I

Hoy el señor Donald Trump se distancia de sus días de candidato y extiende la mano a un mundo hastiado de guerras: “Buscaremos el terreno común, no hostilidad; alianzas, no conflictos”.

Cierto es que el presidente Barack Obama dio un giro a Estados Unidos con el descongelamiento de las relaciones con la República de Cuba, pero se necesitaba cargar de realidad el hermoso simbolismo de izar la bandera de las barras y las estrellas en La Habana. Por eso, el mensaje del señor Trump puede ser ese ventarrón fresco que le hace falta a la política exterior norteamericana.

Pronto a convertirse en el Presidente de la Unión Americana, expone que “vamos a llevarnos bien con todos los otros países que quieren llevarse bien con nosotros. Vamos a tener relaciones fabulosas (…)”.
Esas señales del flamante dirigente de EEUU son esperanzadoras, luego de pasar las páginas de sus expresiones contra México y el famoso muro. Ahora habla el Jefe de Estado que eligió la inmensidad de su país, conforme a su versión de la democracia. Y bien hace en exhortar a la unidad y, demarcándose de los racistas, afirmar que es el Presidente de todos.

Tras su contundente victoria, algunos medios que lo atacaron se apresuran a dibujar un país partido, a como lo hacen con naciones latinoamericanas a las que tratan de destruir su reputación a punta de exageraciones y tergiversaciones.

No obstante, el señor Trump adelantó las coordenadas de su cuatrienio: “Quiero contarle a la comunidad mundial, aunque siempre los intereses de (norte) América vendrán primero, que vamos a tratar justamente a todos. A todas las personas, y a todas las naciones. Vamos a buscar un terreno común, no hostilidad; alianzas, no conflictos”.

A ese mensaje de conciliación, el también Presidente Electo, Comandante Daniel Ortega, respondió por Nicaragua, como parte del concierto de naciones: “Nos sumamos a quienes creemos que es posible trabajar con los Estados Unidos, para contribuir a un Mundo que privilegie Diálogo y Entendimiento, para atender los graves problemas que afectan a la Humanidad, priorizando la Paz”.

Los hechos, la Historia, sostienen estas palabras. Nicaragua, nunca ha malquerido a la nación del Norte. Ni un solo filibustero ha salido de estas tierras para derribar a un gobierno norteamericano. Ningún embajador de Nicaragua ha ocupado la sede diplomática en Washington para conspirar contra la Casa Blanca.

Nuestro país tampoco impulsó una política agresiva que minara la autoridad de ningún Presidente de los Estados Unidos. Sócrates Sandino dijo en 1928: “Mi hermano (Augusto César Sandino) no odia a los Estados Unidos; pero no lo quiere ver entremetido en las cuestiones que son de Nicaragua solamente. Tampoco cree mi hermano en la llamada Doctrina Monroe. Mi hermano cree en la doctrina del eminente argentino Roque Sáenz Peña, que dijo: América para la Humanidad” (Gregorio Selser, El pequeño ejército loco, 1983, p 186).

II

Trump no es el señor aquel que con su verbo amenazaba con un regreso vía exprés a la arrogancia faraónica, para echar por tierra los avances de una nueva generación de políticos representados por el presidente Barack Obama con su histórico acercamiento a la Isla.

Acabada la campaña electoral en los Estados Unidos, el mundo empieza a conocer a quien además de enfrentarse con la derrotada Hillary Clinton, debió hacerlo contra mayores enemigos que la misma candidata demócrata: los poderosos clanes de la prensa, Wall Street y todo el establishment.

Ninguno de estos poderíos apreciaba a Trump por la simple razón de que no ha sido nunca empleado de nadie. Y a sus 70 años, no iba a terminar obedeciendo a los patrones fácticos de la democracia estadounidense. En todo caso, sería un tú-a-tú. Clinton sí iba a ser una subordinada en la planilla del poder que, a cambio, le permitiría hacer gala de sus alas de halcón.

Quien gobernará la mayor potencia en la historia de los efímeros, logró pintar de rojo casi toda la geografía estadounidense precisamente porque lo identificaron con un perfil no muy común en Washington. Clinton personificaba el sistema, sus virtudes y defectos.

Trump venció al imperio mediático, cuyos ecos bananeros se empecinan en manufacturar climas de odios contra los partidos y líderes progresistas de Nuestramérica, publicando falsificaciones, en vez de verdades nacionales.

Fue tanta la feroz campaña dirigida a destruirlo, que muchos cayeron en las trampas de la distorsión.

El empresario Anthony Scaramucci, dijo a la BBC que el problema es que los medios abandonaron todos los estándares periodísticos para sesgar las elecciones a favor de Hillary Clinton. (Algo “natural” en la prensa ultraconservadora de Latinoamérica).

Quizá ahora el empresario extraiga una valiosa lección de esta triste experiencia con los magnates del engaño que imponen su “verdad” a como sea, para moldear atrozmente a una parte de la opinión pública.

Si al empresario inmobiliario lo quisieron destrozar en las portadas y emisiones estelares con despliegues apocalípticos, y hasta acusaron al presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, de “intervenir” en las elecciones norteamericanas, a favor del candidato ganador, ¿qué no harán con naciones pequeñas como Nicaragua?

Aún quedan ahí los coletazos de los encabezados envenenados solo porque el señor Trump no se ajusta a la globalizada línea editorial del extremismo conservador que, por algo, ungió de antemano a Clinton.

III

Al inédito capítulo de una Casa Blanca con el señor Trump, se agrega Mike Pence, el Vicepresidente, cuya presencia en la fórmula electoral convenció a muchos por su confesión nada sibilina de ciertos religiosos: “Soy un cristiano, un conservador y un republicano. En ese orden”.

Por cristiano, en el contexto de los Estados Unidos, se entiende un evangélico opuesto al matrimonio homosexual y al aborto, precisamente dos de los estandartes que exhibía la ex Secretaria de Estado y que, al final del día, no le aportaron la victoria soñada. Feministas radicalizadas que se han extendido en el planeta, lloran ante el fracaso azul.

Viendo al señor Pence y su clara definición “en ese orden”, el mapa humano de Estados Unidos, decidió por sintonía espiritual, respaldarlo. Es así que mucha opinión nociva hacia el candidato Trump fue disolviéndose, algo que las empresas encuestadoras no lograron percibirlo.

Y ocurrió “el milagro” con que la prensa “independiente” ironizaba las “escasas” posibilidades del equipo republicano. Menospreciaron el factor clave de la fe. En los corazones latían otros titulares…
Esperamos mejores tiempos de paz, no de miseria humana. De alturas, no de bajezas. Este es el mensaje de los hombres y mujeres de buena voluntad.