Cuando el 22 de agosto de 1978 el Comando Rigoberto López Pérez se tomó el Palacio Nacional, Managua no era más que “un pueblón”, pero un pueblón tenebroso donde ser joven o ser contrario a la dictadura eran un delito penado con la cárcel o la muerte.

Managua es una ciudad abierta a los Nuevos Tiempos

Sin embargo, 38 años después de aquel peligroso operativo que catapultó al Frente Sandinista a las primeras planas de los principales diarios del mundo, esos guerrilleros son testigos de una Managua diferente, una Managua donde no reina el miedo, donde niños y jóvenes pueden correr y jugar libremente, y donde familias enteras caminan sonrientes ante el nuevo rostro que poco a poco va tomando la Novia del Xolotlán.

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Los miembros del comando y sus familiares recorrieron los diferentes atractivos turísticos construidos o rehabilitados por el Gobierno Sandinista, en alianza con la Alcaldía de Managua, en estos últimos años, y se sintieron admirados al ver que aquella Managua en la que entraron aquel 22 de agosto sólo existe como una “película de terror”.

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“Estos eran unos campos prácticamente olvidados“, indicó Porfirio Jalina, refiriéndose al Paseo Xolotlán, al Paseo del Estudiante, a la nueva Plaza 22 de Agosto, a la remodelada Plaza de la Revolución, el Puerto Salvador Allende y a la Avenida de Bolívar a Chávez.

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Para Jalina, estos son motivos para que el pueblo ratifique el modelo de gobierno que hay en Nicaragua.

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“En estas fiestas cívicas que se aproximan hay que votar masivo para demostrar que tenemos un gobierno que se está preocupando por Nicaragua, y darle el respaldo que se necesita, para que ellos sigan construyendo y ver Managua súper mejor que ahora”, indicó este viejo guerrillero.

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Conmovedor fue ver a José Hermégenes Hernández junto a sus nietos recorriendo el Paseo Xolotlán. Cuando él se tomó el Palacio tenía apenas 17 años y su infancia fue completamente diferente a la de su nieto, su infancia transcurrió en Monimbó, Masaya, donde la guardia recurrentemente llegaba a realizar operativos contra la siempre insurrecta comunidad indígena.

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“Hoy andamos disfrutando de esta belleza con nuestros nietos, con nuestros hijos, y eso es bien bonito, porque no solamente nuestros nietos y nuestros hijos están viendo (estos cambios)”, manifestó.

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Hernández saludó la monumental obra del Gobierno Sandinista, aunque subrayó que esta es una Revolución que sigue adelante, y que depende del pueblo y la juventud que así sea.

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El Comandante Edén Pastora, el legendario Comandante Cero, quien lideró al resto de jóvenes guerrilleros en el operativo, resaltó que Daniel y Rosario cuando regresaron al poder tenían una visión estratégica para la ciudad de Managua.

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“Managua era la única ciudad en Centroamérica y en el mundo donde el pueblo no tenía dónde ir los fines de semana”, indicó.

“Cuando nosotros nos tomamos el Palacio, Managua era un pueblón, Managua era una ciudad de obreros y campesinos que casi los veían como delincuentes comunes”, subrayó Pastora mientras se paseaba con sus compañeros de lucha, ya no en ese pueblo, sino en una ciudad abierta a los Nuevos Tiempos.