En un contexto de amenaza terrorista, la prohibición del burkini en localidades francesas deviene la muestra más mediática de un sentimiento de alarma ante el extremismo islamista, un veto que para muchos es, también, otra forma de extremismo.

La polémica en torno a ese traje de baño usado por algunas mujeres musulmanas, que protagoniza los titulares de la prensa gala en este verano, se antoja reflejo de un país impactado por ataques radicales, en el cual una parte de la sociedad intenta blindarse ante cualquier riesgo.

En esa circunstancia se corre otro riesgo, el de caer en el extremo de asociar todo signo del Islam con el peligro terrorista, tal como alertan algunos políticos, representantes de la fe musulmana o actores de la sociedad civil.

En el caso del burkini, más de 30 alcaldías de ciudades costeras lo prohibieron en las últimas semanas por considerarlo un peligro potencial que puede causar problemas del orden.

Ello ocurre poco después de los dos atentados en julio en las ciudades de Niza y Saint-Étienne-du-Rouvray, cometidos por atacantes radicales.

Frente a la situación, el presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán, Anouar Kbibech, sostuvo que 'lo que mató en Niza no fue el burkini, fue el terrorismo', en un intento de alertar contra 'la estigmatización' que gana terreno en ciertos sectores.

El Consejo de Estado, principal órgano de jurisdicción administrativa en el país, emitió ayer su veredicto sobre el tema, al responder a una demanda referida específicamente a la prohibición del burkini en el municipio de Villeneuve-Loubet.

Según la entidad, ningún elemento apunta a la existencia de riegos de problemas del orden a causa del uso de esa prenda por parte de algunas personas.

'En ausencia de esos riesgos, el alcalde no podía tomar la medida de prohibir el acceso a la playa o el baño' a quienes llevaran el vestuario, agregó el texto, que se espera siente jurisprudencia para todas las localidades involucradas en el veto.

Sin embargo, tal fallo no tuvo el efecto deseado de apaciguar ánimos, sino que muchos alcaldes se negaron a acatarlo y diputados de la derecha y la ultraderecha anunciaron de inmediato su intención de promover una ley sobre el tema.

El propio primer ministro, Manuel Valls, opinó al respecto en su cuenta de la red social Facebook que el fallo del Consejo de Estado 'no pone fin al debate abierto en nuestra sociedad sobre la cuestión del burkini. Ese debate no es trivial'.

El jefe de Gobierno alude a una cuestión central en esta tensa polémica, pues muchos se preguntan, sobre todo más allá del hexágono: ¿acaso es importante dedicar tiempo y esfuerzo a debatir sobre un traje de baño?

Ciertamente el tema podría parecer insignificante, no obstante, algunos elementos apuntan lo contrario, como que en Francia viven unos cinco millones de fieles del Islam, la principal comunidad musulmana de Europa.

Otro elemento es que la discusión sobre el vestuario de las féminas musulmanas no es nuevo, sino que tiene una historia de varias décadas de tensiones en una nación que promueve el respeto a la libertad de expresión y de religión, pero el mismo tiempo intenta defender sus principios republicanos y rechaza todo lo que pueda considerarse un peligro en ese sentido.

Sobre el asunto, la ministra de Derechos de las Mujeres, Laurence Rossignol, enfatizó que el problema no está en el mero hecho de ir a la playa vestida de pies a cabeza, sino que se trata de un debate más profundo relacionado con la obligación de las mujeres musulmanas de llevar velos para ocultar su belleza y sensualidad.

'El burkini es la versión de playa del burka, es la misma lógica: encerrar, disimular el cuerpo de la mujer para controlarla mejor. Detrás de ello, hay una visión profundamente arcaica del lugar de las mujeres en la sociedad y de las relaciones entre los hombres y las mujeres', opinó.

Pese a reconocer el desacuerdo con esas costumbres, la titular estimó que tales manifestaciones no pueden ser enfrentadas con prohibiciones, quebrando el derecho, o instrumentalizando el debate con fines políticos.

Según la ministra, se percibe cierta voluntad de 'hacer del islam un asunto político y de instrumentalizar el debate en las campañas por venir', en una alusión a las venideras disputas electorales con vistas a las presidenciales de 2017.

De cara a ese escenario, Rossignol advirtió del peligro de identificar burkini y terrorismo: 'Eso no aporta nada. Proceder por amalgamas nunca es útil'.