Queridos hermanos y amigos, la muerte es nuestra aliada permanente, se presenta sin ser invitada y nos arrebata lo que más amamos, sin embargo su acción se limita al cuerpo. El Espíritu trasciende, de ahí la interpelación apostólica de San Pablo. ¿Dónde está oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria? (1 Corintios 15: 55)

Al recordar a los que nos han antecedido, lo hacemos con profundo respeto, consientes que nosotros – los que aun  vivimos- caminamos hacia ese mismo rumbo, como viendo al invisible, preparándonos para el trance de muerte a vida. Hoy presentes y mañana ausentes. Pero mientras estemos en este cuerpo terrenal nuestra misión debe ser de servicio a los demás, porque el que no vive para servir, no sirve para vivir. “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Rvdo. Miguel Ángel Casco González

Presidente de la Coordinadora Evangélica-CEPRES