Antes, la dictadura de los Somoza perseguía, acusaba, echaba preso y torturaba a los que mantuvieran cualquier contacto con la Unión Soviética, intolerancia que luego fue extendida a Cuba. Pero ese gobierno obedecía a la política exterior de Washington durante la llamada Guerra Fría, agregándole sus propias fobias e infamias. Eran los días más oscuros que sufría Nicaragua, obligada a encerrarse, a excluirse, a dejar de ser país. Solo éramos un triste patio trasero.

Más que de la antigua URSS, en Nicaragua la mayoría prefirió hablar, en voz baja, de Rusia; en vez de soviéticos o comunistas, la gente se refería a los rusos. Expresar ese gentilicio aquí, en aquellos tiempos, era perseguible de oficio. La patria de Gorki y Tolstói únicamente se podía pronunciar en la clandestinidad.

Por lo visto, el rústico espíritu provinciano que marcó el atraso colonial de Nicaragua –mezclado con aquella política reaccionaria ultramontana– no se extinguió, sino que está ahí, como dicen, “vivito y coleando”.

Hasta el año del Señor, 2016, cualquier ciudadano decente pensaría que esos fatales días de la Historia Nacional habían sido superados, pero he aquí que la dictadura de los Tachos se manifiesta con su propio y singular movimiento de renovación del somocismo: satanizar todo lo que tenga que ver con Rusia.

Moscú para los Somoza, para el somocismo de ayer y hoy, incluso para la oligarquía del pensamiento conservador, era, es, sinónimo de todo lo peor.

Pese a la caída de la tiranía, el odio, el rechazo, la demonización de Rusia, desgraciadamente, no fueron derrocados. Permanecieron agazapados en los meandros de algunas almas, a la espera de surgir con todo su nefando pasado. La Revolución no bastó para desinfectar, en diez años, lo que la nociva dinastía envenenó durante 45 años.

La anacrónica diatriba que ahora se arroja al país europeo tiene el mismo sello oficial de la Administración Somoza: contra el Oso hay que alinearse con el Tío Sam furioso; “es asunto de geopolítica y geoestrategia”. Todo dentro del vetusto esquema de la Doctrina Monroe, invocado por los Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro del presente para que Nicaragua vuelva a ser república bananera.

Lo increíble del caso es que esa microscópica minoría no acepta que el Secretario de Estado, John Kerry, haya firmado el Acta de Defunción de la atroz política, exactamente hace tres años: “Hoy hemos seleccionado una opción diferente. La era de la Doctrina Monroe se terminó…”.

“La relación que vemos y la que nos esforzamos en mejorar no es una declaración estadounidense, sobre cómo y cuándo intervendrá en los asuntos de otros estados americanos, sino se trata de todos los países viéndose como iguales, compartiendo responsabilidades y cooperando en seguridad y adhesión no a una doctrina, sino a las decisiones que tomamos como socios para promover los valores y los intereses que compartimos”.

Fue precisamente el fundador del Frente Sandinista, Carlos Fonseca, uno de los que experimentó en carne propia el castigo por haber llegado a Kiev, cuando participó en el IV Congreso Mundial de la Juventud y los Estudiantes, del 16 al 24 de agosto en 1957.

El 17 de octubre de ese año fue acusado por el gobierno somocista de viajar a la Unión Soviética.

Cuando retorna a Nicaragua, es capturado por la Oficina de Seguridad Nacional (OSN) en el aeropuerto Las Mercedes, “trayéndome a la Casa Presidencial para interrogarme” (Carlos, el eslabón vital, Instituto de Estudios del Sandinismo, julio de 1985).

Ahora, los apasionados fans de Luis y Anastasio Somoza Debayle quieren que se incrimine a Nicaragua, se le interrogue, sancione e incomunique por sus vínculos con la Federación Rusa, mismos que se mantienen con otras naciones.

Justamente uno de los notables cambios, en la esfera jurídica y del derecho internacional, es que la Constitución de 1987, base de la actual, termina con el nefasto maniqueísmo de dividir al mundo en “eje del bien y eje del mal”. La Tierra solo cuenta con el Eje que Dios le puso, y ahí rotamos todos por igual.

Nuestra Constitución es una formidable Declaración de Paz al planeta. En el capítulo 5 de los Principios de la nación se destaca que “Nicaragua fundamenta sus relaciones internacionales en la amistad, complementariedad y solidaridad entre los pueblos y la reciprocidad entre los Estados. Por tanto, se inhibe y proscribe todo tipo de agresión política, militar, económica, cultural y religiosa, y la intervención en los asuntos internos de otros Estados”.

El Artículo 6 no deja dudas que nuestro país ya no vive la época cuando ultrajaban su dignidad, sus gobiernos eran impuestos y la Legación (norte) Americana dirigía los asuntos públicos y decidía en qué países debían abrirse embajadas: “Nicaragua es un Estado independiente, libre, soberano, unitario e indivisible”.

En consonancia hay un abanico de amistad que va desde Guatemala a Taiwán, de Venezuela a Corea, de España a la Federación Rusa, de Cuba hasta Japón, aunque debo hacer notar que hacen falta algunas de sus aspas principales, como restaurar las relaciones con el Estado de Israel.
Dos ejemplos

Fruto de las relaciones con la diversidad mundial es la planta ruso-nicaragüense. Lejos de ser una fábrica de armas, es de biotecnología: en vez de balas y bombas, “Mechnikov" producirá vacunas para la influenza, amén de otras investigaciones para contrarrestar enfermedades como el sarampión, la hepatitis, la poliomielitis y el zika. Esta Cruzada por la Vida se extenderá a Latinoamérica.

Más al Este, florece la amistad con Corea. Hyunghwan JOO, Ministro de Industria, Comercio y Energía, en su reciente visita dijo al presidente Daniel Ortega: “Usted ha puesto en práctica su política de apertura a la Inversión Extranjera, y gracias a ello también he visto que hay un gran crecimiento económico del país”.

El alto cargo comprobó la estabilidad y seguridad en todos los órdenes: “he visto la calle que tiene un movimiento muy dinámico, y esto es gracias a ese esfuerzo que ha realizado usted, y es un éxito realmente que su trabajo tenga estos resultados. Y creo que fue muy obvio que usted tenía que haber ganado por tercera vez su Mandato en estas Elecciones”.

Más acá, nuestras relaciones con Estados Unidos deben ir en esa línea, de respeto y de cooperación. El comandante Ortega lo expuso en su mensaje de felicitación al Presidente Electo, Donald Trump: “Nos sumamos a quienes creemos que es posible trabajar con los Estados Unidos, para contribuir a un mundo que privilegie diálogo y entendimiento, para atender los graves problemas que afectan a la Humanidad, priorizando la Paz”.

Nuestra Ley Fundamental nos subraya con claridad que somos República, no península ideológica ni política de nadie, menos de hostilidades ajenas.

Nicaragua, por lo tanto, tiene derecho al Mapamundi entero, no al globo terráqueo desinflado del somocismo: sin Cuba, sin China, sin Europa completa, sin Vietnam, sin esperanza…

Nunca olvidemos el Escudo de Nicaragua: nadie, ni adentro, mucho menos afuera, tiene derecho a desterrar de nuestro Símbolo Nacional su espléndido Arcoíris.

Sería un crimen de lesa patria.