Eran las 7:30 de la noche y las afueras de la casa del ahora tetracampeón mundial de boxeo, Román “Chocolate” González, en el barrio La Esperanza, vibraban de alegría: había música, bailes, fuegos artificiales y una enorme pantalla dispuesta para que su familia y los vecinos pudieron ver la pelea contra el mexicano Carlos Cuadras.

Sentado en una silla, un niño de aproximadamente cinco años miraba fijamente la pantalla. Me pareció curioso. Me acerqué y le pregunté: “¿Sabés quién va a pelear?”. Sonríe y me responde: “Román, El Chocolate”. A pocos pasos una niña un poco mayor, quizá de unos 8 años, ríe en el suelo cada vez que tomo fotos del público. Le hago una pregunta parecida: “¿Quién creés que gane?”, “Pues El Chocolate”, me responde con entusiasmo.

La Esperanza es un barrio popular que tiene como máximo símbolo al mejor boxeador del mundo libra por libra. Y este sábado 10 de septiembre era una fecha especial: “Chocolate” buscaría la corona de las 115 libras del Consejo Mundial de Boxeo ante el mexicano Cuadras, una pelea que todos los expertos decían se inclinaría a favor del pinolero, no sin antes tener que sudar la gota gorda en el Forum Inglewood de Los Ángeles, Estados Unidos.

Crónica de la victoria de un campeón contada desde el barrio que lo vio crecer

A las 8:58 aparece el rostro del campeón en la enorme pantalla y los gritos y aplausos se mezclan con las palabras del presentador.

Dos minutos después arranca el combate. Ambos campeones ya se han estudiado previo a la pelea y por tanto no hay más que empezar a intercambiar golpes. Veinte segundos antes de que termine el round el nica da un fuerte golpeteo a la humanidad del mexicano, pero finalmente suena la campana y cada quien debe volver a su esquina.

El segundo round no fue menos intenso ante los golpes del nica y las fallas de Cuadras, quien a pesar de ir siempre hacia adelante no lograba dar un golpe contundente.

Crónica de la victoria de un campeón contada desde el barrio que lo vio crecer

Ya en el tercero reinó el silencio. Todo parecía parejo, hasta que en el cuarto hay una explosión de gritos y los aficionados empiezan a pedir el nocaut, pero éste se esfuma nuevamente ante el sonar de la campana.

En el quinto las miradas clavadas en la pantalla solo pudieron ser interrumpidas por un abucheo a Cuadras, quien quiso hacer una de sus payasadas ante un “Chocolate” poco dado a esos espectáculos. Luego de ello el nica hizo una arremetida en la humanidad del mexicano que volvió a despertar el entusiasmo de sus vecinos.

Cuando corría un minuto con cuarenta y un segundos del sexto round, la cámara hace un acercamiento al rostro del pinolero y un ¡¡¡¡¡AHHHHHH!!!!! se atora en la garganta: un hilo de sangre empieza a brotar por los pómulos del campeón. Nadie quiere decir nada. En la cara de doña Lilliam Luna, su progenitora, se nota la preocupación. Veinte segundos antes del final del round vuelve la alegría ante un combinado de “El Chocolate”, pero éste se apaga 15 segundos después cuando el azteca deja ir una tanda de golpes al rostro mal herido del nicaragüense.

Crónica de la victoria de un campeón contada desde el barrio que lo vio crecer

En el round siete todo mundo se reanima, no obstante, el mexicano está demostrando que no es un hueso fácil de roer. El narrador de la televisión nicaragüense, el vicealcalde de Managua y experimentado comentarista deportivo Enrique Armas, considera que tal dificultad debe obligar a González a noquear a su rival. La cara de niños, jóvenes, adultos y ancianos parecen aprobar las palabras del cronista deportivo.

En el octavo y noveno round ya estaba claro que la cosa estaba cada vez peor para el pinolero, sin embargo, poco antes de finalizar este último asalto otro grito de entusiasmo inunda el ambiente: el narrador anuncia que Cuadras también está "cortado".

El décimo y onceavo fueron round de avemarías y padresnuestros. Indudablemente González nunca había enfrentado un rival tan fuerte, que además de demostrar pegada parece una máquina incansable para huir y tirar golpes.

Crónica de la victoria de un campeón contada desde el barrio que lo vio crecer

En el round 12 “El Chocolate” entró con todo, aunque el mexicano no se amedrentó y ambos púgiles intercambiaron golpes hasta el último segundo cuando la campaña anunció el final de la pelea.

Los minutos que siguieron fueron de expectación. Cuadras lucía un rostro sonriente y aparentemente sin mucho daño; al contrario, González había sufrido bastante: tenía los pómulos hinchados y cortados. El narrador ya había aclarado que eran cabezazos del mexicano, pero aún así cundía el pánico.

Momentos después tocó la lectura de las tarjetas: Los jueces reconocieron la victoria de “El Chocolate”, y en La Esperanza todo mundo empezó a abrazarse, a festejar y a llorar de alegría. Doña Lilliam brincaba y se abrazaba a sus parientes y vecinos. Su hijo se había convertido indiscutiblemente en la más grande gloria deportiva de Nicaragua al ganar su cuarta corona de boxeo.

Crónica de la victoria de un campeón contada desde el barrio que lo vio crecer

“Estaba un poco nerviosa”, afirmó.

“Nunca me imaginé que le iban a partir (el rostro)”, dijo esta madre, quien a pesar de todo está consciente que son riesgos que debe enfrentar todo boxeador.

“Yo se lo puse en las manos de Dios que iba a ganar Román, y así fue”, destacó con una sonrisa.

Todos están conscientes que si González ganaba no estaba obteniendo solo un logro personal, sino más bien una victoria para toda Nicaragua.

“Alexis (Argüello) fue una gran gloria para Nicaragua, pero El Chocolate ya lo está superando con esta cuarta corona. Fue una pelea muy difícil, pero sus golpes fueron más contundentes que los que pegó Cuadras”, opinó el señor Julio César Núñez.

Muchos de los concurrentes a la casa de "El Chocolate" sufrieron durante todo el combate, ya que estaban acostumbrados a ver cómo el pinolero despachaba en pocos round a sus rivales, a diferencia de esta pelea, que les pareció una eternidad.

“Yo temblaba al ver la pelea. A mí me daba pesar verle el ojo cómo lo tenía, pero usted sabe que es su trabajo y tenía que ganar y traer esa corona a Nicaragua”, indicó Martha Gaitán, una de las vecinas.

Cuando me alejé de la casa del campeón, y viendo el entusiasmo de todo un barrio multiplicado en cada uno los barrios y comunidades del país, no pude más que pensar en cómo son noches históricas como éstas, las que nos erizan la piel en franco Orgullo de Ser Nicaragüenses, por Gracia de Dios.