Las cifras actuales, para un territorio que nunca había sido bien estimado por su clase política subdesarrollada, ni respetado por naciones poderosas como un país de verdad, no son cualquier número. Transitar de la oscuridad simbólica y literal de 2006 a la claridad de 2016, marca una diferencia tan evidente como pasar del crepúsculo al amanecer.

Una de las ilustraciones de este componente del avance nacional es que se llegó al 90% de cobertura eléctrica. Un acontecimiento histórico. Diez años atrás, Nicaragua vivía la era del candil.

A duras penas el 54% del país estaba interconectado y no porque en el Parlamento, algunas bancadas “malvadas”, se hayan puesto de acuerdo para complicar la gestión del presidente Bolaños.

Es bueno preguntar: ¿qué es la democracia? ¿La mayoría del pueblo desconectada de su propia nación?

A todos esos políticos bananeros nunca les importó el bienestar de las familias nicaragüenses, comenzando que les valía un jocote si en las casitas del pueblo se alumbraban con ocotes o lámparas de kerosén.

Trasladar la Constitución a los hechos cuesta y eso no se consigue con peroratas, ¿acaso vivir la democracia consiste en pasar días y noches alumbrados con los rescoldos del siglo XIX?

Por eso, el acceso a la energía eléctrica es un gigantesco salto hacia la democracia en firme, no en abstracto, porque ningún Estado sale del atraso con líderes apagados que pretenden lucirse en las pasarelas foráneas y mediáticas en contra de…, sino con realidades.

¿Cómo explicar que durante la “democracia neoliberal” solo 580 mil viviendas contaban con luz, que 800 mil niños se encontraban fuera del sistema escolar y que la desigualdad imperaba en materia de salud como en la atención materno-infantil y la nutrición?

La falta de oportunidades en esa década y media provocó un éxodo incontenible de nicaragüenses hacia Costa Rica y Estados Unidos.

Si entonces se vivía el esplendor de la institucionalidad y el “auge” económico que exaltan sus políticos tradicionales, ¿por qué estos resultados tan oscuros?

¿No dicen que mientras mayor es el “respeto” al Estado de Derecho, más destella el crecimiento económico por encima del 6%, y los ciudadanos son los más felices del planeta? ¿O es que por “ciudadanos” se entienden únicamente los tres círculos enchufados al poder: la tecnocracia del gobierno de doña Violeta, los que se arrimaron a disfrutar de la gloria del doctor Alemán o los “Nueva Era” de don Enrique?

Al contrario, diez años de sandinismo significan hoy 1 millón 80 mil familias con electricidad, como lo informó Salvador Mansell, Ministro de Energía y Minas. El avance es grandioso porque son muchas las comunidades, antes aisladas, que gozan de un beneficio que les llegó con más de un siglo de atraso.

De acuerdo a la historia, este servicio público empezó en Managua el 24 de diciembre de 1902, durante la administración del general José Santos Zelaya. La página de Enatrel detalla que ese mismo año se creó la primera planta eléctrica con el nombre de “Nicaragua Electric Plant”.

Confianza

Sin duda, salir del gran apagón de la “democracia” a una democracia de alto voltaje social y económico tangible –nada que ver con la hueca filosofía de la derecha bananera–constituye un peldaño más del desarrollo nacional, máxime cuando se está cambiando la matriz energética, antigua y contaminante, por la del siglo verde que debería ser el XXI.

Aunque nadie ha dicho que aquí se construye el Paraíso, no se puede negar, a menos que la miseria humana se apodere del corazón, los éxitos económicos, el afianzamiento de la paz social y la confianza en Nicaragua.

Magnificar sucesos aislados, de formar situaciones presentadas y proyectar una falsa realidad es la tarea de la minoría radicalizada que quiere engrapar sus obsesiones y/o rencores, con el tema político y este, irresponsablemente, con la economía. Si no son ellos, que se hunda el país.

Sus esfuerzos por entorpecer la marcha hacia el progreso quedaron en saldo rojo, de ahí que se hayan concentrado en una campaña exógena a fin de validar una agresión económica con la firma de la señora Ileana Ros-Lehtinen, para retroceder a la farsa de república, cuando se dependía de los dictados de la metrópoli.

Con todo y las distorsiones de la derecha bananera por proyectar un panorama apocalíptico, el clima de inversión en Nicaragua es el más favorable en los últimos ocho años, según la Encuesta de Confianza de Empresarios aplicada por la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) y publicada en el primer Informe de Coyuntura Económica de 2016.

Este es el dato, no el discurso hepático: Las encuestas de Funides de los años 2007-2008 revelaron que en climas de inversión se andaban en netos de -80; hoy están en +70, se ha logrado revertir en 150 puntos ese clima de inversión a lo largo de un proceso que inició en el año 2009 y que ha tomado una serie de acciones, dijo a los medios José Adán Aguerri.

Precisamente las bajas calificaciones de la economía, descritas por el presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, se dan cuando “la democracia y el Estado de Derecho estaban en su punto máximo”, según los apologistas de la decadencia neoliberal.

Hasta el nuevo jefe de misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) para Nicaragua, Fernando Delgado, rememoró que “la situación del año 2001 era muy complicada económicamente hablando”. En contraste, él vio que hoy “Nicaragua ha crecido enormemente. Sus tasas de crecimiento han mejorado muchísimo”.

Según el informe de agosto del Banco Central de Nicaragua (BCN) sobre el Estado de la Economía y Perspectivas 2016, el país “cuenta ahora con mayor capacidad para enfrentar problemas del entorno, como la desaceleración de la economía mundial, los bajos precios de materias primas o problemas particulares en los sectores internos”.

La explicación del gerente general de la Asociación de Productores y Exportadores (APEN),Mario Arana, ante los medios, fue: “esto se debe a que la nación cuenta con más reservas internacionales que hace 10 años”.

Estas reservas son esenciales para cumplir con obligaciones internacionales, mantener la estabilidad de la nación y el valor de su propia moneda, es decir, el día-a-día de cada nicaragüense. Así de sencillo.

Hace una década, Nicaragua iba derechita a la bancarrota moral, institucional, económica y social, porque el soberano –el pueblo–fue un actor relegado a un tercer plano.

A la derecha conservadora, enmascarada con una fraseología seudo democrática, cuando le tocó gobernar solo pudo darle al país una titilante democracia de candil.

Nadie puede dar lo que no tiene.

Dios bendiga a Nicaragua.