El daño y la muerte que causan los cigarrillos son bien conocidos. “Producimos un producto que causa enfermedades”, dijo el mes pasado Andre Calantzopoulos, presidente ejecutivo de Philip Morris International Inc., a la BBC al anunciar un cigarrillo alternativo que la compañía dice que es menos dañino.

A medida que la popularidad del tabaco se ha desplomado en Estados Unidos, los defensores de la salud han dirigido su atención a otro adversario, que dicen que ha tomado el lugar del tabaco: la industria de los alimentos. Las comparaciones entre las dos surgen a menudo, especialmente cuando se trata del marketing para los niños. Los mismos argumentos que los expertos en salud pública esgrimieron contra Joe Camel ahora se usan para atacar a las compañías alimentarias que usan dibujos animados, videojuegos y otro tipo de marketing para llegar al mismo sector demográfico de posibles clientes leales.

Pero la conexión entre comida chatarra y cigarrillos es mucho más profunda, como señala Gary Taubes en un revelador capítulo de su libro The Case Against Sugar (algo así como, El caso contra el azúcar), que se publicará el 27 de diciembre.

Taubes —ganador de tres premios Ciencia en Periodismo Social de la Asociación Nacional de Escritores de Ciencia de EE.UU. y un Premio Investigador en Investigación de Política de Salud de la Robert Wood Johnson Foundation— argumenta que el azúcar es el principal causante de las enfermedades crónicas que afectan a la civilización de Occidente en el siglo XXI, que incluyen (pero no se limitan a) diabetes, enfermedades cardíacas y obesidad.

“Si este fuera un caso penal”, escribe en la Nota del autor, “The Case Against Sugar” sería el argumento de la fiscalía. Ese argumento es convincente, aunque a veces exagerado.

El tabaco mismo tiene un contenido natural de azúcar, que el curado altera. Mientras el tabaco curado al aire caliente aumenta el contenido de azúcar, lo que hace que el tabaco sea más agradable para los fumadores, también resulta en un menor contenido de nicotina, un estimulante adictivo. A inicios del siglo XX, la industria encontró una forma de hacer este producto más agradable y con un mayor contenido de nicotina. Un tabaco Burley curado al aire crea relativamente altos niveles de nicotina fácilmente absorbible; empaparlo en azúcar, que mejora el sabor.

Para este capítulo, Taubes depende en gran parte en “Tabaco y Azúcar”, un informe de 1950 de la Fundación para la Investigación del Azúcar, la asociación del sector en ese entonces, que celebraba abiertamente la unión.

“Si no fuera por el azúcar”, dijo Wightman Garner, un ex funcionario de tabaco del Departamento de Agricultura de Estados Unidos citado en el informe, “el cigarrillo estadounidense mezclado, y con él la industria del tabaco de Estados Unidos, no habrían alcanzado el tremendo desarrollo que tuvo en la primera mitad de este siglo”. Más adelante en el informe, el autor se refiere al acontecimiento como “el más promisorio campo de utilización del azúcar”. La combinación, dice el informe, fue un “golpe de genialidad”.

Investigación reciente financiada por la industria ha encontrado que agregar azúcar no aumenta la toxicidad de los cigarrillos, pero otros estudios confirman que hace que los cigarrillos tengan un mejor sabor, lo que hace que más gente fume.

Aunque el azúcar sigue siendo un componente de los cigarrillos de hoy, pocas personas lo saben. “Es prácticamente desconocido”, dijo Taubes durante una entrevista y destacó que el tema se analizó en “Sugar Blues”, un clásico anti azúcar de 1975, y “Golden Holocaust”, que hablaba contra los cigarrillos en 2012. Taubes consideró omitirlo de este libro debido a que no era central a este caso sobre el azúcar en la dieta.

Pero al final, consideró, “¿Cómo no voy a hablar de este tema en el libro?”