, y ordenó apilar todos los documentos, papelería, historias, archivos de los campeonatos, ligas, certámenes y eventos masivos en distintas disciplinas, para hacer una fogata en los patios de la antigua hacienda El Retiro. Era una ofrenda iniciática de incienso en olor grato para Anastasio Somoza: la recuperación del más perverso pasado.

El gobierno de la época y los sucesivos, no preguntaron a los beneficiarios de la masividad del deporte de los años 80, si debía prenderse fuego al acceso de la juventud y el pueblo a la sana distracción. No hubo consultas: se había pasado de la Democracia Kaky de los Cuarteles de Somoza a la Democracia V.I.P., la de alta costura, para lucirla en las pasarelas internacionales.   

La democracia de glamour salía únicamente de sus palacetes cuando aquellos líderes la llevaban a broncear a las playas de San Juan del Sur, para después establecer  en sus residencias veraniegas, los amarres de futuro, presentados luego como pomposos Planes Nacionales de Desarrollo, sin haber tomado en cuenta, ellos tan democráticos, ni a un solo  vendedor ambulante del malecón.

La derecha cuando destruyó  el Ferrocarril del Pacífico y vendió los bienes públicos como la energía, estrenó su propia Constitución de Facto y su infame diccionario, para tapar semejantes desmadres con el famoso “Estado  Facilitador”. Sus guantes de seda combinaron bien con el lenguaje sedoso: a la rapiña de los recursos de la Nación, se le llamó “Saneamiento de la Economía”. Cuando los ricos se hicieron más ricos y los pobres más paupérrimos, la moda imponía encubrir la demolición de la Constitución con el nombre de “Plan de Ajuste Estructural”.

Nunca se le preguntó a la población, mucho menos se le dio la oportunidad por medio de un referéndum, si estaría de acuerdo con que se privatizaran las empresas estatales más rentables y se recortaran al máximo todas los gastos sociales, esencia de ese asqueroso saqueo alentado y ejecutado por “los demócratas”. ¿Cuántos de los que hoy se exhiben como defensores de la institucionalidad se opusieron a esa felonía?

Cuando la mayoría de los ciudadanos y el FSLN extienden la Democracia a los barrios, a los campos; así como la salud y la educación, la derecha vuelve a su repugnante diccionario para descalificar al gobierno de “populista” y sus programas sociales de “políticas asistencialistas”. Si la gente vota por ellos, es el pueblo y hay elecciones limpias. Si apoya al Frente, dicen al estilo Somoza: “he hubo fraude”.

El respaldo al Comandante Ortega con un 75.5 % y a la escritora Rosario Murillo, con un 76.8 % de valoración positiva, tiene que ver con su interés de colocar nuevamente una de las principales vías férreas de nuestra Constitución que el neoliberalismo desmanteló: “La SOBERANÍA NACIONAL RESIDE EN EL PUEBLO y la ejerce a través de instrumentos democráticos, DECIDIENDO Y PARTICIPANDO libremente en la construcción y perfeccionamiento del sistema económico, político y social de la nación”. (*)

Que el Tren de los programas sociales y económicos del FSLN, incluido el Gran Canal Interoceánico, recorra las Rutas de Prosperidad, aunque falten algunas estaciones, es ver una Democracia sobre rieles.

- Dinamitaron el 2do. Artículo de los Principios Fundamentales de la Carta Magna (*) y ningún “demócrata” se rasgó las vestiduras. Antes bien, lo disfrutaron. Manejaron el país a su antojo con una Constitución de Facto, y solo se acordaron de la legítima cuando perdieron el poder y terminaba la era de la Democracia V.I.P.