Tanto las campañas para el Senado como para la Cámara de Representantes están muy ligadas a la marcha de la carrera por la Casa Blanca entre el presidente demócrata, Barack Obama, y su adversario conservador, el republicano Mitt Romney.

Los vaivenes, dificultades y desafíos que en los últimos meses han enfrentado ambos aspirantes tienen un impacto considerable en el desempeño de quienes pretenden llegar al Congreso federal.

En el Senado las dos principales agrupaciones políticas se disputarán 33 puestos, mientras la Cámara de Representantes pone en juego sus 435 escaños.

Los diputados electos en la venidera contienda conformarán el 113 Congreso federal, que se estrenará en enero de 2013.

La batalla por el Senado adquiere particular relevancia porque los republicanos quieren recuperar allí la supremacía numérica, donde ahora los demócratas poseen una mayoría de las curules, con 53 a 47.

El partido azul en estas elecciones tiene interés en al menos 23 asientos de dicho cuerpo legislativo, casi el doble de los que defienden los republicanos.

Según el diario The Washington Post, a pocas semanas del sufragio invernal los candidatos demócratas para el Senado alcanzan ventajas estables en intenciones de votos sobre sus oponentes republicanos.

Esto ocurre en Virginia, Massachusetts, Wisconsin, Ohio, Arizona y Florida, todos estados divididos políticamente y con un importante peso electoral.

Si Obama gana la reelección, logra una ventaja superior en el Senado y también reducir la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, entonces tendrá más espacio para llevar adelante sus proyectos de leyes, tradicionalmente boicoteados por la bancada opositora.

Para algunos observadores y analistas, existe entre 50 y 70 por ciento de posibilidades de que el llamado partido del burro mantenga su superioridad numérica en ese cuerpo legislativo respecto a la formación del elefante.

Algunas carreras dependerán de sucesos locales o nacionales de último momento y del impulso que tengan los dos aspirantes a la Oficina Oval.

Un caso típico de los vaivenes en las contiendas parlamentarias está en el estado de Missouri, donde el actual representante a la Cámara y aspirante al Senado, Todd Akin, parecía ser el favorito frente a la senadora demócrata Claire McCaskill.

Pero Akin hizo nefastas declaraciones acerca de que las violaciones "legítimas" contra las mujeres no provocaban embarazos, lo cual suscitó un escándalo y cambió la corriente a favor de McCaskill.

Las encuestas muestran tendencias positivas para los demócratas desde agosto pasado, al parecer debido a las palabras de Akin y a que Romney seleccionó como compañero de fórmula al congresista de Wisconsin, Paul Ryan, una figura hasta entonces poco conocida en la esfera política.

Ambos hechos reforzaron la imagen de los republicanos como muy conservadores en temas sociales.

Otro elemento que revolvió las aguas de la pugna por el Senado fue la revelación de declaraciones de Romney en Florida, donde aseveró que 47 por ciento de los estadounidenses votarán por Obama porque dependen del Gobierno.

Según analistas, este puntillazo puso a los demócratas más cerca de mantener el control de dicho órgano.

El partido rojo domina 241 de los 435 asientos de la Cámara de Representantes y por ley este se renueva de forma total en noviembre, aunque de hecho sólo 60 de ellos se consideran dentro de la competencia.

Los demócratas esperan alcanzar las 25 curules necesarias para tomar el control de ese cuerpo legislativo o al menos luchar por reducir la ventaja que ahora tienen los republicanos, quienes esperan mantener allí su supremacía.

Pero el representante demócrata por Nueva York y presidente del Comité de la Campaña de ese partido en el Congreso, Steve Israel, manifestó cautela sobre el asunto y consideró que "resulta altamente improbable" que sus correligionarios alcancen los asientos deseados.

Lo más factible para el partido de Obama es reducir la ventaja de los republicanos aunque no llegue a ser mayoritario en ese cuerpo legislativo, comentó el diario The Hill, al referirse al alto nivel de influencia de la votación presidencial en la carrera por el órgano parlamentario.

El mandatario y Romney han concentrado sus esfuerzos de campaña en los estados pendulares, pero existen otras demarcaciones también vitales con vistas al control de la Cámara donde es floja la campaña para la presidencia porque se consideran bastiones de uno u otro partido.

De acuerdo con una encuesta reciente del diario tejano The Houston Chronicle, los llamados "estados huérfanos" pudieran ser decisivos para que los demócratas alcancen las curules necesarias a fin de dominar la cámara baja federal.

Ambos partidos están concentrados en 18 carreras legislativas para la Cámara de Representantes, en comarcas donde hay escasa competencia para las presidenciales.

Por otra parte, el papel de los latinos tendrá un peso decisivo en estos comicios parlamentarios, en momentos en que el presidente Obama disfruta del apoyo de casi el 70 por ciento de ese sector, la mayor minoría étnica del país.

Un grupo significativo en el Congreso, el llamado Caucus Hispano, se propone ganar hasta 10 asientos y, de conseguirlo, impulsaría la meta del partido azul por recuperar la prominencia en la Cámara de Representantes, según el diario The Hill. Los republicanos en ese cuerpo parlamentario tienen una docena de candidatos latinos que aspiran a puestos en este ciclo electoral, pero la mayoría de ellos enfrentan actuales congresistas demócratas que son favoritos para ganar su reelección.

En la carrera por el control del Congreso, como sucede con la batalla por la Casa Blanca, todavía no se ha dicho la última palabra.

Los medios de prensa locales y nacionales en Estados Unidos reproducen a diario encuestas que predicen cambios apenas perceptibles en las proporciones cuantitativas de ambos partidos en el Capitolio.

El resultado de la contienda legislativa resulta muy importante para los grupos de presión y las grandes corporaciones norteamericanas, porque allí se decide una buena parte del destino de sus negocios y aspiraciones.

Una encuesta reciente reveló que el 60 por ciento de empresarios y magnates financieros considera que la lid por el dominio del Capitolio influye más que la contienda presidencial en sus planes a mediano y largo plazo.

Por tal motivo, estos sectores poderosos se mueven de forma decisiva, a veces casi imperceptible, a través de grupos de acción política más visibles a nivel local y nacional para contribuir con su dinero y recursos a colocar en el legislativo a quienes mejor sirvan a sus negocios y aspiraciones de poder.