En el último tramo hacia esta ciudad, donde tendrán reposo definitivo, transitan ya las cenizas de Fidel Castro, tras su salida de Bayamo, en la provincia de Granma, llena también de historia.

El poblado de Baire será el primer punto de la geografía santiaguera que será tocado por el cortejo fúnebre y allí sus pobladores darán igualmente la bienvenida a los gloriosos despojos con el orgullo de habitar una tierra desde la cual, el 24 de febrero de 1895, se dio el grito inicial de la guerra necesaria.

Como hijo pródigo que es, el líder será abrazado en este territorio oriental por sus compatriotas y en el cementerio de Santa Ifigenia compartirá la gloria con José Martí, el Héroe Nacional, y Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de las gestas independentistas precisamente desde esas tierras granmenses.

Casi 150 años de bregar por la libertad se juntarán entonces en ese altar de la Patria, donde todo está listo para acoger a Fidel con toda la ternura posible de un pueblo que se niega a un adiós definitivo.

Engalanada, la Plaza de la Revolución Antonio Maceo aguarda a más de 300 mil hombres y mujeres de la urbe y los restantes municipios, junto a otros miles llegados de las demás provincias orientales, para el acto político de homenaje póstumo en el que tomarán parte mandatarios y personalidades del mundo.

Porque el dolor no se comparte, se multiplica, como dijera el Comandante en Jefe en una coyuntura luctuosa del país, un haz de personas conmovidas le espera aquí para abrigarlo definitivamente en su ingreso a la eternidad.