El Comandante Fidel Castro partió a la eternidad este 25 de noviembre. La fecha coincide con el día en que, hace 60 años, partió de México el yate Granma rumbo a Cuba, con un grupo de combatientes entre los que se encontraban Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara, Raúl Castro, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida y Ramiro Valdés, quienes darían inicio al desembarcar en la isla la lucha armada contra el dictador Fulgencio Batista.

A continuación, crónica de Radio Habana Cuba sobre aquel momento histórico:

El Granma, un sueño hecho realidad en el tiempo

Era las 01.30 horas del 25 de noviembre en 1956. En una madrugada fría y lluviosa, con las luces apagadas, sigiloso, a tientas para evitar la vigilancia portuaria y ante la prohibición de navegación por el mal tiempo se desliza desde el puerto de Tuxpan en el norte de Veracruz el yate Granma. La embarcación zarpa rumbo a Cuba con 82 expedicionarios comandados por Fidel Castro Ruz.

El destino de los revolucionarios: desembarcar en playa Las Coloradas en la costa suroriental cubana, el 2 de diciembre para iniciar la lucha armada frontal contra el dictador de turno Fulgencio Batista en las montañas cubanas.

Atrás quedan los preparativos de una noche de gran actividad en lugar donde estuvo atracado el yate Granma y se subieron a bordo maletas con armas, paquetes de uniformes, equipos y los alimentos resueltos en el último momento para el viaje. Con una subametralladora Thomson en la mano y cubierto con una oscura capa de agua Fidel Castro supervisa el paso de hombres y bultos que penetran en la embarcación. Desde distintos sitios llegaron los combatientes al punto final de partida y no se podía perder ni un minuto, según había previsto su líder Fidel.

En el interior del barco Fidel da las ultimas orientaciones y alerta “Si los sorprenden durante el trayecto del río, saldrán de todas formas, incluso a tiros.” Ya ha seleccionado a algunos combatientes que se ocuparán de mantener la disciplina a bordo, a los cuales entregó las tres Thompson y algunos fusiles. Nadie debe fumar ni encender un fósforo. Cuando arrancan los motores, Fidel ordena que ocupen distintas posiciones en el barco. Arsenio García se coloca en la banda de babor del yate, agarrado de una de las ventanas por fuera de la cabina, para vigilar esa orilla durante el trayecto por el río.

En el improvisado espigón de Santiago de la Peña, cinco personas observan alejarse la blanca silueta del yate Granma por el río, entre la oscuridad y la lluvia: Melba Hernández, Piedad Solís, Alfonso Gutiérrez, Fofó, su esposa Orquídea Pino y Antonio del Conde, el Cuate.

Entre otras tareas a ellos encomendadas, el mexicano Antonio del Conde se dispone a cumplir al pie de la letra las instrucciones dadas por Fidel, de seguir por tierra la ruta aproximada del Granma, en previsión de cualquier imprevisto.

La embarcación acelera los motores, se balancea de un lado a otro, caen cosas en su interior. Las olas cubren la cubierta y parte del techo. Cuando se aleja lo suficiente de tierra firme, ya en aguas del Golfo, se encienden las luces. En su interior, los combatientes se abrazan unos a otros, algunos hace tiempo no se ven. Ernesto Guevara, el médico de la expedición, comienza la búsqueda frenética de los antihistamínicos contra el mareo, que no aparecen. Emocionados, los expedicionarios cantan el Himno Nacional y la Marcha del 26 de Julio. Por último, sus gritos de ¡Viva la Revolución! y ¡Abajo la dictadura! se confunden con el fuerte viento. No resulta difícil imaginar cuánta alegría y emoción sienten Fidel Castro y sus compañeros, después de tanto tiempo soñando y luchando, cuando al fin se ven a bordo de aquel pequeño yate, que semeja una cáscara de nuez en medio del terrible oleaje del Golfo, avanzando decididos rumbo a Cuba.(1)

Siete días de una travesía llena de avatares ponen a prueba la decisión de la tripulación: el hacinamiento de los hombres, los mareos, náuseas, vómitos por la falta de costumbre y la posibilidad de zozobrar en el mar o ser sorprendidos antes de cumplir el objetivo de la misión.

Sin embargo en el Golfo de México y en el Caribe, el yate navega en mar abierto, despegado lo más posible de las costas, cambiando el rumbo cada 24 horas.
Al amanecer del día 26, el capitán Onelio Pino y el piloto Roberto Roque descubrieron -al divisar el Faro Triángulo, en un cayo cercano a las costas de Yucatán- que el yate navegaba a una velocidad de 7,2 nudos y no a 10, como se estimaba.
De acuerdo con los cálculos previos, el Granma debía llegar a las costas cubanas al quinto día de su salida de Tuxpan. Asimismo, el alzamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, organizado por el Movimiento 26 de Julio, apoyaría su desembarco.
El mal tiempo al salir de México con grandes olas que cubrían la popa atentaban contra la estabilidad de los pasajeros, y la angustiosa hora de búsqueda del piloto Roque, caído al agua en medio de la tempestad y la noche; el ¡Viva Cuba Libre! emocionado que siguió a su rescate, tras la persistencia de Fidel de no seguir viaje hasta su aparición.
En hermoso relato de la gesta marinera en el yate Granma el Comandante de la Revolución Juan Almeida deja escrito para la historia:

El yate viene haciendo entre siete y nueve nudos. Dentro, la gente está soñolienta; los compañeros están medio mareados o mareados del todo. Otros se han recuperado ya de las horas en que casi pierden el estómago, que se les quería salir por la boca. Gracias a este estado de muchos, que apenas ingieren alimentos, ha podido durar la comida que traemos, si no, ya no habría nada para alimentar a estos 82 hombres. Muchos han resistido por estar fuertes y bien entrenados.

Los que se encargaron de la compra de los alimentos —sacos de naranjas, unos frascos con bacilos de vitaminas, un poco de huevos hervidos, dos latas de galletas, una caja de latas de leche condensada, pan y una pierna de jamón—, tal vez por desconocer el número de compañeros que los iban a consumir o por la premura en salir, poco pudieron hacer por la alimentación de nosotros para esta travesía.

Fidel sigue disparando para rectificar las mirillas telescópicas. Me pregunto cómo en este barco tan pequeño podemos caber tantos. La noche que salimos me pareció más pequeña, mucho más. Pero a medida que pasan los días se me va haciendo más grande.

Con la salida de México para Cuba se materializó otra vez la idea comenzada en el Moncada, detenida en el presidio, alimentada en el exilio y ahora puesta en práctica. Ha tenido que esperar, pero ya es realidad y se empezará a desarrollar tan pronto se realice el desembarco

Este será un episodio inolvidable en nuestras vidas, cuyo curso dio un cambio radical a partir del 10 de marzo de 1952 y se reafirmó más desde la preparación y el ataque al cuartel Moncada aquel 26 de Julio.(2)

Sesenta años después, si contemplamos el yate Granma, mueve a asombro que se pusiera en marcha bajo aquel peso –tres veces superior al habitual para este tipo de nave- (armas, municiones y provisiones para el viaje de 82 personas a bordo) el riesgo de hundirse en el mar y la posibilidad real de que fueran apresados durante la navegación por guardacostas mexicanos o descubiertos al bordear la Isla, por la fuerza aérea o la marina batistianas constituye un desafío ante tales circunstancias.

Como ha expresado Fidel Antonio Orta Pérez, consejero cultural de la embajada cubana en México en ocasión del 60 aniversario de la partida del puerto del yate Granma del puerto de Tuxpan:… aquí partió un sueño que llegó al oriente de Cuba, y aunque pocos días después fue mutilado de manera dramática –de 82 tripulantes del barco, solo sobrevivieron 12, el resto fue fusilado-, ese sueño que se montó en el barco se fue transformando con el tiempo”.(3)

El mejor homenaje, en el tiempo, es preservar nuestra historia, memoria común, y trasmitirla a las nuevas y venideras generaciones de cubanos como trascendente clase de ética, valores y principios de una causa por la Patria, que guarda en su tierra los restos de miles de sus mejores hijos e hijas en aras de la independencia alcanzada.

Tomado de: Radio Habana Cuba