2017 y los falsos positivos de la Democracia

Thursday 5 de January 2017 | Edwin Sánchez
2017 y los falsos positivos de la Democracia

Una de las principales contradicciones de los que se presentan como “apóstoles” de la democracia es que fueron los primeros en repudiar este sistema, porque nunca les interesó ejercerlo, jamás pusieron en práctica toda su “sapiencia” ni se molestaron en comprender sus mecanismos para sincronizarlos con la realidad social y económica del país. ¿Seguirán así en 2017?

Desde 1990 hasta enero de 2007 transcurrieron 16 años para que tales “paladines” demostraran ser portadores del cambio, pero solo acomodaron sus ambiciones personales a su bananera visión de lo que debe ser Nicaragua. A esa antítesis de gobernanza la llamaron “democracia”.

Si no les preocupó entender en el terreno qué es la Democracia, menos que bucearan en las profundidades de un tema tan complejo como formidable. Es que estaban muy atareados en sus propios y no siempre confesables propósitos: el poder por el poder, y de preferencia elitario. Nada más. Así cerraron el siglo XX e inauguraron el XXI, sin dejar la huella memorable de una sólida cultura democrática.

Los falsos positivos de la Democracia causan un grave daño tanto a la nación como a los mismos partidos políticos pues carecen de convicciones, solo se esfuerzan en la apariencia y no pasan más allá de sus discursos de floripón.

Al mostrarse ahora abanderados de ese sistema es porque no están en el gobierno. Tal democracia vaciada de pueblo es utilitaria, reducida a simple peldaño para acceder al tablero de mando e imponer, desde ahí, su pálida versión de “República”.

Si bien en términos cristianos, y aun en los programas de alcohólicos anónimos, es posible ver conversiones extraordinarias, de gente que en el pasado anduvo en las perversidades del pecado o metida en los cañaverales, es muy dudoso que la democracia produzca transformaciones de ese calibre en tipos ostensiblemente marcados por los rencores y las fobias; seres individualistas que no piensan en el prójimo de carne y hueso, sino en una ciudadanía lejana y abstracta, en un pueblo sin rostro, sin voz y sin nombre.

Estos falsos positivos de la Democracia tratan de enseñorear sus posiciones excluyentes sobre los demás. Nacidos y sumidos en la intolerancia, a pesar de querer proyectarse como amplios y dialogantes, carecen de la estatura de la trascendencia para un arrepentimiento de corazón.

Así que no esperen a ver a San Pablo, San Agustín y Lutero de la Reforma, en el line up de la derecha bananera: sus “demócratas conversos” son autoritarios al anverso y al reverso, y por eso mismo, eficaces fabricantes de siglas deshabitadas, divisiones y subdivisiones. Ese es el papel del fariseo Saulo, el mundano de Hipona… o el antiguo monje de Wittenberg (aunque esto ya es mucho decir).

Tiempo hubo para los radicales de los años 80 levantar desde muy temprano estandartes ineludibles por los que hoy dan voces y coces. Incidencia tenían en todos los poderes del Estado, incluyendo el militar, además de responsabilidades políticas y partidarias, para empezar a practicar lo que llaman “Estado de Derecho”, pero entonces, al unísono, condenaban a ultranza la “democracia liberal burguesa”.

Tiempo hubo cuando en los 90 se pudo pasar la Democracia del papel a los hechos, pero prevaleció el dominio de una casta familiar y sus allegados que desarticularon los bienes públicos, demolieron el Estado al punto de ponerle el membrete de “Facilitador”; se impuso otra orientación económica, se instaló el neoliberalismo, y no se tomó en cuenta al pueblo trabajador, ese mismo por el cual hoy se proclaman sus benefactores.

Migrantes del Poder

La elite conservadora violentó la Constitución de 1987, la cual mandataba que trabajadores y productores tenían un rol protagónico para acordar el rumbo económico de la nación. El artículo 101 exigía que “Los trabajadores y demás sectores productivos, tienen el derecho de participar en la elaboración, ejecución y control de los planes económicos”.

Un ejemplo dramático grafica la perversión del Estado de Derecho: a los operarios del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, a sus técnicos e ingenieros, personal administrativo y a los que laboraban en las distintas estaciones desde Corinto hasta Granada, el “gobierno democrático” de los Chamorro no les llamó a un diálogo para discutir, consensuar y decidir el destino del histórico patrimonio nacional.

Una decisión verticalista acabó con el tren, literal metáfora de cómo la antigua dinastía conservadora ha demolido la Democracia para dictar la suya propia, tan alabada por sus hijos de casa de ayer y hoy, peleándose entre ellos por un titular, una foto y la unción de un editorial.

Si aquellos trabajadores del FC del PdeN hablaban en contra de los dictados del régimen chamorrista, ¿qué les hubiera pasado? Ministros y viceministros de esos años, hoy “campeones de la institucionalidad”, se cuidaron de denunciar este atropello a la Constitución, al derecho y la misma señal de la Santa Cruz.

Ni en ese periodo, ni en los siguientes de las administraciones del doctor Alemán y el ingeniero Bolaños, a los migrantes del poder les importaron los derechos humanos de las familias que estaban hacinadas en los escombros de la capital, bajo el peligro de morir aplastadas por los efectos telúricos.

Y, precisamente por salvar a las familias de ser víctimas en los escombros de Managua y otros sitios vulnerables para trasladarlas a una ciudadela o mantener el plan techo, la salud y la educación gratuitas, o bien los sustantivos programas socioeconómicos, es que la derecha conservadora llama al Gobierno de Nicaragua, “clientelista”.

El dato, sin embargo, es que la última investigación del Instituto Nacional de Información de Desarrollo encontró que casi en una década de gobierno del presidente Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo, se redujo la pobreza del 42.% al 29.6%, y la pobreza extrema del 14.6% al 8.3%.

El propio presidente del BID, Luis Alberto Moreno, exaltó en abril pasado el combate a la miseria. Al comandante Ortega le dijo: “… lo ha hecho con mucho éxito, Presidente, lo felicito. Cuando uno mira las cifras en estos años son muy impresionantes, de reducción de Pobreza Extrema, de reducción de la Pobreza”.

Por algo el filósofo Enrique Dussel ilustra: “La democracia no se justifica si no asegura la vida en tanto principio material (casa, salud, educación, vivienda, ocio, etcétera). Esto lo deberían de tomar en cuenta las escuelas de cuadros de los partidos políticos”. Y los impostores.

Así se construye, día a día, la Democracia: dándole vida, no quitándosela.

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